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viernes, 7 de noviembre de 2014

Recordando el 9N: Putin es feo, sucio y malo

¿Qué es la nueva guerra híbrida entre Rusia y Occidente? se pregunta, inocente, en el titular de un artículo de hoy el diario La Nación que reproduce el original de la BBC firmado por Bridget Kendall, la corresponsal de asuntos internacionales de la cadena británica.

El artículo en cuestión se limita a repetir el relato que del regreso de los fríos en las relaciones internacionales fatigan habitualmente las fuentes mediáticas occidentales, pero que se puede leer de dos maneras contrapuestas.

El primero y literal sentido: Rusia, aunque no sea ya la poderosa URSS, el demonio comunista, sigue siendo un peligro para la paz y la libertad logradas por occidente, valores que continuamente ésta trata de socavar. Por supuesto que este relato es simplista y demasiado sesgado, no fue Rusia, ni mucho menos recientemente, quién comenzó la agresión y/o la desestabilización del status quo post soviético. Esa afirmación no resiste el menor análisis.

La verdad de los hechos es generalmente la contraria. Fueron los EEUU y sus principales aliados europeos quienes lo hicieron y el medio fue y es la OTAN. En la propia Europa, lo cual es muy peligroso para los europeos y para el mundo, pero también ocurre en otras regiones muy alejadas de lo que se supone es la zona de actuación original de la alianza. Irak, Afganistán, Libia, Siria, son solo algunos ejemplos de lo que afirmo.

El segundo, que surge muy claro en estas fechas en las que se conmemora la caída del Muro de Berlín y el supuesto fin de la Guerra Fría, hay que leerlo entre líneas, por lo no dicho y a la luz de la evolución posterior de la Federación Rusa.

Luego del descalabro de la URSS y de serias convulsiones internas e intentos de desintegración, el oso ruso logró restablecer un nuevo orden político y económico y comenzó a crecer económicamente a tasas chinas. Hoy es una de las potencias económicas emergentes y, además, tiene las mayores reservas estratégicas de energía del planeta. Y lo que es más importante, reclama para sí el derecho a establecer relaciones de mutuo beneficio con cualquier país del mundo. Rusia no acepta un reparto del mundo en zonas de influencia digitado por los EEUU y sus aliados, donde, además, éstos son los que ponen unilateralmente las reglas y las cambian constantemente (Siria, es el último ejemplo). Por supuesto, aunque sea secundario, Rusia continúa siendo una potencia nuclear de primer orden.

Sin embargo, los EEUU no actúan así solo contra Rusia, pretendiendo limitarla y coartar su crecimiento e influencia. También lo hacen con la otra potencia China, lo que a la postre les crea un problema ya que eso los empuja a entenderse y a dejar sus diferencias históricas de lado. El reciente acuerdo energético que le asegura la provisión de gas ruso a China es un ejemplo de ello.
También lo son los intentos por parte de los EEUU de bajar el precio del crudo que están dirigidos primariamente a perjudicar a Rusia pero que, paradójicamente, benefician a China que ve disminuida su factura energética.

También lo hacen de forma abierta o solapada contra cualquier país del planeta pequeño o grande que se rebele ante sus pretensiones de hegemonía. En realidad actúan como si los países, sus fronteras, sus culturas y sus gentes, fueran solo objetos turísticos en el escaparate del consumo y no entidades con derechos.

A modo de conclusión. La caída del muro y los acontecimientos posteriores fueron un posible punto de partida para crear un mundo más pacífico, más igualitario y más justo. Sin embargo, se convirtió en la gran oportunidad perdida. ¿Porqué, a causa de qué y de quién?.

Voy a dejar que la respuesta la de alguien insospechado de parcialidad a favor de Rusia. Un español que perteneció a la UCD, alguien de centro derecha pero con una visión independiente de la situación internacional y mucha experiencia. Federico Mayor Zaragoza, dice:

"En 1989 todo clamaba paz, todo clamaba cambio. Junto a la inusitada transformación de la Unión Soviética, la magistral lección del presidente Nelson Mandela, que, después de 27 años de cautiverio, fue capaz, con su política de conciliación y brazos abiertos, terminar en muy poco tiempo el atroz racismo del apartheid. Culminaba con éxito el proceso de paz en Mozambique. Y en El Salvador, otro punto de referencia, porque hoy es presidente constitucional del país el líder del Frente Insurgente Farabundo Martí, Salvador Sánchez Cerén. Y, en Costa Rica, tenía el honor, como director general de la Unesco y a instancias del secretario general, Javier Pérez de Cuéllar, de reiniciar el proceso de paz en Guatemala, comenzado por el presidente de los Acuerdos de Esquipulas, Vinicio Cerezo…

Todo clamaba conciliación y nuevos rumbos. La re-unión de las “dos Alemanias” hubiera debido ser motivo de reflexión. Pero los neoliberales, en lugar de fomentar encuentros y acuerdos con los protagonistas del 9-N, siguieron imperturbables los designios de su ambición.

Deseo que se rectifiquen ahora con firmeza las actitudes que entonces erosionaron progresivamente la democracia en favor de la plutocracia, dejando en muy pocas manos las riendas del destino de la humanidad.

Pero, muy pronto, será el poder ciudadano el que prevalecerá. Por primera vez en la historia, los seres humanos pueden por fin expresarse libremente, conocen lo que sucede en el mundo en su conjunto y cuentan progresivamente con la participación femenina, piedra angular del “nuevo comienzo”. Será la democracia y no la plutocracia, una democracia genuina a escala internacional, regional, local y personal, la que será su fundamento y razón. Deseo muy sinceramente que los efectos que no tuvo el 9-N en 1989, cuando todo clamaba paz y cambio, los tenga a partir de ahora.
"

imagen: la tapa de Time que no fue. Diciembre 31, 2007

bastadeodio                                                                        

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