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lunes, 15 de diciembre de 2014

Kiev, con apoyo de la OTAN, prepara un ataque final contra los rebeldes de Dombas

milicias irregulares pro ucranianas al mando de Kiev, entrenándose
La escasa presencia en los principales medios locales e internacionales de noticias sobre Ucrania y el conflicto étnico-político que tiene Kiev con las provincias del este, de mayoría ruso hablante, no significa de ninguna manera que éste haya entrado en un punto muerto y menos aún que un acuerdo sea posible. La manipulación informativa consiste tanto en mencionar, para mentir y tergiversar, como su contrario, ignorar, para ocultar lo que se prepara y luego intentar presentar los enfrentamientos como una respuesta justa a una supuesta agresión del "enemigo".
Es un mecanismo que no por bien conocido deja de ser empleado.
Kiev no quiere la paz, Kiev quiere la guerra para realizar una espantosa limpieza étnica en el este del país. A la OTAN no le importarán los crímenes de guerra que seguramente se cometerán, incluso usará toda su influencia para ocultarlos, solo le importa apretar aún más el lazo que pretende ahogar a Rusia e instalar bases militares permanentes que apunten al corazón de este país desde su propia frontera occidental.

James Petras es un sociólogo estadounidense muy conocido por sus investigaciones sobre el imperialismo y los conflictos que éste genera en el mundo. Lo que sigue es su opinión sobre cuál es el estado actual de situación en Ucrania:

Guerra sin cuartel en Ucrania: “Ofensiva final” de la OTAN

por James Petras - Introducción

Hay signos evidentes que indican la inminencia del estallido de una gran guerra en Ucrania. Una guerra promovida activamente por los países de la OTAN con el apoyo de sus aliados y clientes en Asia (Japón) y Oriente Próximo (Arabia Saudí). Estará caracterizada por una ofensiva militar a gran escala contra la región suroriental de Dombas -donde se sitúan las repúblicas populares ucranio-rusas de Donets y Lugansk, de aspiraciones separatistas- con la intención de deponer al gobierno elegido democráticamente, desarmar a las milicias populares y acabar con los guerrilleros de la resistencia y su base ciudadana, desmantelando a las organizaciones populares representativas y participando en la limpieza étnica de millones de ciudadanos bilingües ucranio-rusos. El próximo ataque militar de la OTAN a la región de Dombas es una continuación y una extensión del golpe de Estado violento de Kiev, que derrocó en febrero de este año al gobierno electo.

La junta de Kiev y sus gobernantes clientelares recientemente “elegidos”, así como sus patrocinadores de la OTAN, están resueltos a llevar adelante una gran purga con tal de consolidar el gobierno dictatorial del títere Poroshenko. Las recientes elecciones patrocinadas por la OTAN excluyeron la participación de varios de los partidos políticos que tradicionalmente habían apoyado a las grandes poblaciones minoritarias del país y fueron boicoteadas en la región de Dombas. Esta farsa electoral de Kiev sentó las bases para el siguiente movimiento de la OTAN, que tiene como objetivo convertir a Ucrania en una gigantesca base militar multifuncional de EE.UU., para poder llegar al corazón de Rusia y servir como una nueva colonia del capital alemán, suministrando a Berlín cereales y materias primas y sirviendo de mercado cautivo para los bienes manufacturados alemanes.

Occidente está siendo barrido por una fiebre bélica y las consecuencias de esta locura se agravan con el paso de las horas.

Señales de guerra: Campaña de propaganda y de sanciones, cumbre del G-20 y refuerzos militares

El redoble oficial de guerra, iniciado por la junta de Kiev y sus milicias fascistas, resuena a diario en todos los medios de comunicación occidentales. Los principales creadores de propaganda y los portavoces de los gobiernos publican o anuncian nuevos relatos manipulados sobre el aumento de las amenazas militares rusas a sus vecinos y las incursiones transfronterizas en Ucrania. Se “informa” de nuevas incursiones rusas desde las fronteras nórdicas y los estados bálticos al Cáucaso. El gobierno sueco contribuye a aumentar el nivel de histeria al hablar de un misterioso submarino “ruso” cerca de la costa de Estocolmo, sin llegar a identificarlo o localizarlo (ni, por supuesto, a confirmar su “observación”). Estonia y Lituania afirman que aviones militares rusos han violado su espacio aéreo, aunque tampoco llegan a confirmar la noticia. Polonia expulsa a “espías rusos”, sin pruebas ni testigos. Al mismo tiempo, los ejércitos de estados clientelares de la OTAN desarrollan ejercicios militares conjuntos a gran escala a lo largo de las fronteras rusas, en los países bálticos, Polonia, Rumania y Ucrania.

La OTAN está enviando enormes cargamentos de armas a la junta de Kiev, así como asesores de las “fuerzas especiales” y expertos en contrainsurgencia, en anticipación de un ataque a gran escala contra los rebeldes de Dombas.

El régimen de Kiev nunca ha llegado a cumplir en alto el fuego acordado en Minsk. Según la oficina del Derechos Humanos de la ONU, un promedio de 13 personas –civiles en su mayoría- han muerto cada día desde la firma del alto el fuego de septiembre. Los informes de la ONU hablan de 957 personas asesinadas en ocho semanas, la inmensa mayoría de ellas por las fuerzas armadas de Kiev.

Por su parte, el régimen de Kiev ha suprimido todos los servicios públicos y sociales básicos a las “Repúblicas Populares”, incluyendo la electricidad, el combustible, las pensiones, los suministros médicos, y los salarios a funcionarios, profesores, personal sanitario y trabajadores municipales, además de bloquear la banca y el transporte.

La estrategia consiste en estrangular aún más la economía, destruir la infraestructura y forzar a un éxodo masivo de refugiados desde las ciudades densamente pobladas de la frontera hacia Rusia, para luego lanzar ataques masivos, con misiles y artillería, por tierra y aire contra los centros urbanos y las bases rebeldes.

La junta de Kiev ha dispuesto una movilización total en las regiones occidentales, acompañada de furiosas campañas de adoctrinamiento contra los rusos y los ortodoxos del este, destinadas a atraer a los matones más violentos de la extrema derecha chovinista e incorporar brigadas militares filonazis a las tropas de choque de vanguardia. La utilización cínica de milicias fascistas irregulares “liberará” a la OTAN y a Alemania de cualquier responsabilidad por el terror y las atrocidades inevitables de la campaña. Este sistema de “denegación verosímil” reproduce las tácticas de los nazis alemanes, cuyas hordas de ucranianos fascistas y croatas de la Ustacha fueron notorias durante sus campañas de limpieza étnica.

El G-20 y la OTAN: Apoyo a los bombardeos de Kiev

Con el fin de aislar y debilitar la resistencia en Dombas y garantizar la victoria de los inminentes bombardeos del ejército ucraniano, la Unión Europea y Estados Unidos están intensificando sus presiones económicas, militares y diplomáticas sobre Rusia para que esta abandone a las recientes democracias populares de la región sudeste de Ucrania, que tienen en Moscú a su principal aliado.

La escalada de sanciones económicas contra Rusia está diseñada para debilitar la capacidad de la resistencia de Dombas de defender sus hogares, pueblos y ciudades. Cada uno de los envíos de suministros médicos básicos y de alimentos que realiza Rusia a la población sitiada crea nuevos estallidos de histeria, porque contrarrestan la estrategia de la OTAN destinada a matar de hambre a los partisanos y a su base popular para obligarles a someterse a o provocar un éxodo en busca de la seguridad tras la frontera rusa.

Después de sufrir una serie de derrotas, el régimen de Kiev y sus estrategas de la OTAN decidieron firmar un “protocolo de paz”, el denominado acuerdo de Minsk, para detener el avance de las tropas de la resistencia de Dombas hacia las regiones del sur y proteger a los soldados y milicias de Kiev que resistían en bolsas aisladas en el este. Los acuerdos de Minsk tenían como objetivo permitir que la junta de Kiev formara su ejército, reorganizara sus mandos e incorporara a las diversas milicias nazis a sus filas como preparación para la “ofensiva final”. El refuerzo del ejército en el interior y la escalada de sanciones de la OTAN en el exterior serían dos aspectos de la misma estrategia: el éxito de un ataque frontal a la resistencia democrática de Dombas depende de la reducción del apoyo militar ruso por causa de las sanciones internacionales.

La hostilidad despiadada de la OTAN hacia el presidente Putin se puso claramente de manifiesto en la cumbre del G-20 en Australia. Las amenazas políticas y los insultos públicos de los presidentes y primer-ministros de la OTAN, especialmente, Merkel, Obama, Cameron, Abbott y Harper, fueron un complemento del incremento del bloqueo destinado a producir el hambre entre los rebeldes y los centros de población sitiados del sudeste. Tanto las amenazas económicas del G-20 contra Rusia y el aislamiento diplomático de Putin como el bloqueo económico de Kiev son preludios de la “Solución Final” de la OTAN: la aniquilación física de cualquier vestigio de resistencia en Dombas, de la democracia popular y de sus lazos culturales y económicos con Rusia.

Kiev depende de que sus mentores de la OTAN impongan nuevas severas sanciones contra Rusia, especialmente si la invasión que planea se encuentra con una resistencia firme y bien armada, reforzada por el respaldo ruso. La OTAN cuenta con que la recientemente reforzada capacidad militar pueda destruir con eficacia los centros de resistencia del sudeste.

La OTAN se ha decantado por una campaña de “todo o nada”: apoderarse de toda Ucrania o, si no lo consigue, destruir al incontrolable sudeste, arrasar a su población y su capacidad productiva y emprender una guerra económica (y posiblemente también armada) sin cuartel contra Rusia. La canciller Angela Merkel apoya dicho plan, a pesar de las quejas de los empresarios alemanes, que ven caer en picado sus exportaciones a Rusia. El presidente Hollande también ha ofrecido su respaldo haciendo oídos sordos a las protestas de los sindicalistas franceses, preocupados por los miles de empleos que se perderán en los astilleros. El primer ministro británico, David Cameron, está deseando una guerra económica contra Rusia y ha sugerido que los banqueros de la City londinense deberían encontrar nuevos canales para blanquear las ganancias ilícitas de los oligarcas rusos.

La respuesta rusa

Los diplomáticos rusos buscan desesperadamente un compromiso que permita a la etnia ruso-ucraniana del sudeste Ucrania retener cierta autonomía dentro de una federación y recuperar su influencia dentro de la “nueva” Ucrania resultante del golpe de Estado. Los estrategas militares rusos han proporcionado ayuda logística y militar a la resistencia con el fin de evitar otra masacre similar a la que tuvo lugar en Odessa, cuando fascistas ucranianos asesinaron a miles de conciudadanos de etnia rusa. Por encima de todo, Rusia no puede permitirse tener bases militares conjuntas de la OTAN y los nazis de Kiev a lo largo de su frontera común, con capacidad para imponer el bloqueo de Crimea y forzar un éxodo de las personas ruso-ucranianas de la región de Dombas. Con Putin a la cabeza, el gobierno ruso ha intentado proponer compromisos que permitieran la supremacía económica occidental sobre Ucrania, pero sin ceder ante la expansión de la OTAN y la absorción de Kiev.

Esta política de conciliación ha fracasado una y otra vez.

El “régimen de compromiso” democráticamente elegido en Kiev fue derrocado en febrero de 2014 tras un golpe de Estado violento que instaló en el poder a una junta favorable a la OTAN.

Kiev ha violado el acuerdo de Minsk impunemente, con el apoyo de las potencias de la OTAN y de Alemania.

La reciente cumbre del G-20 en Australia actuó como un coro demagógico contra el presidente Putin. El encuentro crucial de cuatro horas entre Putin y Merkel resultó un completo fiasco ya que Alemania se limitó a seguir a pies juntillas la consigna de la OTAN.

Finalmente, Putin respondió ampliando la disposición de tropas aéreas y terrestres listas para intervenir a lo largo de sus fronteras, al tiempo que aceleraba el acercamiento económico de Moscú hacia Asia.

Pero lo más importante es que el presidente Putin ha anunciado que Rusia no puede quedarse al margen y permitir la masacre de todo un pueblo en la región de Dombas.

El inminente bombardeo que Poroshenko prepara contra la población del sudeste de Ucrania ¿tiene como objetivo provocar una respuesta de Rusia ante la crisis humanitaria? ¿Se enfrentará Rusia a la ofensiva de Kiev -dirigida por la OTAN- arriesgándose a una ruptura total con Occidente?

Diciembre 4 de 2014
(Traducido por Paco Muñoz de Bustillo)

Fuente: el espía digital

bastadeodio                                                                        

martes, 2 de diciembre de 2014

¿Quién amenaza a quién?

El oso ruso devorando Ucrania
Esta es la ilustración de Fernando Vicente para la nota de opinión "Ucrania: La pasión europea" escrita por Mario Vargas Llosa para el diario El País en la que éste crea un relato poco verosímil acerca de un pueblo víctima y un estado totalitario victimario con un dramatismo digno de un cuento de ficción.

El escritor oculta celosamente -entre muchas otras cosas-  lo que cualquier europeo medianamente informado sabe: que la mafia corrupta que desplazó al anterior gobernante electo Yanukóvich -luego de las llamadas revueltas democráticas del Maidán (*), apoyadas y financiadas por los EEUU- lo que quiere por sobre todas las cosas es dinero, dinero que obviamente deberán poner ellos, los gobiernos europeos, cosa que no les gusta para nada especialmente porque dinero es lo que no les sobra.
El estilo de la ilustración se corresponde con el empleado en la peor propaganda occidental de la guerra fría, salvo el pequeño detalle de que la estrella en el gorro del oso no es la roja de la URSS sino que tiene los colores de la bandera actual de la Federación Rusa.
Este estilo que intenta reinstalar a Rusia como el eje del mal (Reagan), como el país imperialista y el agresor, es común en toda la prensa occidental dominante.

Vargas Llosa dice en la nota, que le dijo Poroshenko, el actual presidente: “Los zares, Lenin, Stalin, trataron de desaparecernos. Ahora todos ellos están muertos y Ucrania sigue viva. ¿Qué debemos hacer, pese a la desigualdad de fuerzas con Rusia? Luchar, no hay alternativa”.

El sesgo no deja de ser llamativo, el presidente usurpador no menciona -ni Vargas Llosa lo lleva a recordar- a las hordas nazis de Hitler que la ocuparon encontrando considerable apoyo interno, pero, a la vez, heroica resistencia y que terminaron arrasándola en su postrera retirada apresurada hacia Alemania escapando de la demoledora contraofensiva del Ejército Rojo. La omisión no deja de ser una pista importante acerca de cómo ve él la historia reciente de su país y, en consecuencia, cómo podría interpretar la actual situación.

La existencia en Ucrania de variados grupos nacionalistas de derecha, algunos de ellos de ideología nazi, es en parte consecuencia histórica del hecho de ser considerado el país una frontera entre Europa y Asia. De hecho el nombre Ucrania significaba originalmente eso: frontera. A lo largo de su historia casi siempre fue un territorio en disputa por parte de las potencias circunstanciales que la rodeaban y cambió muchas veces de dominador.

Durante la segunda guerra mundial milicias nacionalistas ucranianas se unieron formalmente a las tropas de las SS combatiendo a su lado en diversos puntos de la geografía europea de la guerra. (**)

En las recientes manifestaciones del Maidán, inicialmente pacíficas, previas a la destitución de Yanukóvich, grupos entrenados de estas mismas organizaciones o sus herederas, oficiaron de fuerzas de choque para enfrentar a las fuerzas policiales y en esos enfrentamientos cometieron actos de violación de los DDHH que están documentados pero que no han sido denunciados por las autoridades ucranianas ni por las europeas. Existen también serios indicios del apoyo que parte de estos grupos extremistas recibieron de miembros del gobierno y del parlamento norteamericano. 
Milicias de derecha ucranianas en el euro-Maidán
Está claro entonces que reducir el conflicto de Ucrania a una lucha por la democracia y la libertad de un pueblo es simplificar demasiado. Es más justo decir que se trata de un (viejo) conflicto que busca involucrar a toda Europa en una potencial guerra local en contra de otro país europeo -Rusia- con el solo objetivo de debilitarlo y, si es posible, detener su resurgimiento económico, social y cultural. Europa, en general, y en particular Alemania, no están interesadas en involucrarse directamente en este llamado.
Hasta el actual presidente lo sabe: “Nadie va a ir a la guerra por Ucrania, lo sabemos de sobra. Ojalá que, por lo menos, nos den armas para defendernos”.

Armas quizás les den (vendan), quizás también -si es que ya no están- acudan en su "ayuda" asesores y empresas privadas de mercenarios, made in USA o Israel, especialmente entrenados en guerras sucias. Lo que es seguro es que si triunfan los señores de la guerra, el pueblo ucraniano, ese que no está de acuerdo con los extremismos pero los tolera con la vana ilusión de que, por fin, pueda encontrar la paz y la prosperidad, será el que ponga la mayor cuota de sangre y sufrimiento.

Conclusiones:
1) Es necesario tener en cuenta que el conflicto de Ucrania forma parte de un conflicto mayor. Desde la disolución de la URSS y el breve "fin de la guerra fría", EEUU, sus satélites europeos y su brazo armado que es la OTAN están cercando militarmente a la Federación Rusa, llevando sus tropas y armas de exterminio masivo a su misma frontera, utilizando su poder mediático para convencer al mundo que es justo y necesario luchar contra el nuevo enemigo, el supuesto imperio autoritario y corrupto ruso.
El cerco, usando a Ucrania como excusa, es ahora también económico y comercial. Pretenden que la Federación Rusa colapse como lo hizo la URSS. El mundo unipolar que construyeron como vencedores de la guerra fría y del que se nombraron sus custodios armados no admite competidores exitosos.

2) Si bien Ucrania es usada como excusa contra Rusia, existe en este país un sentimiento anti ruso y pro occidental muy considerable (probablemente del orden del 40% de la población) y, además, están presentes importantes grupos de acción política violenta, de tendencia nacionalista e incluso neo nazi. A las marcadas diferencias políticas existentes entre el este y el oeste se suman diferencias culturales y económicas. En el este el poder adquisitivo de la población es notoriamente más alto y, además, la mayoría es ruso hablante.
La posibilidad de secesión territorial en el este ucraniano existe y sus consecuencias son potencialmente muy graves. La amenaza de un nuevo conflicto de los Balcanes pero esta vez en el centro de Europa es muy real. La situación de Crimea -aunque es cualitativamente diferente a los territorios del este- puede repetirse si no se da una respuesta adecuada a las demandas de autonomía y mucho peor si se intenta una represión generalizada por parte del gobierno de Kiev.

3) En muchos puntos de Europa las fuerzas de la OTAN y del ejército ruso están tan cerca que se "miran las caras". Hay puntos más calientes que otros. Uno de ellos es el este de Ucrania, pero hay otro al que se le presta relativamente menor atención por parte de la prensa y es la región del mar Báltico, en el norte europeo. Allí los despliegues de fuerza y las maniobras de la OTAN y de las fuerzas armadas rusas son muy frecuentes. Esa cercanía peligrosa de las fuerzas no se debe a una expansión de Rusia sino por el contrario a la expansión de la OTAN hacia territorios que antes estaban bajo la influencia de la URSS. En política existe algo similar al "horror al vacío" que existe en la física. Pero en política las reacciones a esos movimientos pueden ser letales para ambos cuerpos enfrentados y los que los rodean.

Notas:
(*) La reciente historia política de Ucrania es sumamente compleja e imposible de resumir aquí. En 2010 es electo en elecciones presidenciales limpias Viktor Yanukóvich, legitimidad que es ratificada en 2012 en las legislativas (ver mapa). Yanukóvich se oponía al ingreso de Ucrania en la UE y prefería continuar con la relación comercial preferencial con Rusia. La población ucraniana estaba dividida al respecto, pero en Kiev, su capital, se oponía mayoritariamente a esta política y comenzó a manifestarse pacíficamente reclamando su modificación, estas manifestaciones hacían centro en la Plaza de la Independencia (Maidán). Lamentablemente la intervención de grupos de extrema derecha convirtieron a la protesta pacífica en un enfrentamiento que dejó decenas de muertos y concluyó con la destitución del presidente en febrero de 2014. Un nuevo llamado a elecciones consagró al actual presidente, el magnate ucraniano de las golosinas, Petro Poroshenko favorable a la integración en la UE (y tal vez a la OTAN) y enfrentado a Rusia.

(**) A mitad de 1943, el ejército internacional de las Waffen-SS que el Reichsführer Heinrich Himmler llevaba gestando desde hacía años, autorizó incluir ucranianos entre sus filas para luchar contra los comunistas. Así nació la 14ª División SS Ucraniana “Galizien” con 29.124 voluntarios de un total de 82.000 solicitudes que se contabilizaron en Galitzia (región ucraniana que limita con Polonia). Muchos de los nuevos soldados ucranianos lucharon contra los partisanos polacos en Lublin y Chom en Polonia, así como contra los maquis en Francia o la resistencia holandesa en los Países Bajos. El reconocer a las milicias ucranianas como parte integrante de las Waffen-SS fue un gran paso por parte de los alemanes, que se dio pese a la oposición inicial de Hitler.

Apéndices: 1) Infografía


 (El mapa y la progresión en el tiempo de la OTAN, estableciendo un cerco a Rusia, hablan por sí solos)
Resultados de las elecciones parlamentarias 2012 con la ratificación del triunfo de Yanukóvich (color azul)
2) Testimonios y crónicas desde Ucrania:
Diario Público.es  a) Mapas y Gráficos
                            b) Lista de artículos

bastadeodio                                                                     

viernes, 3 de octubre de 2014

Soberana Primavera

Los EEUU han conseguido desestabilizar a la ex colonia británica de Hong Kong, con el objetivo final de desestabilizar a la propia China. Como antes lo hicieron con Ucrania para crearle problemas a Rusia. A esas supuestas protestas pro democracia, los medios dependientes de las políticas yanquis las llaman primaveras. ¿Es que hay acaso algo más bonito que la primavera?

El ministro de asuntos exteriores de China, Wang Yi, advirtió a Estados Unidos de que las protestas pro democráticas en Hong Kong son "asuntos internos" y aseguró que ningún país "toleraría actos ilegales que violen el orden público".

"Los asuntos de Hong Kong son asuntos internos de China, y todos los países deberían respetar la soberanía de China", señaló Wang antes de reunirse en Washington con el secretario de Estado de EE.UU., John Kerry.

Por su parte -sin que las declaraciones de su par chino parecieran afectarlo- Kerry reiteró que Estados Unidos apoya el reclamo de los manifestantes en Hong Kong, que piden elecciones abiertas en 2017.

"Como sabe China, apoyamos el sufragio universal en Hong Kong", afirmó desafiante el jefe de la diplomacia estadounidense, que instó a las autoridades en esa región especial administrativa china a ejercer la "contención". Una sutileza de la diplomacia yanqui que indica la falta de respeto habitual que tienen por la condición soberana cuando se trata de estados no subordinados a ellos.

El mundo -en general- parece no verlo, intoxicado como está por las imágenes y mensajes de éstos jóvenes chinos paladines de la democracia llevando como símbolo sus paraguas, como los españoles de la Puerta del Sol pero especialmente educados, amables y limpitos.

Por lo menos debería sorprender que los EEUU, que en el siglo pasado apoyaron e incluso llegaron a instalar a cuanta dictadura sangrienta les asegurase su predominio frente a las llamadas por ellos dictaduras comunistas, ahora, en el siglo XXI, luego de la implosión de la URSS y la apertura de China, hayan pasado a convertirse en los máximos paladines de la democracia.

¿Qué ha pasado?. ¿Los responsables de los EEUU han visto la luz, se han reformado o simplemente es una máscara para reforzar su estrategia de dominación, solo que adaptada a los nuevos tiempos?.

No es solo este caso, como bien sabemos, hay otros. Cada uno es diferente en grado y complejidad pero hay similitudes muy llamativas: primaveras árabes, crisis de Ucrania y, ahora, Hong Kong.

Lejos la más compleja de las "primaveras democráticas" y la que quizá le ha creado a los EEUU más problemas que ganancias ha sido la primera.
Una de las posibles causas de ese fracaso a medias es que los ciudadanos de los países árabes no ponen primero la forma por sobre el contenido, es decir, no hay apoyo interno para una democracia tutelada por EEUU o por -en general- occidente. Incluso se podría afirmar que el concepto mismo de democracia no está sacralizado en el mundo musulmán (y en otras sociedades) como lo está en occidente.

Además, el oportunismo yanqui y europeo, la doble vara de medir, queda de manifiesto si se repara en que la democratización que exigen con violencia, por ejemplo en Siria, no rige para los califatos y reinos ricos en petróleo que dejó como testimonio la época colonial.

Los pueblos árabes han sido colonia de europa durante siglos y aspiran a no serlo más. Además, están presentes con mucha fuerza conflictos étnicos y religiosos ya presentes en la época colonial. Hay también resentimiento en amplias capas de la población árabe hacia la política estadounidense en el conflicto palestino israelí.
Demasiados problemas para que el intento de derrocar a regímenes no controlables les saliera prolijito. La prueba de que sus intervenciones democratizadoras violentas generan monstruos mucho peores que los que dicen combatir, es la desventura de la OTAN encabezada por los EEUU en Libia.

En cambio en Ucrania y en Hong Kong el terreno para el descontento estaba, en buena medida, abonado de antemano.

Vamos con el primer caso. La presencia rusa en Ucrania precede incluso a la existencia de la URSS. Los rusos no son queridos por una parte de la población, que incluso colaboró con los nazis durante la ocupación. Asentada en particular en el occidente de ese país, ansian liberarse de la tutela que le impone su condición actual de país limítrofe con Rusia (y Europa) y trocarlo por la tutela de la OTAN, el ingreso a la Unión Europea, a su inmenso mercado y a sus supuestas maravillosas condiciones de vida.

Esos deseos ya instalados en una parte importante de la población fueron la base a partir de la cual pudieron operar con éxito los servicios yanquis y provocar finalmente la caída del presidente, caracterizado como pro ruso, Viktor Yanukovich.

La respuesta rusa fue rápida e inteligente. Crimea que había sido siempre rusa hasta que fue cedida en la época soviética a la República Popular de Ucrania, volvió a su madre patria por decisión mayoritaria de sus habitantes referendum mediante (¿hay algo más democrático?). Curiosamente -o no tanto- EEUU y Europa a pesar de afirmar defender los procedimientos democráticos lo desconocieron, protestaron, amenazaron y concretaron acciones contra Rusia. De forma análoga la población de las provincias del este de Ucrania, mayoritariamente de origen ruso, quiere seguir vinculada a Rusia pero Kiev, con el apoyo occidental, no está dispuesto a cederles la autonomía que reclaman y que propone como solución el presidente ruso, Vladímir Putin. El reino de la doble vara.

EEUU y Europa, paladines de la democracia estilo siglo XXI, acuden en defensa de la soberanía ucraniana aunque ésta tenga hoy un gobierno de dudoso origen democrático, haciendo oídos sordos a las demandas legítimas de las minorías rusas que viven en Ucrania y pretendiendo ignorar la propia historia de Crimea.

Naturalmente el conflicto sigue, ya que no se trata para nada de hacer de Ucrania un país más democrático sino de llevar el predominio de los EEUU y sus aliados europeos (en especial Alemania) a las mismas puertas de Moscú, para ahogarla y poner coto a sus legítimas ambiciones de recuperación económica y política.

Algo muy similar puede estar ocurriendo a las puertas de la República Popular China (RPCH), el otro gran enemigo de los EEUU durante el siglo pasado y que, a pesar de las apariencias, aún lo es, al igual que Rusia. Y son sus enemigos porque su existencia e incluso su éxito para adaptarse a las nuevas condiciones globales pone objetivamente un límite a su predominio mundial como única potencia global.

Si uno está tratando de entender lo que sucede en Hong Kong le va a costar mucho encontrar análisis, si, en cambio, se topará hasta el hartazgo con alabanzas hacia los valientes jóvenes que armados solamente con sus paraguas luchan por la libertad y la democracia en contra de un gobierno tiránico. Imágenes y videos de primaveras y paraguas viralizados hasta el infinito por los medios de comunicación y las redes sociales.

En esa búsqueda de verdadera información me topé con algunos pocos sitios web, uno de ellos -muy esclarecedor- es New Eastern Outlook (lamentablemente para nosotros, como la mayoría de ellos, es en inglés), y me encontré, que uno de sus colaboradores, Tony Cartalucci, ha investigando a cada uno de los líderes de la protesta, desde el jovencísimo Joshua Wong (17 años), pasando por el profesor de derecho Benny Tai y el magnate de las telecomunicaciones Jimmy Lai, hasta los más veteranos Martin Lee, Anson Chan o el obispo Joseph Zien. En todos los casos este periodista muestra pruebas de las conexiones de estos líderes de la protesta con los EEUU.

Cartalucci rastrea los vínculos con ONGs estadounidenses financiadas por el Departamento de Estado o grandes corporaciones estadounidenses como Ford, Citigroup, ExxonMobil, Goldman Sachs, etc. Concretamente, la ONG más activa en Hong Kong (HK), y responsable también de las revueltas del Maidán en Ucrania, es la NED (National Endowment for Democracy) y su subsidiaria NDI (National Democratic Institute), que organiza eventos, conferencias y actividades en las que han participado o están directamente involucrados los citados líderes de la protesta.

Detrás de los llamados "Occupy Central", que se enmascaran como un movimiento "pro-democracia" en busca del "sufragio universal" y la "democracia plena", existe según él una red profunda e insidiosa de apoyo financiero, político y de medios de comunicación extranjeros. Entre ellos se encuentra el Departamento de Estado de Estados Unidos y su Fundación Nacional para la Democracia (NED), así como la filial de la NED, el Instituto Nacional Demócrata (NDI).

El papel de la Casa Blanca y del NDI en la creación y sostenimiento del movimiento de Occupy, es evidente incluso a partir de las expresiones de sus voceros. Dijo el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, el lunes pasado:

"La Casa Blanca está observando a las protestas democráticas en Hong Kong de cerca (monitoreando, como dijeron respecto de nuestro conflicto con los buitres) y apoya las aspiraciones del pueblo de Hong Kong".

"Los Estados Unidos apoyan el sufragio universal en Hong Kong, de acuerdo con la Ley Básica (una especie de constitución que formó parte del acuerdo de descolonización de HK) y apoyamos las aspiraciones del pueblo de Hong Kong", dijo Earnest, quien también instó a la moderación de ambas partes.

Hasta el lenguaje y la concepción de los mensajes de la presidencia de los EEUU son los mismos que se encuentran en el sitio web del NDI, como es fácil de comprobar visitándolo.

La población de HK, según encuestas recientes de cuya confiabilidad no hay evidencias, estaría dividida casi por mitades entre los que están a favor de una mayor democratización lo que implica el rechazo a la propuesta del gobierno chino para las elecciones del 2017 y los que prefieren echar paños fríos al conflicto y consideran que hay que aceptar esa propuesta. Lo que sí es contrastable es que HK contiene a una de las sociedades más desiguales del planeta, los que salen a la calle a protestar son, en su inmensa mayoría, parte de los beneficiados en el reparto.

Es un hecho a considerar -también- que HK es para la RPCH relativamente menos importante desde el punto de vista económico de lo que lo era hace unos años debido al crecimiento de Shangai como un nuevo centro comercial, económico y financiero. La inversa, en cambio, no es cierta, HK necesita de la RPCH por razones tanto comerciales como financieras. Según The Economist la mitad de las exportaciones de HK tienen por destino la RPCH. La extensión en el tiempo del conflicto en las calles pondría en peligro -según pronostica Standard & Poors- el tercer lugar que ocupa HK como plaza financiera a nivel mundial.

Los EEUU apuestan a que la agitación existente en HK se traslade a la RPCH en una especie de Plaza de Tiananmen recargada, por eso la apoyan públicamente y la financian discretamente.

Puede parecer, si uno se deja llevar por los medios de comunicación, que lo que sucede en Hong Kong tiene poco que ver con lo que nos pasa a nosotros, situados como estamos en las antípodas, sin embargo, si se mira con más detenimiento lo que pasa en el mundo y lo que ocurre en nuestra Argentina, se debe concluir que no es así. La vinculación se vé por las huellas que va dejando el águila en su paso.

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