Por una Patria Justa, Libre y Soberana

Una Patria Justa, Libre y Soberana - 17 de octubre de 1945 - 17 de octubre de 2015 - Día de la Lealtad - Setenta años

martes, 19 de junio de 2012

¿La culpa es de los Griegos?

Grecia y Argentina comparten algo más que los colores
Los que intuyen que hay varios elementos de semejanza entre la situación que hoy atraviesa Grecia y la existente en la Argentina en las décadas previas al 2003 no están equivocados.
En ambos casos se trata esencialmente de una situación provocada por la renuncia de los respectivos países a una parte de su soberanía, en este caso, la monetaria y financiera, sin obtener a cambio las contrapartidas necesarias.

Cuando se renuncia, se lo hace ante alguien o algo, puede ser el FMI o el BCE, puede ser Ronald Reagan, Margaret Thatcher o Angela Merkel, da igual. Si ese otro, frente al cual se renuncia, no está dispuesto a sacarte de los problemas en los que te meterá ese pacto desigual, estás jodido.

Por supuesto que el pedido de renuncia viene acompañado por un dulce visible y otros condicionantes mucho más reservados. El dulce es el flujo de dinero que entra al país renunciante. La apertura del mercado y ese flujo aumentan el consumo y la sensación de bienestar. Los pactos secretos permiten que unos pocos realicen en muy corto tiempo ganancias extraordinarias.

Durante un período de tiempo más o menos variable todos contentos y nadie parece atender a la letra pequeña del contrato. Se crea lo que se denomina eufemísticamente "una burbuja", naturalmente destinada a estallar como sucede con las pompas de jabón.

Cuando eso pasó, tanto a Grecia como a la Argentina, los poderosos impulsores del contrato de renuncia les bajaron el pulgar, los condenaron por derrochadores y poco trabajadores, los acusaron de querer vivir por encima de sus posibilidades y a expensas de ellos. Los conminaron a vivir en la realidad, a bajar violenta y drásticamente su nivel de vida, solo para pagar lo que a todas luces ya se había vuelto impagable.

Una comunidad de desiguales -y las comunidades reales siempre lo son- requiere, para sostenerse en el tiempo, de la solidaridad, del esfuerzo y los beneficios compartidos. Justamente al contrario de la dirección que ha tomado el mundo moderno pos industrial, de un liberalismo y un egoísmo social exacerbados. Jubilación, salud y educación privadas, el mercado rigiendo la vida cotidiana de las personas y el que no puede se jode, queda fuera. ¿Y el Estado de Bienestar?. Una rémora del pasado dirigista y populista que se debe desmantelar para que todos podamos ser felices y gozar de las libertades del mercado sin interferencias indeseables del Estado. ¡Ja!

Pasa en nuestro país donde las jurisdicciones más ricas deben poner proporcionalmente más para que las menos favorecidas estén mejor. Si esto no ocurre existe nominalmente un país, pero no lo es en la realidad. Es más argentino alguien que nace y vive en Buenos Aires que el que lo hace en San Salvador de Jujuy. Y esto es inadmisible, requiere entonces de correctivos que limiten la libertad de los mercados, le metan la mano en el bolsillo a los que más tienen y repartan el producto general mejor, con más justicia, de lo que lo hace el propio mercado librado a sus reglas insolidarias.

Naturalmente que en este mundo en el que ser socialmente egoísta está naturalizado pero aún es moralmente condenable, se está dispuesto a poner algo del mucho dinero que se tiene en colectas de beneficencia pero no se está dispuesto a pagar impuestos o que te reajusten a la suba uno de ellos aunque la suba sea insignificante, ya que sienta un precedente.

Es más en nuestro caso particular de la Argentina no importa que te lo suban si lo hace un amigo, alguien que piensa como vos, que está de tu lado, pero ¡guay! si el que lo sube, lo hace para repartir. Eso no, eso no se tolera. Doble, triple, cuádruple moral. No se sostiene. Esa actitud insolidaria no se sostiene por ningún lado, ni racional ni moral.

Si se mira el panorama europeo se ve que ocurren cosas similares. En Grecia "ganaron los buenos" entonces los que hasta antes de ayer decían "aquí no se renegocia nada" parecen dispuestos ahora a relajar las condiciones que les imponen a los griegos para "salvarlos" del abismo. Tamaña hipocresía.

Paul Krugman da en la diana cuando señala que la causa de la crisis actual europea no es financiera ni tampoco económica, que el origen y la solución se encuentran en la política.
Señala que la respuesta de Europa tiene que ser más unidad, no solo monetaria sino también política. Que la unidad monetaria aislada es una trampa mortal de la cual se sale con una decisión política.
Krugman llama a los europeos a dejar de hacer juicios morales, que por otro lado son falsos o cuando menos distractivos, para concentrarse en resolver de una vez por todas la tarea pendiente de la unidad política. Una sola moneda pero también un solo Estado, federal por supuesto, tal vez una unidad de Estados con una única autoridad que garantice que todos sus miembros pueden gozar de la paz y de la prosperidad que, por ahora, solo está reservada a unos pocos privilegiados. Tal como van las cosas, se va en los hechos hacia una caricatura de estado europeo construido sobre la base de la subordinación y no de la solidaridad.

La víctima griega
Por Paul Krugman (extracto)

Desde que Grecia cayó en picado, hemos oído hablar mucho de lo que no va bien en todo lo que sea griego. Algunas de las acusaciones son ciertas, y otras son falsas, pero todas ellas son irrelevantes. Sí, existen importantes fallos en la economía griega, en su política, y, sin duda alguna, en su sociedad. Pero estos fallos no son los que causaron la crisis que está desgarrando a Grecia, y que amenaza con extenderse por Europa.

No, los orígenes del desastre se encuentran más al norte, en Bruselas, Fráncfort y Berlín, donde las autoridades crearon un sistema monetario profundamente defectuoso -y quizás abocado a morir- y luego agravaron los problemas de ese sistema sustituyendo el análisis por las lecciones de moral. Y la solución a la crisis, si es que existe alguna, tendrá que llegar de los mismos lugares.

...Hace 15 años, Grecia no era un paraíso, pero tampoco estaba en crisis. El desempleo era elevado pero no era catastrófico, y el país más o menos se valía por sí mismo en los mercados mundiales, ya que ganaba lo bastante con las exportaciones, el turismo, los barcos y otras fuentes como para pagar más o menos sus importaciones.

Luego Grecia se incorporó al euro, y sucedió algo terrible: la gente empezó a creer que era un lugar seguro para invertir. Entró dinero extranjero en Grecia, una parte de él, pero no todo, para financiar los déficits del Gobierno; la economía se aceleró; la inflación aumentó; y Grecia perdió cada vez más competitividad. Sin lugar a dudas, los griegos despilfarraron mucho, si no la mayor parte, del dinero que entraba a raudales, pero también es verdad que todos los que quedaron atrapados en la burbuja del euro hicieron lo mismo.

Y luego estalló la burbuja, y en ese momento, los fallos esenciales de todo el sistema del euro se hicieron demasiado evidentes.

Pregúntense por qué la zona dólar -también conocida como Estados Unidos de América- funciona más o menos, sin las graves crisis regionales que afligen ahora a Europa. La respuesta es que tenemos un Gobierno central fuerte, y las actividades de este Gobierno proporcionan a todos los efectos rescates automáticos a los Estados que se meten en problemas.

...Por eso Grecia, aunque no exenta de culpa, se encuentra en apuros principalmente debido a la arrogancia de las autoridades europeas, en su mayoría procedentes de países más ricos, que se convencieron de que podrían hacer que funcionase una moneda única sin un Gobierno único. Y estas mismas autoridades han empeorado la situación al insistir, a pesar de las pruebas, en que todos los problemas de la moneda estaban causados por el comportamiento irresponsable de esos europeos del sur, y que todo funcionaría si la gente estuviera dispuesta a sufrir un poco más.

...La única forma en la que el euro podría -podría- salvarse es si los alemanes y el Banco Central Europeo se dan cuenta de que son ellos los que tienen que cambiar su comportamiento, gastar más y, sí, aceptar una inflación más elevada. Si no, bueno, pues Grecia pasará a la historia como la víctima del orgullo desmedido de otros países. (Completo, acá)

Comentarios finales:

Cuando Paul Krugman habla de la "zona dólar" se refiere exclusivamente a los EEUU y olvida tener en cuenta que, en realidad, varios países de américa latina han establecido una alianza estratégica con los EEUU, en particular lo ha hecho México. No se percibe que el gobierno estadounidense acuda en ayuda de sus socios latinoamericanos como lo hace con los Estados que conforman la Unión. Tal vez los electores estadounidenses no estarían de acuerdo que su propio país aplicara las recetas de Krugman. No obstante esta dificultad nada despreciable su análisis y conclusiones siguen siendo muy interesantes.

bastadeodio                                                                 

2 comentarios:

  1. Muy bueno Profe!!!! Coincido con el comentario final.

    No sé si, en la “zona dólar” funciona realmente tan sincronizado, no hablo de los que están más allá de la muralla, sino dentro de los estados que conforman la Unión. En líneas generales tal vez sí pero si hilamos fino, vemos que algunos estados son más iguales que otros. En aquellos que predomina población latina o negra, la ayuda se hace esperar… sino que lo desmientan las víctimas del huracán Katrina, y ya pasaron unos siete años…
    El orden impuesto se basa en la explotación del otro. Tomemos zonas, países, sociedades, individuos…
    ¿Te acordas de la canción? ¿Es de César Isella?
    “Hay que dar vuelta el viento como la taba, el que no cambia todo, no cambia nada”
    Abrazo Profe

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    1. Tal cual Hilda, ese comentario de Krugman no pasa el filtro de la población latina, ellos no pertenecen o lo hacen en los niveles inferiores sociales. En realidad sus recomendaciones a los europeos suenan bien pero son tremendamente idealistas como si los sistemas políticos pudieses ser separados de los intereses y las relaciones de poder. En fin, me interesó el hecho de que no hay unidad política sin inclusión. Un abrazo.

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