Fito Páez dice lo que piensa. Lo hace porque piensa y porque sabe que ahora, a diferencia de lo que sucedía cuando gobernaban los militares en retirada, todos -por lo menos aquellos que, como él, tienen la posibilidad material- si quieren, pueden hacerlo. Fito, ahora que, como todos, se ha ganado ese derecho quiere ejercerlo y no quiere que nadie se lo impida o limite, ni a él ni a nadie.
Puede gustar o no lo que dice, lo que es incuestionable es que tiene todo el derecho a expresar lo que piensa sin más límites que la agresión personal y el insulto.
Todos recordamos que sobre Fito ya cayó un intento de acallarlo por medio de una acción judicial promovida por allegados al PRO cuando dijo -luego del triunfo de Macri en las elecciones a jefe de gobierno- aquello de que "me da asco la mitad de Buenos aires". En este blog defendimos su derecho a opinar.
Visto en perspectiva, Fito dijo a su estilo y con sus palabras lo que, por ejemplo, los escribas de La Nación dicen casi todos los días con respecto a los votantes de Cristina. Difieren las palabras, quizás la argumentación, pero no el sentido. En ambos casos se trata de expresiones de disgusto, muy críticas con respecto al comportamiento de una parte del electorado. A nadie le gusta perder y criticar al ganador o intentar menoscabar su triunfo es una conducta esperable en los perdedores. Sin embargo, Fito ni siquiera hizo eso, apenas expresó su disgusto, su rechazo, al fin y al cabo dijo en voz alta lo que muchos sentíamos y decíamos en voz baja.
Efectivamente, no hay diferencia de fondo -desde ese punto de vista comunicacional- entre lo que dijo Fito y afirmar que en su mayoría los votantes de Cristina la eligen por el "voto cuota" o por los planes sociales. Ni hablar cuando en base a ese tipo de argumentos se le pretende negar legitimidad democrática a su gobierno.
Ahora la historia vuelve a repetirse pero la cosa -como corresponde- se puso peor o si se quiere mucho más clara. Entrevistado en un programa radial sobre su actualidad artística, en un momento se dio un intercambio de opiniones con respecto al 0-800 dispuesto por el ministro Bullrich del cual resultó este diálogo entre Fito y el conductor Claudio Villarruel:
–Yo le digo el 0800-Buchón –apuntó el conductor.
–¡Qué buchones! –coincidió Páez–. El domingo transcribieron en Página/12 el diálogo entre la jueza Elena Liberatori y el ministro Bullrich. Me parece que es lapidario eso, no hay armas intelectuales, no hay conocimiento del lenguaje político ni judicial. Me parece muy patético todo este tipo de reacciones de parte de la administración de la Ciudad. (...) Es tan burdo que no sé.... Es gente que... son caretones, no sé qué defienden exactamente. Y no les gusta conectar con los demás, porque nadie puede poner una línea para denunciar cosas que no suceden.
–Y apelan como reflejo a lo peor de esta sociedad.
–Sí. A veces a mí me sale un monster y pienso: “Esta gente en la dictadura hubiera sido buchona, hubiera entregado gente”. Me afloran esas ideas, y de hecho pasó. No quiero pensar así, pero casi que me obligan –concluyó el músico.
Antes de cortar, Páez apuntó contra la figura del jefe de Gobierno porteño. “La verdad que me gustaría que hubiera proyectos inteligentes y debate, pero debatir con gente tan necia... es fuerte”, se quejó. “Establezcamos el piso para nuestra charla: no podés votar a una persona que dice que leyó una novela de Borges, ¡es el intendente de la CABA! No podés votar a una persona que dijo que la homosexualidad es una enfermedad”, recordó sobre Mauricio Macri.
Él, el que quiere convertir -con la ayuda del gurú sri sri Ravi Shankar- a Buenos Aires en "la capital del amor" salió rápido a criticarlo:
“Qué feo. No es el Fito Páez que yo conocí”, dijo el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. Parece que se olvidó del "me dan asco" y de su personal repudio en esa ocasión.
Horacio Rodríguez Larreta, con más memoria, twitteó: “Fito, ¿otra vez?”. Te valoro mucho, como músico sos un genio, pero no entiendo tus descalificaciones permanentes...”
Cristian Ritondo, lo llamó "Bufón de la corte que para ganar un pedazo de pan, o para que lo conchaben en un festival, se presta a recitar de memoria unas líneas para agradar a la reina, aunque lo que esté diciendo sea una ofensa de lesa humanidad”.
Ofensa de lesa humanidad, deliberado o no ese uso bastardo del lenguaje priva de todo significado a la palabra. Confieso que es tan burdo, tan grosero, que no encuentro palabras para calificar lo dicho por Ritondo.
Daniel Lipovetzky fue más lejos no en las palabras pero sí en los hechos, le mandó una carta documento donde lo conmina a rectificarse en el término de 24 horas bajo apercibimiento de iniciar acciones legales en su contra. En los fundamentos asegura que el PRO "constantemente implementa políticas públicas en defensa y promoción de los derechos humanos".
Nadie, ni siquiera Fito, puede ser condenado por dar una opinión. Muchos opinamos y lo decimos, que lo que afirma Lipovetsky simplemente es falso y que si algo caracteriza a la gestión del PRO frente al gobierno de la ciudad es el déficit en políticas sociales inclusivas. Déficit que, por otra parte no se debe simplemente a dificultades de gestión, sino a una política deliberada que apunta a lo cosmético y al manejo punteril y electoralista pero evita ir al fondo del problema de la inclusión social (ver) . En seis años de gestión, por dar un ejemplo, Macri no ha hecho nada por el sur de la ciudad que sigue tan relegado y recibiendo tan poco de atención como cuando se hizo cargo por primera vez del gobierno.
Lo que no se entiende, lo que es inaceptable en democracia, es la pretensión de Macri y de destacados miembros del PRO de que no se los critique públicamente y menos que lo haga una figura que merece el reconocimiento del público, en especial de los jóvenes.
Lo que Ritondo dice de Fito, eso si que es ofensivo. Lo que pretende hacer Lipovetsky es simplemente un disparate sin ningún tipo de fundamento. Evidentemente no escuchó con detenimiento lo dicho por Fito o si lo hizo lo entendió realmente muy mal.
Finalmente está la actitud de los autotitulados medios independientes que resultan defensores de la libertad de expresión siempre y cuando lo que se exprese sea contrario al gobierno nacional y si alguien osa salir en su defensa o critica esta incongruencia en la que caen los medios se lo acusa de mercenario o de intentar coartar la libertad de expresión. En realidad cualquier cosa, real o inventada, les sirve de excusa para afirmar que desde el gobierno se intenta limitar ese derecho.
Sin embargo, que se sepa, nadie ha sido denunciado penalmente por comparar a las juventudes del FPV o de la Tupac Amaru con las juventudes hitlerianas o calificar al gobierno de dictatorial y caricaturizar de forma cruel y burlona a la presidenta y a miembros de su familia. Todas cosas indeseables para muchos y que hieren nuestra sensibilidad, que pasan a diario, pero que forman parte de los usos democráticos actuales y hay que tolerarlas.
Son sorprendentes los del PRO, se mandan flor de C... y en lugar de reconocerlo y rectificar, hacen la del dicho: el C... no se huele y acusan al que avisa.
Si pensaran solo en la ciudad esta táctica de pegar por derecha les ha dado hasta ahora muy buenos resultados, pero esta gente apunta más alto, pretende disputarle el gobierno al oficialismo y las únicas tácticas que han exhibido hasta el momento son la polarización y la victimización. Demasiado poco para enamorar a un electorado que se ha vuelto gracias a este gobierno mucho más exigente.
bastadeodio
Por una Patria Justa, Libre y Soberana
Una Patria Justa, Libre y Soberana - 17 de octubre de 1945 - 17 de octubre de 2015 - Día de la Lealtad - Setenta años
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miércoles, 5 de septiembre de 2012
sábado, 15 de octubre de 2011
Martín Caparrós, un soberbio ignorante
Martín tiene un Blog en el diario El País de Madrid, se llama Pamplinas (muy castizo)
y en el opinó, con motivo del 12 de octubre, sobre la conquista y el uso que "los bienpensantes latinoamericanos" hacen del término "aborigen". Dice el intelectual crítico nacional, inflado hasta casi explotar por la prensa opositora al gobierno y por él mismo:
..."hoy todos feriamos y festejamos sin saber del todo qué: la llegada, parece, de aquellos –casi– hispanos que durante siglos fueron presentados como una bendición hasta que las nuevas historias oficiales los convirtieron en el principio de un desastre."
..."Como, por ejemplo, la relación de los biempensantes latinoamericanos con sus indios. Los llaman, en esta etapa de la culpa, pueblos originarios, que es lo mismo que decir aborígenes pero con un curso menos de latín. Los llaman pueblos originarios, como si hubieran crecido en las ramas de un ombú –o como si la historia no existiera.
Todos llegamos, alguna vez, a América. Los que ahora son originarios llegaron hace quién sabe quince, diez mil años. Y desde entonces fueron cambiando de lugares y poderes: un pueblo ocupaba un espacio, después otro lo sacaba de allí o lo sometía y después otro –como sucede en todas partes, penosamente, siempre. Pero la historia oficial biempensante arma una especie de cuadro ahistórico, idílico, estático en que, alrededor del año 1500, había pueblos originarios casi felices y muy legítimos y consustanciados con sus territorios, y llegaron unos señores malos y pálidos que los corrieron a gorrazos."
...En Argentina, donde todo es más reciente, está muy claro: los mapuches que ahora penan en el sur andino entraron desde Chile a fines del siglo XVIII, y echaron a sus ocupantes anteriores, los tehuelches; entre 1830 y 1875, el coronel neokirchnerista Juan Manuel de Rosas y el general viejoliberal Julio Argentino Roca se lo hicieron a ellos. Pero nada de eso importa mucho en la imagen congelada. La causa de los pueblos originarios se ha convertido en uno de esos lugares comunes que, de tan comunes, eluden cualquier tipo de debate.
El indigenismo, decía uno, es una enfermedad infantil del nacionalismo –y el otro le contestaba que el indigenismo es la versión social del pensamiento ecololó. En una sociedad que está hecha de mezclas, que debe seguir mezclándose para reinventarse, progres claman por la tradición, la pureza, la "autenticidad" de los originarios. Es esa idea conservadora de detener la evolución en un punto pasado: esa idea que cierta izquierda comparte tan bien con la derecha, aunque la apliquen a objetos diferentes.
...Si yo fuera pobre y argentino intentaría ser originario. Los pueblos originarios son una especie protegida: tienen apoyos internacionales, oenegés, programas especiales, buena prensa automática, mientras millones de pobres no tienen casi nada. No digo que los “originarios” no tengan tanto derecho como cualquiera a una vida digna; sí digo que tienen tanto derecho como cualquiera a una vida digna y que, en el triste sistema clientelar en el que viven millones de argentinos, ser aborigen ofrece privilegios particulares producidos por esa mezcla de culpa y corrección política que se conmueve fácil con las historias atroces de la Conquista mientras olvida la marginación cotidiana, constante, de esos muchos millones de cualquieras sin pureza de sangre, misturados, tan poco originales."
Lo que hace Caparrós es vendernos, como si fuese original un lugar común, la expresión de un "sentido común" que ha producido y justificado una inmensa cantidad de dolor y sufrimiento en la humanidad. Intenta convencernos que es "una cosa natural" la imposición del más fuerte sobre el más débil, que tratar de explorar otras posibilidades del pensar y de la acción es cosa de "bienpensantes ecololós" o de "los que quieren detener la historia y parar la evolución" y él no es ni una cosa ni la otra, no está ni en la "izquierda infantil" ni en la "derecha restauradora". El se sitúa, como si existiese, en un justo punto medio, una altura desde la cual el puede mirar con desprecio y aires de superioridad todos los sucesos, los hechos crudos y las interpretaciones en torno a ellos.
Todo el texto destila soberbia y desprecio hacia los intentos por modificar ese "sentido común" tan catastrófico. Es terrible leer: "los pueblos originarios son una especie protegida". Terrible mentira, los originarios, en la Argentina y en el resto de América luchan por sus derechos - y muchas veces dejan su vida en ello- justamente porque no están protegidos y si lo están desde el punto de vista legal, esa protección no se cumple en la práctica.
Y luego el intento de chantaje moral que significa sugerir que los verdaderos "malos" según su lectura de la realidad, son aquellos que se ocupan de proteger una entelequia, algo inexistente, "los pueblos originarios", pero se olvidan a la vez de los otros pobres los comunes y corrientes, los misturados. Más falacias, más mentiras. Buenas para el consumo del español o del argentino medio, lo libera de una culpa, de un peso. Además coincide muy bien con la creencia mayoritaria existente allí, en España para quien escribe Caparrós, que con respecto a la conquista de américa existe una "Leyenda Negra", esta creencia no respeta izquierdas y derechas, allá todos opinan igual. Las palabras de Caparrós los confirman en su cómoda creencia.
Hay que recordarle a Caparrós que el tema que el aborda tan a la ligera, con tanto cinismo de cambalache, es un tema que ocupa toda la segunda mitad del siglo XX. Ya no se discute la historia, ni siquiera las cuestiones antropológicas vinculadas con los conceptos "aborigen", "pueblos originarios" o "pueblos indígenas", o "pueblos tribales" estas cuestiones ya están medianamente resueltas en la legislación y los Tratados Internacionales. Hay acuerdos y éstos no coinciden para nada con las afirmaciones de Caparrós, hechas tan a la ligera. Sintetizando, el debate de las ciencias que son competentes en el tema no apoyan de ninguna manera los dichos del soberbio sino que los refutan.
La discusión hoy pasa centralmente por el tema jurídico. Por la realización concreta y efectiva de los derechos. Esto no se puede dejar de lado o despacharlo con un simple párrafo descalificador y burlón.
Desde el fin de la segunda guerra mundial y como consecuencia de las barbaridades que en ella se cometieron, las Naciones Unidas y otros Organismos Internacionales, como la OIT han producido Declaraciones y Tratados Internacionales que al ser refrendados por los Estados Miembro, tienen efectos legales. Por ejemplo en nuestro país, la Argentina, que a partir del 2003 se ha destacado mundialmente por su defensa de los DDHH, haciéndose cargo como Estado de los hechos del pasado, para revisarlos y hacer justicia con los afectados y sus descendientes, el tema alcanza otra dimensión ya que los tratados son incorporados a nuestra Constitución en la reforma de 1994. Caparrós no lo puede ignorar, no puede hacer lo que hacen lamentablemente algunos jueces que los dejan de lado por considerarlos "recomendaciones no operativas". Estos tratados al tener jerarquía constitucional están por encima de la legislación nacional o provincial y deben ser incorporados de manera efectiva a la practica cotidiana de la justicia.
Aunque Caparrós no lo perciba hay un cambio de época en relación a la vigencia de los DDHH, aunque por supuesto eso no implica que estos no sean violados. Lo son pero hoy existe la posibilidad de denunciar y de juzgar esas violaciones, incluso mediante un Tribunal Penal Internacional, si los Estados signatarios que las cometen deniegan el acceso a la justicia de las víctimas. Algo de lo cual los originarios del siglo XV no disponían. El mundo y su conciencia evolucionan, señor Caparrós.
En todo el escrito de Caparrós sobrevuela la idea de que la historia responde a una ley natural similar a la que se impone sobre las cosas inanimadas. Ese es un pensamiento que atrasa doscientos años, es el pensamiento del colonizador, del depredador situado en la cúspide de la pirámide. Es el pensamiento que el califica de "derecha", el que supone que se puede detener la historia, que se puede congelar el pensamiento y la voluntad en un modo particular de ver el mundo. La historia humana, la historia de las sociedades humanas es la historia de la lucha de la voluntad humana y de los cambios operados en los marcos generales, los paradigmas, con los que el ser humano se planta frente a la naturaleza y a sí mismo.
El mundo humano conformado por las diferencias raciales, culturales y de todo tipo es un mundo mucho más rico, diverso y capaz de sobrevivir que el mundo plano, de asimilación, donde todos son obligados a ser "iguales" aunque sean diferentes, que nos propone Caparrós como lo dado, lo natural.
El tema cobró difusión a partir de un comentario en radio continental sobre la nota del Blog Pamplinas, que a su vez mereció una respuesta de Felipe Pigna, que no había leído la nota, pero la criticó por el mismo medio. El "debate" fue recogido por Perfil.com
Las fuentes están disponibles aquí:
- Artículo de Martín Caparros en Pamplinas
- Nota en Perfil.com
Caparrós presenta de esta manera su Blog:
"Pamplinas es un intento –insistentemente fracasado– de mirar el mundo desde la Argentina, o la Argentina desde algún otro mundo. Con esa premisa, el autor pensó llamarlo Cháchara, pero le pareció demasiado pretencioso. Desde las pampas argentinas, pues: Pamplinas."
Pamplina significa:
En España: Cosa de poca importancia o de dudosa índole.
En Argentina: Tontería, macana, ocurrencia, dicho o cosa necia o sin importancia; cosa de poca utilidad o fundamento.
Totalmente de acuerdo con la auto calificación de su Blog.
Publiqué también un post de respuesta a Caparrós en mi Blog ladrillos de la misma comunidad EL País.
bastadeodio
y en el opinó, con motivo del 12 de octubre, sobre la conquista y el uso que "los bienpensantes latinoamericanos" hacen del término "aborigen". Dice el intelectual crítico nacional, inflado hasta casi explotar por la prensa opositora al gobierno y por él mismo:
..."hoy todos feriamos y festejamos sin saber del todo qué: la llegada, parece, de aquellos –casi– hispanos que durante siglos fueron presentados como una bendición hasta que las nuevas historias oficiales los convirtieron en el principio de un desastre."
..."Como, por ejemplo, la relación de los biempensantes latinoamericanos con sus indios. Los llaman, en esta etapa de la culpa, pueblos originarios, que es lo mismo que decir aborígenes pero con un curso menos de latín. Los llaman pueblos originarios, como si hubieran crecido en las ramas de un ombú –o como si la historia no existiera.
Todos llegamos, alguna vez, a América. Los que ahora son originarios llegaron hace quién sabe quince, diez mil años. Y desde entonces fueron cambiando de lugares y poderes: un pueblo ocupaba un espacio, después otro lo sacaba de allí o lo sometía y después otro –como sucede en todas partes, penosamente, siempre. Pero la historia oficial biempensante arma una especie de cuadro ahistórico, idílico, estático en que, alrededor del año 1500, había pueblos originarios casi felices y muy legítimos y consustanciados con sus territorios, y llegaron unos señores malos y pálidos que los corrieron a gorrazos."
...En Argentina, donde todo es más reciente, está muy claro: los mapuches que ahora penan en el sur andino entraron desde Chile a fines del siglo XVIII, y echaron a sus ocupantes anteriores, los tehuelches; entre 1830 y 1875, el coronel neokirchnerista Juan Manuel de Rosas y el general viejoliberal Julio Argentino Roca se lo hicieron a ellos. Pero nada de eso importa mucho en la imagen congelada. La causa de los pueblos originarios se ha convertido en uno de esos lugares comunes que, de tan comunes, eluden cualquier tipo de debate.
El indigenismo, decía uno, es una enfermedad infantil del nacionalismo –y el otro le contestaba que el indigenismo es la versión social del pensamiento ecololó. En una sociedad que está hecha de mezclas, que debe seguir mezclándose para reinventarse, progres claman por la tradición, la pureza, la "autenticidad" de los originarios. Es esa idea conservadora de detener la evolución en un punto pasado: esa idea que cierta izquierda comparte tan bien con la derecha, aunque la apliquen a objetos diferentes.
...Si yo fuera pobre y argentino intentaría ser originario. Los pueblos originarios son una especie protegida: tienen apoyos internacionales, oenegés, programas especiales, buena prensa automática, mientras millones de pobres no tienen casi nada. No digo que los “originarios” no tengan tanto derecho como cualquiera a una vida digna; sí digo que tienen tanto derecho como cualquiera a una vida digna y que, en el triste sistema clientelar en el que viven millones de argentinos, ser aborigen ofrece privilegios particulares producidos por esa mezcla de culpa y corrección política que se conmueve fácil con las historias atroces de la Conquista mientras olvida la marginación cotidiana, constante, de esos muchos millones de cualquieras sin pureza de sangre, misturados, tan poco originales."
Lo que hace Caparrós es vendernos, como si fuese original un lugar común, la expresión de un "sentido común" que ha producido y justificado una inmensa cantidad de dolor y sufrimiento en la humanidad. Intenta convencernos que es "una cosa natural" la imposición del más fuerte sobre el más débil, que tratar de explorar otras posibilidades del pensar y de la acción es cosa de "bienpensantes ecololós" o de "los que quieren detener la historia y parar la evolución" y él no es ni una cosa ni la otra, no está ni en la "izquierda infantil" ni en la "derecha restauradora". El se sitúa, como si existiese, en un justo punto medio, una altura desde la cual el puede mirar con desprecio y aires de superioridad todos los sucesos, los hechos crudos y las interpretaciones en torno a ellos.
Todo el texto destila soberbia y desprecio hacia los intentos por modificar ese "sentido común" tan catastrófico. Es terrible leer: "los pueblos originarios son una especie protegida". Terrible mentira, los originarios, en la Argentina y en el resto de América luchan por sus derechos - y muchas veces dejan su vida en ello- justamente porque no están protegidos y si lo están desde el punto de vista legal, esa protección no se cumple en la práctica.
Y luego el intento de chantaje moral que significa sugerir que los verdaderos "malos" según su lectura de la realidad, son aquellos que se ocupan de proteger una entelequia, algo inexistente, "los pueblos originarios", pero se olvidan a la vez de los otros pobres los comunes y corrientes, los misturados. Más falacias, más mentiras. Buenas para el consumo del español o del argentino medio, lo libera de una culpa, de un peso. Además coincide muy bien con la creencia mayoritaria existente allí, en España para quien escribe Caparrós, que con respecto a la conquista de américa existe una "Leyenda Negra", esta creencia no respeta izquierdas y derechas, allá todos opinan igual. Las palabras de Caparrós los confirman en su cómoda creencia.
Hay que recordarle a Caparrós que el tema que el aborda tan a la ligera, con tanto cinismo de cambalache, es un tema que ocupa toda la segunda mitad del siglo XX. Ya no se discute la historia, ni siquiera las cuestiones antropológicas vinculadas con los conceptos "aborigen", "pueblos originarios" o "pueblos indígenas", o "pueblos tribales" estas cuestiones ya están medianamente resueltas en la legislación y los Tratados Internacionales. Hay acuerdos y éstos no coinciden para nada con las afirmaciones de Caparrós, hechas tan a la ligera. Sintetizando, el debate de las ciencias que son competentes en el tema no apoyan de ninguna manera los dichos del soberbio sino que los refutan.
La discusión hoy pasa centralmente por el tema jurídico. Por la realización concreta y efectiva de los derechos. Esto no se puede dejar de lado o despacharlo con un simple párrafo descalificador y burlón.
Desde el fin de la segunda guerra mundial y como consecuencia de las barbaridades que en ella se cometieron, las Naciones Unidas y otros Organismos Internacionales, como la OIT han producido Declaraciones y Tratados Internacionales que al ser refrendados por los Estados Miembro, tienen efectos legales. Por ejemplo en nuestro país, la Argentina, que a partir del 2003 se ha destacado mundialmente por su defensa de los DDHH, haciéndose cargo como Estado de los hechos del pasado, para revisarlos y hacer justicia con los afectados y sus descendientes, el tema alcanza otra dimensión ya que los tratados son incorporados a nuestra Constitución en la reforma de 1994. Caparrós no lo puede ignorar, no puede hacer lo que hacen lamentablemente algunos jueces que los dejan de lado por considerarlos "recomendaciones no operativas". Estos tratados al tener jerarquía constitucional están por encima de la legislación nacional o provincial y deben ser incorporados de manera efectiva a la practica cotidiana de la justicia.
Aunque Caparrós no lo perciba hay un cambio de época en relación a la vigencia de los DDHH, aunque por supuesto eso no implica que estos no sean violados. Lo son pero hoy existe la posibilidad de denunciar y de juzgar esas violaciones, incluso mediante un Tribunal Penal Internacional, si los Estados signatarios que las cometen deniegan el acceso a la justicia de las víctimas. Algo de lo cual los originarios del siglo XV no disponían. El mundo y su conciencia evolucionan, señor Caparrós.
En todo el escrito de Caparrós sobrevuela la idea de que la historia responde a una ley natural similar a la que se impone sobre las cosas inanimadas. Ese es un pensamiento que atrasa doscientos años, es el pensamiento del colonizador, del depredador situado en la cúspide de la pirámide. Es el pensamiento que el califica de "derecha", el que supone que se puede detener la historia, que se puede congelar el pensamiento y la voluntad en un modo particular de ver el mundo. La historia humana, la historia de las sociedades humanas es la historia de la lucha de la voluntad humana y de los cambios operados en los marcos generales, los paradigmas, con los que el ser humano se planta frente a la naturaleza y a sí mismo.
El mundo humano conformado por las diferencias raciales, culturales y de todo tipo es un mundo mucho más rico, diverso y capaz de sobrevivir que el mundo plano, de asimilación, donde todos son obligados a ser "iguales" aunque sean diferentes, que nos propone Caparrós como lo dado, lo natural.
El tema cobró difusión a partir de un comentario en radio continental sobre la nota del Blog Pamplinas, que a su vez mereció una respuesta de Felipe Pigna, que no había leído la nota, pero la criticó por el mismo medio. El "debate" fue recogido por Perfil.com
Las fuentes están disponibles aquí:
- Artículo de Martín Caparros en Pamplinas
- Nota en Perfil.com
Caparrós presenta de esta manera su Blog:
"Pamplinas es un intento –insistentemente fracasado– de mirar el mundo desde la Argentina, o la Argentina desde algún otro mundo. Con esa premisa, el autor pensó llamarlo Cháchara, pero le pareció demasiado pretencioso. Desde las pampas argentinas, pues: Pamplinas."
Pamplina significa:
En España: Cosa de poca importancia o de dudosa índole.
En Argentina: Tontería, macana, ocurrencia, dicho o cosa necia o sin importancia; cosa de poca utilidad o fundamento.
Totalmente de acuerdo con la auto calificación de su Blog.
Publiqué también un post de respuesta a Caparrós en mi Blog ladrillos de la misma comunidad EL País.
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