Por una Patria Justa, Libre y Soberana

Una Patria Justa, Libre y Soberana - 17 de octubre de 1945 - 17 de octubre de 2015 - Día de la Lealtad - Setenta años

martes, 9 de octubre de 2012

QUÉ VIVAN LOS ESTUDIANTES!!!

Impresionado. Emocionado. Orgulloso. Admirado.

Tengo treinta años como trabajador docente en varios niveles de la educación -con excepción de la escuela primaria- y debo decir que estoy absolutamente impresionado del nivel de conciencia y la educación de nuestros estudiantes de la escuela pública y gratuita.
Los estudiantes se han comportado tan correctamente que su protesta masiva y organizada, impresionante, ha pasado casi desapercibida para el público.

Entiendo que, como involucra al gobierno del PRO, haya recibido muy poca repercusión por parte de la cadena monopólica como una muestra más de la protección mediática de la que goza Macri. Sin embargo es imposible no reparar en su trascendencia.

El comportamiento de estos días es la necesaria consecuencia de una evolución, de una maduración que ha superado todas mis expectativas personales y pienso que a muchas personas, docentes o no, les deberá pasar lo mismo.
Han enfrentado al autoritarismo reiterado de las autoridades educativas macristas con una moderación y una altura impresionantes. Apelando al diálogo y la argumentación, conscientes de su fuerza y de tener la razón de su parte.

Sin duda la oportuna intervención de la juez Liberatori allanó el camino obligando al ministro Bullrich a aceptar un diálogo que de otra forma seguramente no se hubiera producido debido a una sesgada, errónea y anacrónica concepción de lo que representa la autoridad por parte de la derecha de nuestro país.

El diálogo concretado en el juzgado mostró en primer lugar la madurez de los más jóvenes y le dio una oportunidad a Bullrich de poder basar su autoridad como cabeza de la educación de la ciudad en algo más importante que la fuerza: en la cooperación y el respeto. Que finalmente lo haga, que de eso no estoy seguro, depende su futuro. De eso si estoy seguro. No hay margen, ni ante los alumnos ni ante la sociedad para que se vuelva atrás e incumpla lo prometido, algo que, con esta gente siempre puede suceder.
En todo caso si ocurre así el resultado será hacer a los estudiantes más fuertes y al gobierno de la ciudad más débil frente a ellos.

La emoción de ver a esos muchachos y chicas ingresar al juzgado, un ámbito que en sí se impone, serios y decididos, preparados para el debate, es imborrable.

Todo el proceso que llevó a la toma de sesenta establecimientos educativos, al debate libre y la participación de miles de jóvenes, es una experiencia de alto significado político y educativo, de compromiso con la educación pública y con la vida.
Porque lo que reclaman es nada más y nada menos que su derecho a participar en las decisiones que afectan a su propio futuro y al de las sucesivas camadas de estudiantes que los seguirán.

Los alumnos reclaman más formación, más materias y no menos. Los técnicos quieren ser técnicos, no bachilleres con un nombre de fantasía, con un título que en la realidad es un papel sin valor. Los que estudian artes, esperan formarse en las artes. No todos quieren ser bachilleres. Reclaman que los nombres de las cosas se correspondan con lo que las cosas son. Que las palabras no se usen para ocultar. Que los programas y los títulos no sean simulacros. Reclaman, en fin, su derecho humano inalienable a recibir una educación de calidad, pública y gratuita que los prepare para ser ciudadanos responsables y para insertarse, mediante un trabajo o la continuidad en los estudios superiores, en la sociedad de los adultos.

Los alumnos se han convertido en los verdaderos y actuales defensores de la escuela pública y en eso están demostrando ser los mejores. Que me disculpen mis colegas, nosotros tenemos y exhibimos compromisos de los que los alumnos carecen y que muchas veces contaminan nuestras posiciones. A pesar de ello los docentes de la escuela pública merecemos un reconocimiento, algo tendremos que ver con este resultado final. Algo tendrán que ver los años de democracia. Algo tendrán que ver estos últimos nueve años de reconstrucción de la confianza en el valor de la política.

Lo que ha sucedido en las aulas de la ciudad de Buenos Aires y que se repite en innumerables ámbitos educativos de todo el país es una prueba irrefutable de la falsedad de las mediciones de algunos expertos que hablan de una caída en la calidad de la educación de nuestro país. En el mejor de los casos, descontando la honestidad de los investigadores, el problema seguramente debe estar en los instrumentos que se diseñan para medirla, que no tienen en cuenta a fenómenos como el que estamos viviendo como indicadores de la madurez de los estudiantes, de sus capacidades cognitivas y de sus habilidades concretas.

Finalmente, cabe constatar que a estos alumnos no hay agrupación política que pueda engañarlos o manipularlos. Todas las pavadas que hemos escuchado en estos días acerca de la manipulación partidista de nuestros jóvenes es simplemente eso, paparruchadas propias de políticos mal informados y peor intencionados.

El espíritu del Eternauta vive en las aulas de nuestros secundarios públicos y gratuitos y ningún decreto ni 0800-buchón podrán con él.

Ayer sábado 6, los alumnos reunidos en asamblea decidieron rechazar la propuesta del ministro Bullrich tal y como fue formulada y resolvieron presentar una contra propuesta que pretende garantizar que las jornadas a realizarse el año próximo en las que se debatirán los cambios curriculares sean "vinculantes, democráticas, participativas y resolutivas". Evidentemente los "chicos" conocen al paño con el que deben lidiar.

El mundo está, como ha ocurrido en otras épocas cruciales, atravesado por una demanda de participación política que parte fundamentalmente de los jóvenes. Las cosas evidentemente no están bien en el mundo construido por los adultos y los jóvenes reclaman el derecho a participar, a tener opinión sobre como deben ser las cosas y ser escuchados. Mejor que se lo haga, por el bien de todos, lo peor que puede sucedernos es que se les niegue la escucha, que se les impida hablar, que se los reprima. Lo estamos viendo. Es una reacción de defensa ciega de un sistema mundial que se cae a pedazos, que crea problemas en vez de solucionarlos y que en el proceso se carga literalmente a mucha gente, los jóvenes reaccionan, se indignan, ¿qué mejor cosa podría pasarnos?.

bastadeodio                                                                   

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