Por una Patria Justa, Libre y Soberana

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viernes, 30 de mayo de 2014

Podemos...poner una piedra en tus zapatos

Pablo Iglesias y los otros 4 eurodiputados de Podemos
Podemos no existía formalmente hace tan solo cuatro meses pero en las recientes elecciones al Parlamento Europeo ocupó el cuarto lugar entre las preferencias de los españoles, obteniendo cinco bancas.

Aparentemente, casi sin otra estructura que las redes sociales en las que se mueven con libertad e imaginación, estos herederos de las gestas callejeras de los Indignados, hoy, por aceptar las reglas de juego de la democracia y ponerse a construir consenso, le meten miedo a la anquilosada clase política española. Esa misma que ha logrado llevar el país a una crisis económica y social sin precedentes que cae como una loza entre más de la mitad de los jóvenes españoles bajo las formas del desempleo, la desesperanza y la emigración.

Los del gobernante PP, los llaman despectivamente frikis o sea loquitos, raritos. Pero estos señores del establishment perdieron millones de votos -casi tantos como los perdidos por sus supuestos opositores de izquierda del PSOE, (provocó la renuncia de Rubalcaba)- a manos de esos raritos. Una catástrofe compartida.

Felipe González, el benemérito jarrón chino de la política española (como a él mismo le divierte verse), reaccionó acorde a los temores de rotura que lo atraviesan.
El anciano líder lejos de lamentarse por el crecimiento electoral de la extrema derecha europea -que es el verdadero y más preocupante signo que dejan estas elecciones- dijo que sería una catástrofe que prendieran en Europa y en España "alternativas bolivarianas influidas por algunas utopías regresivas", nada peor, al parecer, que la amenaza populista. Felipe no es ignorante, acude a esas engañosas metáforas no por desconocimiento, sino porque intenta meter miedo a los bienpensantes que son su principal base. Antes que él, los serios líderes europeos de la austeridad apoltronados en Bruselas hicieron lo mismo con Alexis Tsipras; reaccionar por miedo y acusarlo de populista. Merecen que se les replique: Es la democracia ¡imbéciles!
Seguramente quieren ocultar que la utopía de una europa moderna, democrática y fuente de bienestar, gracias a ellos, ha dejado de existir como promesa universal sino solo para unos pocos (y pocas) privilegiados y, encima, es esto lo que serios señores (y señoras) de la real-politik anuncian de palabra y de hecho -con sus políticas de recorte- todos los días.

Estos jóvenes, en cambio, lejos de constituir una amenaza para nadie son un ejemplo de compromiso, de esperanza de futuro porque expresan mejor que la casta gobernante una demanda social realmente existente. Se trata entonces de no aflojar. Juntos Podemos!!!


bastadeodio                                                                

martes, 2 de octubre de 2012

LA ANTIPOLÍTICA

El recurso del avestruz. Responder al síntoma, ignorar la causa.

Mariano Rajoy ignora y desprecia a los indignados españoles mientra alaba a sus similares árabes. Hay primavera árabe y es bienvenida pero, guay! de hablar de una primavera hispana, eso no existe en la calle, solo en el almanaque.
En España, señores y señoras, según Rajoy hay, por un lado, una mayoría silenciosa que es digna de todos los respetos y a la cual se dirige el gobierno español, pero por otro, hay una minoría de sucios, feos y malos que no merece la más mínima consideración, es más, cuando se ponen molestos o demasiado atrevidos, palos, eso, palos, gases y balas de goma, que para eso se las ha comprado.

Poco importa que el desempleo entre los jóvenes españoles esté en casi el 26%, de que España toda lleve ya cinco años de recesión, que buena parte de la población haya perdido sus empleos y hasta su vivienda. Como mucho reconocen el fenómeno de la recesión o, más eufemísticamente, de la crisis, pero ignoran sus causas económicas y sus consecuencias sociales.

Justifican de manera innoble que el ajuste recaiga en una parte estadísticamente menor, pero muy importante desde el punto de vista ético y humanitario, las decenas de miles de extranjeros residentes "sin papeles", provocando que estén en una situación aún peor, lindante con el abandono de persona.

Poco importa que no se vea la luz al final del túnel, ni siquiera que tal luz exista y que muchos pierdan con razón la esperanza.

Nada importa que cuando se es gobierno, no se cumpla con lo prometido durante la campaña electoral. La palabra empeñada se convierte en papel mojado frente a las presiones de la realidad. Es la "razón de Estado" por encima  hasta del honor.

No, dicen que esas multitudes vociferantes y atrevidas se ponen a sí mismas fuera de la ley, que son vándalos que no respetan las instituciones y que están mejor en las cárceles o en su casa y calladitos más que en la calle protestando. Eso lo tienen bien en claro.

Tampoco importa que entre los que protestan no surjan líderes que puedan capitalizar el descontento. Y cuando parecen surgir -como en Grecia- hacen lo imposible para cerrarles el paso.

No, para el gobierno, la consigna "que se vayan todos" y que hizo su aparición muy fuerte en las últimas manifestaciones, es una prueba evidente de que este movimiento inorgánico es intrínsecamente malo y que pone en riesgo a la institucionalidad democrática misma.

Sobre actuando el dramatismo, el movimiento es visto como la antesala del temible populismo. Afirman que les recuerda la situación creada en la Alemania de Weimar en los momentos previos al surgimiento del nazismo.

Hay que ser caradura, cuando se trata de meter miedo, de desmovilizar a la protesta, de quitarle fuerza, todo vale. Hasta identificarlos con los nazis. Acusan de poner a España frente al abismo:

"La antipolítica deviene así en una épica de la multitud que agita la normalidad repetitiva de las leyes y la representación para ver qué surge del abismo excepcional, olvidando que siempre la primera víctima de esta peligrosa deriva es la propia libertad.", dice el Secretario de Estado de Cultura del gobierno español, José María Lassalle.

Los movilizados son la "antipolítica" y ya está, al basurero de la historia con ellos, junto con los nazis, los fascistas...aunque, curiosamente, no se encuentre allí Don Francisco Franco, su épica nacionalista y los millares de muertos por su causa, a pesar de que evidentemente fueron socios de la locura autoritaria y que éste caballero español sí que se rebeló contra las instituciones hasta tumbarlas por completo. No Franco es otra cosa, Franco es de ellos, un prócer demócrata de derechas, respetuoso de las libertades liberales. Je!, hay que tener morros.

Ni se les ocurre pensar que la causa fundamental de la crisis y del descontento subsiguiente es la renuncia de los políticos, de cualquier signo que sean y que hayan estado o estén al frente de los diferentes gobiernos más o menos recientes, para dar soluciones creativas que tengan en cuenta los problemas y las restricciones, pero que también tengan principalmente en cuenta las necesidades de la gente.

En vez de hacer lo que corresponde que hagan que es gobernar, cedieron el control de la economía y, en consecuencia, de la política y del gobierno real mismo, a funcionarios que están más allá de las fronteras del país y a los que nadie ha votado.

Incluso no se hace el debido análisis de las causas múltiples y concomitantes que explican el surgimiento de esos movimientos calificados de "populistas" que asolaron a Europa en el período de entre guerras. De ninguna manera para justificarlos, sino solo para entenderlos. Reescriben la historia en función de sus necesidades actuales.
Negar, excluir, estigmatizar, justificar la represión.

Se dan palos y cárcel a los que protestan en contra de un estado de cosas realmente injusto e insatisfactorio por donde se lo mire, en nombre de "las libertades democráticas" esas que ellos mismos no supieron defender y transformaron en frases carentes de sustancia.

No se puede creer tamaña hipocresía. Es el recurso del desesperado, de la avestruz, del que no tiene ningún control sobre la situación, pero simula que puede con ella.

En el cargo que los funcionarios del gobierno español hace recaer sobre los indignados, el de ser representantes de la antipolítica se esconde un análisis deliberadamente superficial de la realidad y una falacia. Los indignados no reclaman por menos política, sino por lo contrario, por la vuelta de la política, aquella que en los albores de la nueva democracia española, supo encantar a los ciudadanos, hacerlos sentir importantes, protagonistas, no una mera estadística.

bastadeodio                                                                  

jueves, 27 de septiembre de 2012

Rajoy apela a la mayoría silenciosa

Antonio Berni - La mayoría silenciosa (1962)
Materiales varios sobre madera 180 x 152 cm
España está sumergida en una de las peores crisis de su historia moderna, los elementos que la definen no son muy diferentes a los que se presentan en otros países europeos y en todos ellos se aplica para enfrentarla una estrategia similar. La estrategia está diseñada y supervisada por el Banco Central Europeo (BCE), el FMI y las autoridades de la Unión Europea (CE). La Troika.
La estrategia implica reducir drásticamente el gasto público de los estados para obtener los excedentes financieros que permitan "pagar la deuda" soberana contraída con la banca internacional. La consecuencia inmediata de estas políticas son la recesión, la pérdida masiva de empleos, la caída de la inversión, una desconfianza generalizada, el recorte en las ayudas sociales y finalmente pobreza y desesperación en millones de familias, que no encuentran explicación a la pérdida repentina de sus viviendas, de su trabajo y la hipoteca que pesa sobre su futuro.
Esta situación, al disminuir el ritmo de la actividad económica paradójicamente empuja al agravamiento de la crisis. Ésta tiene consecuencias políticas además de sociales. Se sacude la unidad política de la Comunidad Europea, tiemblan los delicados equilibrios entre nacionalidades y regiones al interior de cada Estado miembro. No se sabe cuánta tensión más podrá soportar la actual estructura institucional sin romperse. De hecho, las democracias mismas están en peligro de perder su vitalidad, su contenido, su orientación hacia la gente y a la solución de sus problemas. Eso que se llamó Estado de bienestar es lo que está en crisis. Y con él está en crisis la democracia tal y como la reconstruyeron los europeos en los sesenta años que los separan del horror de la segunda guerra mundial.

Naturalmente que los sectores sociales más castigados por las políticas anticrisis protestan, lo hacen en las calles y ruidosamente, pero también lo hacen -para el que lo quiere ver- en silencio mostrando comportamientos impensados hace muy poco tiempo. Como revolver en la basura para obtener algún alimento. Son imágenes terribles que nos retrotraen a los años de la inmediata posguerra. Pero no hubo, no hay, una guerra europea en el sentido convencional del término.
Esta situación pone a prueba a las personas, en particular a los gobernantes. ¿Estarán a la altura de las circunstancias? ¿Serán poseedores de la mezcla de sensibilidad y racionalidad necesaria para enfrentarla?

Hace ya muchos años hubo en EEUU un presidente considerado brillante pero que acabó antes de tiempo y muy mal -echado- su segundo mandato. Su nombre era Richard Nixon y debió renunciar por mentiroso y porque lo pescaron. El caso que lo llevó al desastre es conocido como Watergate.

Era un gran orador. Una de sus piezas de oratoria más recordadas fue conocida como el discurso de "la mayoría silenciosa" (The silent majority), el que pronunciara el 3 de noviembre de 1969 al iniciar su presidencia.
En esos años, muy convulsionados para los EEUU por la guerra de Vietnam y los conflictos raciales, al infatuado de Richard se le ocurrió apoyar la continuidad de la guerra apelando a que las grandes manifestaciones antibélicas -aunque muy ruidosas y masivas- no eran representativas del verdadero sentimiento del pueblo norteamericano, el que con su silencio demostraba estar de acuerdo con su gobierno y que de esa manera, callando, le expresaban su confianza. Dijo en su discurso:

"En San Francisco, hace unas semanas, vi manifestantes llevando pancartas en las que se podía leer " Pierde en Vietnam, trae los chicos a casa", Bien, una de las fortalezas de nuestra sociedad libre es que cualquier Americano tiene el derecho de llegar a esa conclusión y defender ese punto de vista.
...Por casi 200 años, la política de esta nación ha sido hecha bajo nuestra Constitución por aquellos líderes en el Congreso y la Casa Blanca elegida por toda la gente. Si una minoría, fuese lo enérgica que fuese, prevaleciera sobre la razón y la voluntad de la mayoría, esta nación no tendría futuro como una sociedad libre.
...a vosotros, a la gran mayoría silenciosa de mis conciudadanos, pido vuestro apoyo. Juré en mi campaña presidencial acabar con esta guerra, de manera que pudiese ganar la paz. He iniciado un plan de acción el cual me permitirá mantener ese juramento. Cuanto mayor apoyo pueda tener de los ciudadanos Americanos, más pronto este juramento podrá ser cumplido. Cuanto más divididos estemos en casa, menos probable es que el enemigo negocie en París.
Unámonos por la paz. Unámonos contra la derrota. Comprendamos que Vietnam del Norte no puede derrotar o humillar a los Estados Unidos. Sólo los Americanos pueden hacerlo."

Por supuesto que Nixon no inventó la frase, solo amplió su significado y lo utilizó políticamente. Originalmente significaba, unirse a la mayoría silenciosa, es decir unirse a los muertos.

Nixon apelaba con esa frase a los sectores de clase media, urbana y rural, blancos de orientación más bien conservadora, honestos, que cumplen sus obligaciones, buenos cristianos, que no participan activamente en la política pero que pasan a representar los más tradicionales valores idealizados atribuidos a la sociedad yanqui. Existe en Youtube una versión completa subtitulada del documental Sir!, no sir! producido por la BBC y dirigido por David Zieger, que es una imperdible introducción testimonial a la problemática antibélica en aquellos años.

El término fue empleado con asiduidad por Ronald Reagan durante sus campañas electorales. Se puede decir que se ha hecho un lugar común entre los republicanos.

Díganme si no suena terrible y a la vez tan cargado de simbolismo. Rajoy está en Nueva York asistiendo a la Asamblea General de las Naciones Unidas. Estrenando su gobierno y sus planes de ajuste ante los líderes del mundo y, especialmente, ante el gran lobby conservador de empresarios yanquis.

En la tarde de ayer se dispuso a disfrutar de su gran momento: dar una conferencia ante los miembros del exclusivo Club de las Américas, una institución conservadora que tiene por finalidad salvaguardar los intereses norteamericanos en los "países hispanos" como a ellos les gusta nombrarnos achatando las diferencias y simplificando las cosas.

En América Latina los conocemos bien, pero no nos han dejado para nada un buen recuerdo. En esos ámbitos -que tienen sus sucursales locales- se discutieron y prepararon muchas de las decisiones que trajeron hambre, pérdidas de empleos y de derechos y un sin fin de calamidades a nuestros pueblos, incluidos los golpes de Estado y dictaduras sangrientas. Pero volvamos al siglo XXI.

Así comenzó Rajoy su conferencia:

Permítanme que haga aquí en Nueva York un reconocimiento a la mayoría de españoles que no se manifiestan, que no salen en las portadas de la prensa y que no abren los telediarios. No se les ven, pero están ahí, son la mayoría de los 47 millones de personas que viven en España. Esa inmensa mayoría está trabajando, el que puede, dando lo mejor de sí para lograr ese objetivo nacional que nos compete a todos, que es salir de esta crisis”.

...“Si ellos están a la altura de la gravedad del momento que vivimos, creo que quienes ocupamos el espacio público, el Gobierno, el resto de las administraciones, los partidos políticos, el que apoya al Gobierno y la oposición, los medios de comunicación y los sindicatos deben estar a la altura de la sociedad y no estropear con intereses de vuelo corto la grandeza del comportamiento de nuestros compatriotas”.

Es que lo que había sucedido en las calles de Madrid con la represión a la protesta pacífica de cientos de miles de españoles, no lo dejaba bien parado ante la prensa internacional. Tampoco el desafío independientista del pueblo de Cataluña, ni las ambigüedades del presidente de la Generalitat.

 

En cierta forma y salvando las obvias distancias de tiempo y de espacio, la situación de Rajoy tiene un cierto deja vú de la experimentada por Richard Nixon.  Y no solo porque ambos emplearan la misma frase y con el mismo sentido.
En su caso Nixon apelaba al honor de aquellos americanos que no deseaban "abandonar a un amigo en apuros" y que estaban dispuestos a "honrar sus compromisos". Trató entonces de convencerlos de que él tenía un plan para que se pudiese llegar al fin de la guerra de una forma honorable y manteniendo, además, la libertad de Vietnam del Sur.

Nada fue como él lo esperaba. Entre ese discurso y la retirada apresurada, caótica y con inocultable aspecto de derrota total de las fuerzas norteamericanas y de su aliado survietnamita (1975), se descubrió y desarrolló el escándalo del Watergate (1972). Finalmente, Richard Nixon terminó pasando a la historia como el mentiroso -pescado en el acto de mentir- que realmente era, un tipo sin honor ni escrúpulos, en lugar del destino brillante que esperaba conseguir. Dejó dos aportes insustanciales, la apelación a "la mayoría silenciosa" como una astuta forma del engaño o una licencia para hacer cualquier cosa y la terminación gate que se suele aplicar a los escándalos políticos.

El problema de fondo de Nixon y, por extensión de Rajoy, es de orden moral. Nixon tenía la convicción de que él, sus intereses particulares y los de las corporaciones que lo apoyaban, estaban por encima de los intereses del pueblo norteamericano y, en consecuencia, más allá de la misma moral, honor y disposición para el sacrificio que atribuía a sus ciudadanos.

Rajoy, en una encrucijada similar, apela a similares estratagemas, afirma que la mayoría del pueblo español lo apoya en el camino de los enormes sacrificios que les propone hacer y que si lo siguen, claro está, luego de las inevitables penurias, les promete que verán la luz al final del túnel. Supone, como Nixon, que el silencio de sus conciudadanos significa aceptación del plan propuesto. Como poco, es demasiado suponer.
¿Realmente cree la mayoría de los españoles que no hay otro camino posible para superar la crisis?, ¿realmente no habrá muchos entre los silenciosos que piensen que sería mucho mejor si los costos se repartiesen de una forma más justa, cargando con más los que más tienen y no como se les está proponiendo que es justo al contrario?, ¿están callados porque están convencidos o porque están aterrados; porque los ladridos y gruñidos de la Troika les han metido realmente miedo?.¿No les estará pasando a los españoles lo mismo que les pasó a los griegos en las recientes elecciones?¿Se trata realmente de una elección libre e informada, democrática o, por el contrario, de un "lo aceptas o te quedas fuera"?

Es posible que Rajoy cometa el mismo error de apreciación que Nixon. Pero hay, además, una diferencia y no es pequeña, Nixon sabía que no podía faltarle el respeto a los cientos de miles de norteamericanos, muchos de ellos ex combatientes, que le exigían a grito pelado el fin de la guerra. No los llamó traidores a la patria, sino patriotas equivocados.

Rajoy, en cambio, maltrata a aquellos que le protestan, que no le creen, que se manifiestan en contra. En una muestra de insensibilidad muy preocupante, niega la realidad misma que acosa a miles de españoles y pretende ocultarla con un  pase de su capote discursivo. Pero su discurso, es sabido, no tiene siquiera la elegancia y la habilidad dialéctica que se pueden reconocer en el de Nixon.

Dice el diario El País:

"La crisis española, la económica y la política, han perseguido a Rajoy en EE UU. Poco importa que el presidente solo haya admitido dos preguntas de los periodistas, el domingo a su llegada al hotel. The New York Times publicó un sombrío reportaje sobre la situación social española -con mendigos rebuscando comida en la basura y familias desahuciadas- al día siguiente de que el Rey visitara su redacción; mientras que el presidente estaba en la sede de The Wall Street Journal y Madrid era escenario de una batalla campal. Incluso se topó con dos decenas de manifestantes independentistas a su llegada a la conferencia. En esas condiciones, poco importa que, como subrayó, su Gobierno disfrute de una holgada mayoría absoluta o que empresas españolas acometan proyectos de la envergadura del AVE a la Meca o la ampliación del Canal de Panamá. “La percepción de la imagen de España no se corresponde con la realidad”, se lamenta. Y la culpa la tienen los demás."

bastadeodio                                                                                 

sábado, 12 de mayo de 2012

Los Indignados y el mito

¿Crisis del sistema o Sistema en crisis?
Más de 80 ciudades españolas y 50 países se suman a una convocatoria que -se espera- dará inicio a varias jornadas de debates y charlas para refrendar propuestas. Las protestas conmemorativas del primer año de la indignación se celebrarán bajo estricta vigilancia policial, con tiempos fijados por la autoridad y con la prohibición de montar acampadas como las del año pasado.
El movimiento, que ha seguido durante este tiempo su labor en los barrios y en las redes sociales, busca pulsar su fuerza ahora que los recortes presupuestarios y sociales del Gobierno de Mariano Rajoy y la crisis bancaria -el sector más criticado por los indignados- se encuentran en primera línea de las preocupaciones ciudadanas.

"Para robar un banco necesitas una pistola, para robarnos a todos necesitas un banco" 

Política Hood Robin: quitarle a los pobres para dar a los ricos
La celebración del primer aniversario del movimiento tendrá su comienzo el sábado 12 de mayo, cuando cuatro marchas desde los barrios madrileños converjan en su plaza símbolo: la Puerta del Sol. Las manifestaciones están autorizadas por la Delegación del Gobierno con un punto de fricción: las dos horas de más que el movimiento pretende quedarse en la plaza más allá de lo permitido, de diez a doce de la noche.

La delegada gubernamental, Cristina Cifuentes, dijo el miércoles pasado que sería "flexible" al tiempo que marcó la línea roja: que no vuelva a montarse una acampada. Los tres principales sindicatos policiales, que hablan de hasta 3.000 policías antidisturbios movilizados, se enfrentan con preocupación a la noche del sábado y piden que no haya injerencias políticas en el dispositivo.

Portavoces del movimiento sostienen que ellos no han pedido ninguna autorización y que piensan seguir adelante con sus planes, que pasan por terminar la jornada de movilizaciones con un grito mudo en Sol a las doce de la noche, en recurso de aquel grito mudo con el que despidieron la jornada de reflexión de las elecciones municipales y autonómicas. No está claro si el plan es acampar, porque han llamado a celebrar una "asamblea permanente" en Sol del sábado 12 al martes 15.

Vista de Puerta del Sol el año pasado
Mitos y Realidades
La Puerta del Sol ha adquirido un peso incontestable como símbolo. No se conoce aún cuál será el alcance del movimiento de los indignados, pero sí parece indiscutible que, cuando el 15 de octubre del año pasado ciudades de 82 países se manifestaron según el ejemplo madrileño, Sol pasó a ser un producto de exportación español.

Un capital simbólico valiosísimo. Tanto que los indignados -decididos a recuperar el lugar de su origen- y las autoridades -insistentes en que no permitirán una ocupación del espacio público más allá de la autorizada por Delegación de Gobierno (una manifestación de cinco horas el día 12, y tres de 10, los días 13, 14 y 15)- están dispuestos a disputarse, a brazo partido, el control de la plaza. Eso de "ocupación del espacio" y las excusas que desde el gobierno se esgrimen para limitarla, incluso los aliados sociales que encuentran, me recuerdan inevitablemente a las posturas del alcalde de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri.

Nosotros creamos un mito, un lugar en el que se concretaba una idea de pertenencia política distinta a los movimientos existentes, y el Gobierno ha querido responder con otro mito, el del macrocentro económico y turístico de Madrid. Esto nos sitúa en una lucha simbólica”, opinaba una de las movilizadas.

Cataluña: A ritmo de Batucada
Es cierto se trata, por ahora, de un mito. El movimiento ha tenido francamente poco impacto sobre la realidad política española al punto que aquellas políticas que denunciaba han ganado en las últimas elecciones el gobierno y con ello le están imponiendo al conjunto de la sociedad española uno de los ajustes más salvajes de su historia reciente. El contexto político, económico y social en que se celebra el aniversario es comparativamente mucho peor que el existente hace un año y las advertencias de los indignados no parecen haber sido atendidas por la mayoría del pueblo español.

Cataluña: "Exigimos trabajo y prestaciones dignas"
Para influir en el curso de los acontecimientos no alcanza con haber construido un mito. El mito es un elemento presente en los relatos políticos pero no lo constituyen. Su existencia puede ser un elemento necesario o por lo menos algo a favor a condición de que esta coincidencia de sensibilidades madure y se constituya en una real propuesta alternativa. Despreciar e ignorar a las estructuras políticas tradicionales -en una suerte del ¡qué se vayan todos!- no puede constituirse en la única vía del cambio. Superar las limitaciones del mundo digital y discursivo en el que básicamente se desenvuelven y avanzar hacia las problemáticas de la realidad cotidiana es el gran desafío que les permitirá a "los indignados" transformar el mito -limitado al plano simbólico- en una fuerza social real de cambio. Ese es el desafío al que se enfrentaron y se enfrentan los indignados. Está por verse aún si están a su altura. Espero que así sea por el bien del pueblo español.

bastadeodio