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jueves, 9 de julio de 2015

LA COHERENCIA POLÍTICA Y EL VOTO CASTIGO


La presentación de ECO en la elección de la CABA es el resultado del carácter coyuntural, local y probablemente efímero de la alianza entre la UCR y el PRO a nivel nacional y, esto es muy importante, de una conveniencia circunstancial del PRO interesado -como siempre- en esquivar la nacionalización de la campaña porteña y la polarización electoral con el FpV eliminándolo de antemano como contrincante de una posible segunda vuelta. Dividir el voto anti PRO o anti Larreta era una forma evidente de lograrlo. La indefinición del candidato de ECO con respecto de cuál era su referente a nivel nacional, su reticencia a ser identificado con Macri tendía a lograr ese objetivo.

La jugada les salió a medias. Es lógico, no juegan solos y todos los involucrados piensan en octubre y en cómo les gustaría quedar parados el día después. En síntesis, en el PRO menospreciaron el descontento del porteño y sobreestimaron la imagen de Larreta, quizás esperaban que ECO frente a una abrumadora diferencia se retirara de una segunda vuelta como hizo Cavallo. Fallaron, pero, y esa es la parte que lograron, si evitaron enfrentar una segunda vuelta con el FpV. Quizás les hubiese convenido olvidar sus temores y tomar el toro por las astas.

Ahora tienen un problema, consecuencia de esa decisión táctica, Larreta no alcanzó la cifra mágica del 48-49% y Lousteau no se baja, y no se baja porque como es conocido hay cuentas pendientes que saldar con el PRO que provienen fundamentalmente de su prepotencia con sus supuestos aliados radicales, a la que se suma la creciente incertidumbre que rodea al hipotético triunfo en octubre de la coalición opositora encabezada por Macri.


En lugar de festejar un triunfo a todo lo ancho, como los números indican, los medios hegemónicos sacaron a relucir los miedos. Lousteau representa un peligro, un obstáculo potencial en el camino a octubre.

El 54,5% de los porteños que no votaron a Larreta están siendo bombardeados para que no lo voten a Lousteau y además presionan a sus apoyos para que lo bajen.
Ese bombardeo mediático revela dos cosas. La primera es que hay un miedo real en los sectores opositores en que la segunda vuelta porteña termine perjudicando las posibilidades de Mauricio Macri. Ese miedo es el que se trata de infundir en los votantes anti K de ECO.

Son dos los factores que pueden perjudicar al ingeniero: el primero es que los obliga a gastar energías y recursos a expensas de la campaña presidencial y la segunda, más grave, es que Larreta gane por estrecho margen e incluso pierda el ballotage, lo que sería catastrófico para las ambiciones de desplazar al peronismo.

La segunda cosa que intenta instalar la campaña mediática es que en esta interna sui géneris, porque lo que se disputa es el gobierno, la elección se dirime entre candidatos de Cambiemos en consecuencia, los votantes del FpV y de otras fuerzas deberían permanecer al margen y votar en blanco. Saben que esto es fácil de decir pero muy difícil de lograr, sobre todo cuando a la gente se la obliga a votar.


La izquierda formalmente ya adoptó este supuesto, lo que no quiere decir que lo hagan sus votantes individualmente. Hay sondeos que indican que la mayoría de ese sector no seguiría la postura de la dirigencia.
Lo más probable es que el FpV deje en libertad a los suyos, lo que se puede interpretar como lo más sensato en su caso.
El que sí adelantó su opinión -a pesar de incluirse en el FpV- es Ibarra y lo hizo por el voto a Lousteau. Su justificación esencialmente es pragmática: todo lo que potencialmente pueda perjudicar a Macri favorece el triunfo de la fórmula del FpV. Además, lo sabemos, Ibarra odia profundamente a Macri y motivos no le faltan.


Entre los simpatizantes del FpV que activan en las redes sociales hay una inocultable agitación entre los partidarios del voto en blanco y del voto a Lousteau (como forma de perjudicar a Macri) una discusión que en ocasiones es demasiado agria teniendo en cuenta la poca relevancia de lo que se debate.

De forma algo maniquea aparecen dos posturas:
1) una "principista" basada en la ética y la coherencia política que afirma que se trata de una disputa interna en el seno del proyecto neoliberal y que cualquier intervención externa solo puede llevar a la confusión del votante y, peor, a perder dos veces, la primera como FpV y la segunda por aparecer apoyando a un perdedor y, encima, totalmente ajeno.
2) una "pragmática" que es similar en buena medida a la fundamentada por Ibarra y que se inclina por votar a Lousteau a fin de perjudicar la campaña de Macri y -eventualmente- vencer al PRO en su propio reducto.

Todo esto se da en medio de una situación política del campo opositor muy fluida. Nadie puede asegurar, a esta altura, que Lousteau no termine, al fin, bajándose del ballotage, a pesar que ello puede significar su momentánea "muerte" política. Como dije antes, todos los protagonistas hacen sus cálculos de cara al día después de las elecciones de octubre. Entre ellos los apoyos del último emergente "progre con rulos
" del colapso como alternativa nacional de la UCR y de todos los experimentos de alquimia que le siguieron.

Curiosamente en esta discusión -aparentemente de principios vs pragmatismo- no se habla del voto castigo, de su legitimidad y de su utilidad como forma de expresar la postura de aquellos que han quedado fuera de la disputa principal pero a los que se los convoca obligadamente a opinar. El voto castigo tiene una larga tradición tanto en democracias consolidadas donde el voto no es obligatorio como en democracias más condicionadas, como la nuestra, donde el voto lo es.

En el voto castigo no se vota a alguien por lo que es o representa sino que se lo hace como forma de votar en contra de otra alternativa que se sabe aún peor. Los cíber militantes pueden "debatir" todo lo que quieran, agredirse mutuamente, romper viejas relaciones, hacer nuevos amigos, "calentar" un poco el ambiente y de paso revitalizar el alicaído ambiente de los blogs. Lo que no podrán hacer es condicionar la conducta de los cientos de miles de porteños que sienten que han perdido la elección, que han quedado fuera pero que, sin embargo, están obligados a ir a votar. Los debates por más acalorados que sean apenas los rozan. Las encuestas que ya comienzan a aparecer parecen indicarlo.

bastadeodio                                                                   

lunes, 6 de julio de 2015

House Of Cards - Segunda Vuelta

CABA: Ganó Horacio Rodríguez Larreta, no por lo que Macri esperaba, el PRO no creció, bajó casi dos puntos en relación a 2011. Le sirve mucho a Larreta, le sirve menos a Macri que por primera vez no figuraba en la lista amarilla y que en su carrera a la Rosada viene golpeado de la derrota en Santa Fe y además, hasta ahora, no cosechó ningún triunfo realmente propio.

También ganó la joven estrella Martín Lousteau que con la sigla de ocasión ECO viene a ser el candidato no PRO para la CABA de la extraña alianza Cambiemos, la que según sus protagonistas no tendrá un futuro más allá de octubre o diciembre de 2015. Una verdadera ensalada indigesta. Allá ellos y sus alquimias electorales.

Este no futuro de Cambiemos o lo que es lo mismo este ir juntos por conveniencias locales coyunturales, convierte al ballotage entre Larreta y Lousteau en algo más que un mero ejercicio de final cantado. Para muchos son lo mismo (Larreta con y sin rulos) pero eso no es del todo cierto, aunque a nivel ideológico pueda tener sentido. Larreta es el PRO y aunque no siempre lo expliciten tienen un sólido plan (de austeridad), Lousteau es el nuevo rostro electoral de la veleidad capitalina, estructuralmente es poco y nada sin los que lo apoyan, fundamentalmente Sanz y Carrió, pero ellos son mufa electoral y su plan de gobierno -de existir- tiene la solidez de una nube de pedos.
Buena parte del electorado porteño eleva, para luego olvidar, candidatos "alternativos" como si de zapatillas o celulares se tratase.

Para ganar la segunda vuelta, Larreta debe sumar casi cinco puntos. Esto en un marco general en el cual vienen ganado los oficialismos, lo que se contabiliza a su favor. Lo que pueda sumar Lousteau es un misterio. Puede ser muchísimo y jorobarle la fiesta al PRO, puede ser mucho y situarlo a él, no a Cambiemos, como presidenciable para el 2019 y puede ser muy poco lo que también metería a Macri y al Cambiemos capitalino en problemas muy serios de cara a su futuro según apuntamos más abajo. Todo depende entonces de dónde irán los votantes del FpV y los veleidosos porteños "independientes".

Hay que recordar que los votos en blanco y nulos no se contabilizan, lo que en principio favorecería a Rodríguez Larreta. En la primera vuelta su presencia -que no es pequeña ya que ronda el 3%- no fue mucho mayor que la histórica. En ellos está la clave del ballotage.

Mariano Recalde, si se tiene en cuenta el contexto, hizo una buena elección dejando al FpV a solo cuatro puntos de ECO. Es poco en términos históricos pero mucho si se considera que en parte se pudo superar el error de estrategia cometido en las PASO. Pero el FpV quedó fuera de competencia.
El voto de segunda vuelta puede ser visto como meramente coyuntural y testimonial o como estratégico. A cada cual le cabe decidir cómo lo ve. Obviamente desde este blog se insiste que, en el marco de la competencia electoral, lo estratégico prevalece por sobre lo coyuntural y testimonial.

¿Porqué Macri tendría potenciales problemas si Larreta saca, digamos, un 60%?

El PRO se maneja como una empresa (en realidad una fachada o joint venture) de la cual Macri es su presidente y Larreta su gerente general, hasta ahora la relación funcionó en apariencia muy bien. Esta es la primera vez que Larreta es candidato casi electo lo que lo coloca en idéntica posición con Michetti, su gran adversaria. Las aspiraciones de ambos no terminan en los límites geográficos de la Ciudad Gótica, ni en los temporales del 2015.

Si Macri se convierte en presidente de la Nación habrá fumata blanca y en el PRO podrá prolongarse la actual convivencia pero si eso no sucede las cosas se pueden complicar y -según la ley de murphy- muy probablemente lo harán. Y, como pintan las cosas Macri, que está más cerca de la lira que de la guitarra, no puede evitar -con ningún cambio de discurso de última hora- que solo un milagro lo convierta en el inquilino de Balcarce 50.
Aquí hay un juego de lealtades y conveniencias de final abierto. Como en la serie House Of Cards, todo vale y el republicanismo resulta al final una máscara.

bastadeodio