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martes, 23 de octubre de 2012

La oposición, Clarín y la democracia

En su última propaganda el grupo Clarín -porque así se asume- comienza diciendo: "El grupo Clarín es un diario...", sin embargo todos -incluidos ellos mismos- sabemos que no es así que el diario es una cosa y el grupo económico-mediático otra bien distinta- incluso sabemos la medida muy considerable en que el oligopolio de medios y empresas vinculadas a los medios (sin contar las numerosas que no lo están, pero que en este tema tienen menor interés) de este grupo ejerce sobre los restantes grupos de medios imponiéndoles -para bien o para mal- su propia agenda de temas.

Es más, en la misma propaganda el grupo parece burlarse de una de las banderas del actual gobierno y que enraizan muy profundo en la historia de los movimientos políticos en nuestro país: Dicen que como el diario es el más vendido y sus programas los más vistos o escuchados ellos son "nacionales y populares". Se lo puede tomar ingenuamente como una humorada o una mojada de oreja (provocación) casi adolescente, sin embargo, personalmente creo que va más allá, que equivale a afirmar que sostener la vigencia de "lo nacional y popular" es ridículo, que estas banderas son cosas del pasado, al fin y al cabo es lo que el diario La Nación, su principal socio y satélite impreso, viene sosteniendo desde siempre. Para mí debe ser entendido como una declaración de amor neoliberal, es eso, aunque en versión cínico-humorística.

Todos sabemos eso, también deben saberlo los partidos políticos de la oposición. Una oposición, que es evidente, se encuentra fragmentada en pequeños y un poco más grandes agrupamientos ninguno de los cuales, por si solo, es capaz de liderar al conjunto, aunque sea coyunturalmente. Es evidente que este amplio espectro no logra definir un programa, ni apenas una agenda propia común con la que cuestionar al gobierno. En realidad es peor. Muchos de estos agrupamientos no pueden ni siquiera en su interior y propia individualidad coincidir en una propuesta política estratégica consistente que supere el conjunto bastante inconexo de reclamos y críticas aisladas al accionar del gobierno que enuncian cotidianamente.

Digamos que aquello que se les critica a los "cacerolos" (o indignados con Cristina) de expresar un mero listado de reclamos inconexos sin conducción política lo sufren de forma evidente también los partidos políticos de la oposición.

En general más que un programa o propuesta que le diga a la sociedad hacia dónde proponen ir, lo que resulta de sus presentaciones es una imagen decididamente confusa y hasta contradictoria -insisto, incluso considerados en su individualidad, no ya como colectivo llamado "oposición"- de hacia dónde no proponen ir lo que, en general, se relaciona con oponerse a cualquier iniciativa del actual gobierno. Incluso aunque ello implique borrar con el codo lo que se firmó con la mano, como explícitamente sucedió con el diputado de derecha de la UCR, Aguad, en el Consejo de la Magistratura.

Digamos que en el terreno de la discusión política, dentro de las reglas de juego de la democracia y sus instituciones, parece actualmente haber un gran protagonista -casi exclusivo- que mantiene en todos los terrenos la iniciativa y que es el gobierno y frente a él hay una oposición dispersa que de no contar con el apoyo mediático del que efectivamente cuenta y que crea la ilusión de que allí hay una oposición, se vería compelida con urgencia a hacer un análisis y replanteo de su estrategia política.

Porque ¿cuál es el sentido último o principal de los agrupamientos políticos democráticos que no sea el de ganar las elecciones?. Si "la prensa" fuese realmente independiente de los intereses del grupo dominante los que se verían en serios problemas, pero posiblemente también frente a un desafío constructivo mayor, serían en primer lugar los partidos de la oposición y en segundo lugar el propio gobierno que se vería enfrentado a sus propios errores y limitaciones y no a vulgares operaciones continuas de prensa. Realmente que las cosas fuesen así sería muy bueno para la salud de la democracia.

El problema es serio y no solo para la oposición sino para todos, incluido el propio gobierno, aunque parezca paradójico. La democracia simplemente no funciona correctamente si no hay alternativas. La alternancia (o posible sucesión con cambio de signo político) en el poder, es decir en el gobierno del Estado, puede -y subrayo el puede- no ser un obstáculo para el crecimiento económico, la mejora en las condiciones de vida de la población y el ganarse el respeto de las naciones amigas y no amigas. Pero para que esto sea posible, además de que exista una oposición en condiciones de ganar una elección y de gobernar sobre la base de una propuesta constructiva, debe existir un acuerdo tácito mínimo acerca de  que base común de logros conservar, un piso a partir del cual seguir construyendo el futuro. Nada de esto parece existir en la Argentina de hoy. Salvo el partido, o alianza, del gobierno, ninguno reúne actualmente las condiciones para terciar en ese terreno ya no del mero antagonismo sino en el del agonismo. En otras palabras ser adversarios, no enemigos. ¿El crecimiento debe ser con  justicia social?, ¿La alianza con los países de la región es una pieza fundamental de la estrategia diplomática y comercial de nuestro país?, éstas representan solo algunas de éstas cuestiones básicas a las cuales todos los partidos, incluido el gobernante, deben dar respuesta, positiva o negativa. Esto es lo que daría  a Argentina la tan mentada previsibilidad que, incorrectamente, se le reclama solo al gobierno.

Lo dicho se refleja no solo en el escaso o nulo diálogo político existente entre el gobierno y los agrupamientos opositores, sino que, incluso, se lo puede observar entre los agrupamientos de intelectuales, comunicadores sociales y hasta entre los artistas y entre algunos sectores e individualidades de las clases medias urbanas de las que se nutre la protesta callejera.
Es posible que este reciente fenómeno, el "caceroleo", tenga que ver, en buena medida, con el estímulo permanente que proviene de la acción combinada de la oposición política y la oposición mediática. Cierto es que este movimiento (inorgánico hasta cierto punto) parece tener su origen en las redes sociales y se presenta a sí mismo como "independiente", pero su lista de reclamos no difiere de la lista que tienen opositores y medios de comunicación concentrados. No tienen sus propios reclamos, por ahora adoptan acríticamente los de otros.
Con el famoso diálogo ocurre algo muy llamativo, casi todos los opositores culpan de la falta de diálogo al gobierno, sin embargo, el sitio privilegiado para practicar el diálogo son las comisiones y organismos parlamentarios. Todos recordamos que mientras la oposición alimentó la existencia del fracasado "grupo A", lejos de dialogar con el oficialismo y procediendo en contra del reglamento interno tomó por asalto todas las comisiones excluyendolo -en la medida en que le era posible- de ellas al oficialismo. No buscó el diálogo desde una posición ventajosa sino la confrontación. En la legislatura porteña las cosas ocurrieron de forma similar aunque agravadas por la explícita orden de Macri de no dialogar con los representantes del FPV. Incluso Macri tiene el dudoso honor de exhibir el récord nacional de vetos, incluso ha llegado a vetar leyes votadas por su propio bloque. Sin embargo, Macri continúa diciendo ante los micrófonos y las cámaras de la televisión que es el gobierno el que impide el diálogo y que hace falta más diálogo. ¿cómo puede haberlo si se decide excluir de él al partido del gobierno que obtuvo hace un año más del 54% de los votos?.
Seguramente el reclamo de diálogo no es sincero es solo una consigna utilizada para atacar al gobierno. En ese objetivo coinciden y se retroalimentan la oposición política y la mediática, al punto de que se puede decir que están coaligados, pero, ¿quién conduce la coalición, los partidos o los medios opositores?

Y aquí aparece el último pero central de los asuntos a los que me estoy refiriendo y que suceden en la vida política del país: la relación de subordinación y/o dependencia que los agrupamientos opositores manifiestan tener especialmente con el grupo Clarín. Cierto es que el gobierno aunque sea por la negativa, por el antagonismo, también le ha dado al grupo un rol central en la política al identificarlo como su principal enemigo, cosa que es correspondida por el grupo con verdadero entusiasmo. Toda postura crítica al gobierno, provenga de las autoridades eclesiásticas, de grupos sociales como los ecologistas, de sectores gremiales empresarios o de trabajadores opositores, de grupos indigenistas, entre otros,  es rápidamente absorvida, digerida y apropiada por el grupo quitándole protagonismo al emisor original porque en ese proceso la critica o reclamo se transforma y se adapta al interés del propio grupo. Ha ocurrido más de una vez que estos sectores se ven obligados a desmentir la información tal y como es difundida por el grupo mediático y sus satélites que siempre le agregan algo de su propia cosecha.

Ahora si uno se pregunta acerca de quién se beneficia más de esta sinergia opositora establecida entre ciertos medios y los partidos opositores, ¿los medios o los partidos?, la respuesta más plausible suele ser que son los medios los que que han logrado mediante el miedo o el convencimiento poner a la mayor parte de la oposición de su lado, lo que indudablemente y sobre todo de cara a la visión que se pueda sostener en y desde el exterior, le confiere cierta legitimidad a su posición la que, en muchos aspectos es claramente insostenible.
Incluso su peso excesivo y poder representan, a la larga, una amenaza para los propios partidos opositores. Basta recordar de que forma cruel estos medios le cayeron encima a la oposición luego de la derrota electoral de octubre pasado.

Pero tampoco hay que olvidar que la Ley de Medios Audiovisuales que está en el centro del conflicto actual, el que ya excede largamente el marco original, fue votada por buena parte de la oposición en un parlamento que le era -por su composición- mucho más hostil al gobierno que el actual. Sin embargo, aquellos que la apoyaron en el pasado por las buenas razones hoy manifiestan dudas o directamente se oponen a ella por las malas razones, en tanto aquellos que votaron en contra o se abstuvieron, hoy intentan sabotear su cumplimiento violentando con esa actitud la propia Constitución y su razón de ser como partidos políticos de la democracia.

Entonces, si esto es tan evidente, ¿porqué los dirigentes de los partidos opositores -grandes y pequeños- soportan, de una u otra manera, las pretensiones del grupo concentrado?. Yo creo que la respuesta no está en un supuesto masoquismo o instinto suicida sino en el hecho de que estos partidos tal y como están hoy de puertas adentro y de cara a la sociedad, simplemente sin su presencia permanente en los medios concentrados sus posibilidades de tener un mínimo papel en las futuras elecciones se reduciría a cero. No son actualmente, ni separados ni en conjunto, una seria alternativa de poder, pero, si se las tienen que arreglar solos, hoy por hoy, simplemente muchos de ellos dejarían de existir. Baste recordar a Elisa Carrió. Solo ella sobrevivió a la catástrofe del ARI de octubre pasado y lo hizo pura y exclusivamente porque se metió en el pulmotor que le ofrecía el grupo Clarín. Y no solo pasa con los políticos sino también sucede con los aspirantes a pertenecer, como Hugo Moyano. Dada estas condiciones la pregunta es ¿qué posibilidades reales existen para un funcionamiento más o menos normal de las instituciones de la democracia?

Pericles
Personalmente soy la opinión de que no hay una única forma de democracia, ni que esta corresponde al idealizado modelo liberal que se supone -sin mucho fundamento- que rige en Europa o los EEUU. Estas formas de la democracia consideran como una virtud, casi una señal de pureza, la alternancia en el poder de grandes partidos. Esto nunca llegó a suceder en nuestro país y posiblemente lo haya hecho solo ocasionalmente en toda América Latina. Entre otras cosas por las permanentes interrupciones en la continuidad institucional que significaron los golpes cívico-militares.

Los dos grandes movimientos populares, el irigoyenismo y el peronismo, sufrieron la misma penuria de los golpes de Estado. Sin embargo, el Partido Radical, hijo de aquel movimiento fundacional, traicionó a su propio origen cuando se sumó al golpe de Estado de 1955, allí se perdió la posibilidad de la alternancia en el poder de los dos grandes partidos de masas de la Argentina. ¿Cómo puede basarse legítimamente la democracia, en cualquier significado posible de este concepto, bajo la proscripción de uno de los partidos mayoritarios?. Solo falseando la realidad y afirmando -como si fuese cierto- que el peronismo era (es) igual al nazismo y que, por ello, una vez "derrotado" merece su misma suerte.
Esa fue (y es) una inagotable fuente de odio en la vida política nacional. En la realidad y aunque se lo trató de ocultar, los golpistas procedieron siguiendo el mandato que provenía de fuera del país, contrario a los intereses nacionales y favorable a los de las potencias extranjeras dominantes en occidente luego de la segunda guerra mundial.
Hoy como entonces, la situación de nuestro país y de gran parte de América Latina sigue girando no solamente en torno a conservadorismo (o derechas) y socialismo (o izquierdas), como ocurre (u ocurrría) en Europa. En nuestra región sigue teniendo un peso determinante la forma en que estas alternativas ideológicas se plantan frente a los poderes mundiales y que cuota de autonomía de decisión consideran indispensable para construir una Nación viable. Esa es la razón por la cual Nacional y Popular como caracterización del contenido y la forma de la democracia que se propone no sea un mero eslogan que se le puede aplicar a cualquier cosa. Es en el abandono objetivo de su origen nacional y popular que el radicalismo (y el nacionalismo de derecha) practicó al conformar la gran unión antiperonista (mal llamada democrática) con los partidos conservadores y liberales donde es posible encontar, a mi modo de ver, el punto de quiebre, la bisagra, que explica la imposibilidad de construir una democracia nuestra capaz de perdurar. Frondizi indudablemente lo intentó, para lo cual debió primero escindirse del tronco radical, pero le faltó decisión para enfrentar al antiperonismo, brutal y visceral, y completar la tarea con generosidad y valentía. Decir que las presiones -internas y externas- que debió soportar fueron enormes lo justifica en lo personal, pero no cambia las cosas.

Hoy se sigue opinando por parte de cierta prensa latinoamericana y europea -contra todas las evidencias disponibles- que en Venezuela no hay una auténtica democracia. El hecho es que no solo hay diferencias históricas reconocibles entre las democracias vigentes en los países desarrollados, también las hay y por razones aún más fuertes, entre éstas y las democracias de los países ahora llamados emergentes y antes llamados dependientes. Además crece la opinión -sobre todo en los países europeos donde la crisis económica es más fuerte- que aún en la cuna de las democracias y del Estado de bienestar se vive en una democracia devaluada que no atiende los problemas concretos de la gente como debería y que, incluso, está desarmando las redes de contención social existentes.

La dependencia no ha desaparecido, incluso se puede afirmar que ha cobrado mayor fuerza y universalidad. Continúa bajo sus diversas formas, económica, comercial, financiera, política, ideológica, cultural, etcétera, solo se ha hecho más compleja de analizar y, a la vez, con la globalización se ha vuelto menos visible. América Latina, cada país de la región, tiene que descubrir, y tiene el derecho de ensayar, las formas de democracia que mejor se ajusten a sus realidades e historia, y esto no debe ser un impedimento para que formas diferentes puedan encontrar puntos en común e intereses compartidos. El mundo en términos políticos y económicos -ya desde hace un tiempo- evoluciona hacia la formación de agrupamientos de países por región. El mundo se está volviendo multipolar. Y eso obliga más que nunca al respeto por las particularidades. No hay un solo modelo preferente, no hay una forma de organización social y política que pueda servir de patrón de medida de democracia y libertades. Las experiencias pasadas por nuestros pueblos que son únicas e intransferibles pueden ayudar pero estamos obligados a inventar, lo conocido, por diversas razones, no está siendo útil para resolver todos los problemas del presente.

bastadeodio                                                                      

martes, 2 de agosto de 2011

Partidos Políticos y Elecciones Primarias

Antonio Berni - Pan y Trabajo
En el post anterior analizamos desde una visión muy amplia, a vuelo de pájaro, la conformación y los roles de los distintos factores de poder en la Argentina.
Se dice que nuestro sistema de organización política corresponde a un sistema de democracia republicana representativa y federal y esa concepción teórica se corresponde de alguna manera con la estructura del Estado y sus tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial. En el Ejecutivo y en el Legislativo se concentra el carácter representativo de nuestro sistema en cambio el Judicial es en buena medida independiente de los avatares de la representatividad por lo menos cuando el sistema funciona "normalmente". Desde luego no siempre es así.
La representatividad en la democracia argentina y en la de muchos otros países incluso no republicanos, por ejemplo monarquías, está mediada, aunque no necesariamente, por los Partidos Políticos. En ellos se centran estas reflexiones.

Es indudable que nuestro sistema de gobierno está inspirado modernamente en los vigentes en la Europa y los EEUU que emergen de la segunda guerra mundial, en ellos los partidos políticos juegan un rol central. A ellos les corresponde ser el vehículo de transmisión de los intereses de los distintos sectores y/o clases sociales, por consiguiente deben realizar una labor educativa sobre los ciudadanos que los haga "conscientes" de sus propios intereses. Esto se pretende lograr mediante la difusión, la discusión, el debate y el esclarecimiento de los ideales, la ideología, de cada partido. Este debate implica también una confrontación en la arena política con otros partidos. El proceso supone, como consecuencia, una sociedad cada vez más politizada y esclarecida. Claro que esta es una visión fuertemente idealizada y parcial del rol de los partidos. Desde siempre estos han servido a los intereses concretos de distintos sectores sociales e intereses económicos. El llamado lobby (operaciones ocultas o semiocultas) que ejercen ciertos grupos económicos empresariales o religiosos sobre las decisiones políticas de los partidos es una muestra de ello. En el post anterior vimos como de hecho esa labor pedagógica o educativa de los partidos se ha trasladado a los medios de comunicación. Esta función cumple un rol fundamental que es la de legitimación de cierta ideología. La legitimación, que simplemente significa hacer deseables, justos o moralmente aceptables un conjunto de ideas u objetivos políticos, en una medida parcial se refiere a lo que desde el punto de vista de la semiología se ha dado en llamar "creación de sentido" concepto útil del cual se abusa en la actualidad de los medios de comunicación.

Gualicho - Ricardo Cohen (Rocambole)
Regresemos a nuestra realidad actual. Sobre partidos políticos débiles incluso en un proceso de desguace, las presiones de estas fuerzas ocultas de la democracia son irresistibles y llegan a impulsar a un sector quizás mayoritario de un partido centenario como el Radical a una alianza contra natura con un representante de una peculiar forma del peronismo conservador, de "derecha", hoy identificado en la provincia de Buenos Aires con De Narváez. Y es posible que si las cosas les van bien en las primarias y el triunfo de Cristina resulte más ajustado de lo que se espera cobre impulso incluso una alianza con vistas a octubre con el otro referente de este sector del peronismo de limitada importancia cuantitativa pero de mayor alcance nacional que es Eduardo Duhalde. Este por lo menos es el interés manifiesto de ciertos sectores concentrados del poder económico y mediático. De esta forma esperan arrancarle en octubre a Cristina Fernandez una segunda vuelta electoral. Es casi seguro que en esta posible gran alianza anti-K participarian Macri en Capital, Del Sel en Santa Fé y sectores aún por definir en Córdoba y de otras provincias. Las posibilidades reales de esta expresión de deseos de las fuerzas anti Cristina envalentonadas por los triunfos en Santa Fé y Capital, dependen estratégicamente de los resultados que alcance la dupla De Narváez-Alfonsín frente a Scioli-Mariotto en la Provincia de Buenos Aires (40% del padrón electoral total del país). Dicen que Cristina es Scioli dependiente ocultando que ellos también dependen de la cosecha de votos de la dupla de De Narváez-Alfonsín y de Duhalde.

Por ello las elecciones primarias de agosto, aparentemente poco importantes (eso es lo que les interesa que se piense de ellas para desestimular la participación) se han vuelto cruciales en función de la continuidad del actual "clima de derrota" del kirchnerismo que han iniciado las elecciones de Santa Fé y de Capital y que han sido magnificadas en exceso por los medios contrarios.
Los mismos medios han forzado una interpretación de estas derrotas que ni aún los referentes partidarios se han atrevido a hacer. La interpretación consiste en afirmar que los votos de Del Sel (o Binner) y los de Macri son votos anti-Cristina. Esto no es necesariamente así. Todos los analistas, por lo menos antes de estas elecciones, coincidían en señalar que el voto en contra de los candidatos del kirchnerismo no se trasladaba mecánicamente a un voto en contra de Cristina. A pesar del menor apoyo a estos candidatos medible en las encuestas preelectorales Cristina lograba un porcentaje de aceptación mucho más alto. Incluso en la Provincia de Buenos Aires donde Scioli supera en expectativa de voto al segundo en cerca del 30%.

Las elecciones primarias aparecen formalmente devaluadas porque no cumplirán en la realidad su función de internas abiertas de los partidos políticos (La reforma estaba pensada con algo de idealismo para partidos fuertes y con vida interna, lo que no se verifica en la realidad actual) y como no sirven como medio de selección de los mejores candidatos, pasan a cumplir un importante rol simbólico, por la coyuntura, de respaldo del actual gobierno y consiguiente desvanecimiento del "clima de derrota" o, por el contrario, de consolidación en el imaginario social de la posibilidad de ésta. Son una batalla preliminar, un último ensayo general y en el escenario, por las expectativas electorales frente a las presidenciales de octubre. Es de suponer que la contra al gobierno de Cristina pondrá en ella un gran esfuerzo material, humano y de propaganda. No podemos dejar que se salgan con la suya hay demasiado en juego.

bastadeodio                                                          

sábado, 30 de julio de 2011

Democracia y año electoral. Tendencias

Cuando se observa tomando cierta distancia el comportamiento cotidiano de los principales actores sociales argentinos: Medios, Empresarios, Partidos Políticos y Trabajadores se encuentran rápidamente cosas que están fuera de lugar o desenfocadas, como en el "cambalache" Discepoliano. ¿Cuáles son estas tendencias que se pueden vislumbrar en un panorama por demás complejo?

En primer lugar y principal, los partidos políticos, por lo menos varios de ellos han decidido que el debate de ideas, la defensa explícita de determinadas concepciones políticas e ideológicas, la argumentación a su favor y en contra de las opiniones de otros partidos, ya no es más su función. Eso es cosa del pasado, ahora se han constituido en asociaciones que periódicamente seleccionan candidatos a distintas funciones y los venden a la sociedad como si se tratase de productos comerciales cualesquiera.
Desde luego que esto no implica que estas asociaciones, a veces transitorias, no tengan o defiendan una determinada posición política e ideológica. Por supuesto, las ideologías y las políticas que las concretan no han muerto realmente, solo se hallan ocultas, disimuladas, detrás de bambalinas.

En segundo lugar, los medios de comunicación. Como la discusión política no puede realmente desaparecer simplemente se la ha desplazado. Ahora los medios se ocupan de darla. En realidad una parte de ellos, los dominantes, hacen lo que deberían hacer lo que cierto sector de los partidos políticos ha dejado de hacer. Ellos son ahora los que defienden las ideas que les son afines y atacan a las de los que consideran sus adversarios y lo hacen casi sin ningún tipo de ocultamiento. Toman partido sin ningún prurito de "independencia" periodística y hasta llevan adelante "operaciones de prensa" para entronar o destronar a determinados candidatos. Ahora, en una actitud esquizoide niegan que esto sea así y afirman que ellos están en el lado "objetivo" de la verdad y lo que hacen es defenderla. Es decir que se apresuran a negar el carácter profundamente ideológico y político de su toma de posición frente a las controversias y conflictos sociales existentes. Cada vez logran engañar a menos gente con esta estrategia pero todavía amplias capas de la población caen en la trampa, sobre todo por la influencia aún notable de la televisión. Repito lo que fundamentalmente hacen. Reemplazan a los partidos que les son afines en llevar adelante la defensa explícita de la ideología y de las políticas que éstos han decidido, por razones tácticas, ocultar.

Por supuesto que esto deja a los partidos "tradicionales" o cuyas estrategias lo son, en una situación por demás incómoda. Aquellos con los que se supone que deben discutir se niegan a hacerlo y discutir con aquellos que efectivamente y en los hechos se han hecho cargo de la tarea de la argumentación y defensa de las ideas y de los objetivos, que son los medios dominantes, puede ser visto como un ataque a la sacrosanta libertad de prensa y en consecuencia merecer la atención de la SIP o incluso más allá del propio amo del norte. Desde la sanción de una ley con los votos de hasta los partidos amigos, hasta una simple huelga por conflictos gremiales caen en esa amplísima y flexible categoría. Difícilmente, ahora que la conducción de la política ha sido transferida a los medios, ocurra un "error" como la aprobación por una amplia mayoría de la ley de medios. Esta tendencia coloca a los partidos tradicionales en una trampa de la que no es fácil salir. La imagen de Filmus persiguiendo a Macri para que debata es suficientemente clara al respecto.
No hay que menospreciar el papel ideológico de la Jerarquía de la Iglesia Católica que se ha incorporado al bloque integrado por los factores de poder mediáticos y económicos, con una clara comprensión de lo que está sucediendo.

En tercer lugar los empresarios. Como en todos los campos la homogeneidad no es absoluta y ningún criterio clasificatorio funciona, pero como dije tomando cierta distancia se pueden distinguir tres grupos. Uno que está decididamente en contra del gobierno. Su expresión más clara es la Sociedad Rural que representa a los sectores más concentrados de la producción agropecuaria. El discurso de Biolcatti en la exposición rural corresponde más al de un dirigente político que al de un representante empresarial. También participan de él empresarios industriales y de las finanzas, su expresión gremial es AEA. Conflictos como el de Techint y el gobierno por cuestiones menores desde el punto de vista económico pero significativas desde el ideológico, como fue la disputa por los representantes de la ANSES en el directorio, es también una muestra de lo dicho en cuanto al "cambio de roles".
Un segundo grupo que apoya al gobierno, este ha tardado en manifestarse pero cada vez lo hace con mayor claridad. Dan su combate en la UIA y en otros ámbitos a favor de un "modelo" Económico-Productivo-Social que los ha beneficiado empresarialmente de manera notable. Son en general sectores vinculados a un mercado interno en crecimiento por las políticas oficiales.
Hay naturalmente un tercer grupo de empresarios menos comprometido con el debate que se mantiene al margen u oscila entre apoyar a una u otra posición.

En cuarto lugar, los trabajadores. Estos son los que en forma más ajustada a la manera tradicional cumplen su función que es la defensa de los intereses concretos de los trabajadores. Una muestra es el incremento en la participación de los trabajadores en la riqueza producida por la Nación. Ahora bien se notan dos tendencias importantes que no se pueden ocultar ni mucho menos desatender. La primera es la demanda de una mayor representación de los trabajadores en el esquema político partidario del poder. La segunda es la consolidación de un fenómeno nacido en los noventa de vínculo entre las organizaciones sindicales y los negocios de distinto tipo, entre ellos las obras sociales, las inversiones inmobiliarias y el turismo. En general, una parte de las organizaciones gremiales ha sabido consolidar un cierto poder económico empresarial que no cuaja del todo bien con los fines de éstas organizaciones. Hay entre las organizaciones sindicales un sector mayoritario que se expresa en la CGT y que apoya al gobierno pero existen sectores minoritarios identificados con el proyecto liberal restaurador que se agrupan con Duhalde y otros, históricamente nucleados en la CTA, actualmente con conflictos internos que van desde el apoyo decidido al gobierno hasta la oposición pasando por el "apoyo crítico".

Como en nuestro país nadie es zonzo y el que no corre vuela ya se empiezan a ver respuestas parciales a este estado de cosas. El gobierno intenta frente a la hegemonía mediática de los sectores adversos a él, construir su propia estructura de medios y cooptar algunos de los canales de TV o medios radiales o impresos para construir su política de comunicación. Es una buena estrategia. Si la discusión se ha trasladado a los medios allí hay que darla. La otra pata fundamental de la estrategia estatal que busca equilibrar la potencia de las voces es la Ley de Medios que debe entrar en plena vigencia.

Lo que todavía no termina de cuajar es la respuesta del partido a los desafíos que le ofrece la estrategia del adversario. No puede haber una única para todo el país, cada jurisdicción, o por lo menos cada región, es diferente. La estrategia en Capital y Santa Fé fracasaron, la situación del FpV en cada una de ellas es distinta por lo cual también lo son las razones del fracaso, pero son llamados de atención, que indican que la política se ha hecho más compleja con los cambios o tendencias señaladas y requiere respuestas acorde.

Los medios dominantes han hecho una muy buena utilización de esos fracasos para crear una sensación de vulnerabilidad del gobierno, pero que posiblemente sea transitoria si como se supone el éxito electoral de éste en las Primarias del 14 de agosto comienza a cambiar el "clima".

Estas tendencias son ciertamente muy peligrosas para la democracia representativa y republicana. Si viviera Raúl Alfonsín estaría ciertamente muy preocupado. La pregunta es si a escala local pero también global esta forma de gobierno que es la casi universalmente declarada en occidente con la salvedad de algunas monarquías representativas, realmente sobrevive a los grupos económicos-empresariales de poder. No parece que así sea observando lo que sucede con la crisis europea y estadounidense. En todo el mundo los partidos políticos que fueron la tradicional forma de representación popular del siglo XX se ven limitados e incluso desplazados en cuestiones clave de las decisiones por estos grupos de poder. (continuará)

bastadeodio