Al mejor estilo mafioso el fiscal Nisman se suicidó a horas de prestar un testimonio clave frente a legisladores del oficialismo y de la oposición. Su muerte, como ocurre en general en estos casos, dificultará que la verdad salga a la luz.
Sin embargo, lo que menos importa para los que organizaron y los que se plegaron a la
denuncia de Nisman en contra de las máximas autoridades del gobierno, es la verdad de los hechos. Es natural que así sea porque saben que su denuncia es insostenible frente a un tribunal.
Ni la causa AMIA a cargo del juez Canicoba Corral, ni la causa de
"encubrimiento" -iniciada por la denuncia de Nisman- a cargo del juez Lijo, tienen importancia real, solo
proseguirán formalmente pero me adelanto a pronosticar que no producirán
nada relevante en los próximos meses.
El centro de gravedad se desplazará -como ya había comenzado a hacerlo- de los tribunales a los medios.
Al mismo Nisman ya no se lo puede indagar ni mucho menos acusar. Pero su muerte, aunque sea suicidio, requiere de una explicación racional y es en torno a ella sobre lo que girarán las noticias y las especulaciones más desenfrenadas.
El golpe de efecto que cierra la opereta política montada tiene su acto final con la muerte del fiscal la que, para muchos, obrará el milagro de convertir en plausible su disparatada
denuncia.
Se intenta, está claro, que el perjuicio sea para el gobierno nacional porque con lo ocurrido se invierte
la carga de la prueba y se sacan los sucesos del ámbito judicial. No hay que
demostrar ante un tribunal que Nisman decía la verdad, cosa imposible
entre otras cosas porque está muerto, hay que demostrar frente a la
opinión pública que el gobierno no está involucrado en su suicidio.
La opinión publicada ya comienza a manifestarse: no habrá acusaciones directas y formales pero sin duda se sembrará abundantemente la sospecha, tanto en los medios locales como internacionales, de la culpabilidad potencial del gobierno. Habrá también homenajes de la oposición que intentarán transformar al suicida en un héroe de la república.
Casi nadie pondrá el énfasis en la inconsistencia de la polémica denuncia realizada por el fiscal Nisman que acusaba a la presidencia nada menos que de encubrir a terroristas. Solo mencionarán su muerte y el anteúltimo acto de su vida, su denuncia, y que el público saque sus conclusiones.
bastadeodio
Por una Patria Justa, Libre y Soberana
Una Patria Justa, Libre y Soberana - 17 de octubre de 1945 - 17 de octubre de 2015 - Día de la Lealtad - Setenta años
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lunes, 19 de enero de 2015
sábado, 17 de enero de 2015
Los malandras solo ceden cuando se los obliga
En una entrevista aparecida en Tiempo Argentino, Raúl Zaffaroni se pronuncia sobre la denuncia realizada en contra de la presidenta, del gobierno y de la mayoría parlamentaria oficialista por el fiscal Nisman de la causa AMIA. Una frase de la misma -que sirve de título- es por demás elocuente:
"En un sector de la justicia están usando un gas psicotizante".
–¿Cree que hay una guerra de intereses dentro del Poder Judicial?
–No sé si hay guerra de intereses o qué. Si la hay creo que están usando algún gas psicotizante que afecta a algún sector minoritario de la justicia. No hay una "judicialización de la política", porque eso es otra cosa: la hay cuando la política quiere usar a la justicia y de eso sabemos desde hace mucho. Aquí hay una "partidización de la justicia", es la justicia la que se mete en la política, y eso es nuevo y efecto del gas psicotizante.
–¿Cuáles son las consecuencias?
–No sé hasta dónde puede llegar ni puedo prever las escaramuzas de esto, pero sí sé cuál va a ser el resultado final si no se bajan los decibeles y se entra en razón. El resultado final va a ser un desastre para toda la justicia. Si como resultado de una actitud psicótica minoritaria, el público llega a la conclusión de que en toda la justicia (porque no se distingue y el baldón cae sobre todos) no es más que un juego de poder, lamentablemente el descrédito va a ser mayúsculo y muy difícil de superar.
Las respuestas de Zaffaroni son precisas y de puro sentido común y realismo. Sin embargo el fondo del problema no se encuentra en Nisman que es un mandado de poca monta, ni tampoco -aunque esto sea institucionalmente más grave- en un grupo minoritario de la justicia que se ha "partidizado" o "vuelto loco".
El problema de fondo al que nos enfrentamos es que, por una parte, hay sectores del poder económico en la sociedad nacional y fuera de ella (el propio Nisman con sus "relaciones particulares" con la embajada de los EEUU, lo deja en claro) para los cuales un gobierno que pretende gobernar e intervenir en los negocios para limitar los excesos, cambiar la estructura de la distribución de la riqueza o tener una política internacional no subordinada, es un obstáculo a eliminar.
Por otra parte hay buena parte de los partidos políticos que difícilmente puedan acceder al poder mediante el voto popular.
Operando en conjunto ambos grupos de intereses han intentado reiteradas veces inducir un caos económico buscando repetir experiencias del pasado y, sin embargo, han fracasado.
Han denunciado con abundante apoyo mediático y escasas pruebas una supuesta corrupción gubernamental y han ocultado una corrupción empresaria y política sobre la cual hay pruebas contundentes.
A juzgar por las mediciones de diversos encuestadores el apoyo al gobierno y a Cristina Fernández es notablemente alto para un ejecutivo que termina su mandato, también han fracasado en esto, no están frente a un "pato rengo" sino frente a un gobierno y un partido, el FPV, con sus potencialidades intactas.
Ante estos fracasos y la perspectiva cierta de un nuevo desastre electoral han perdido la poca compostura republicana que aún les quedaba y han decidido hacer entrar a "la cancha" como jugadores a sus jueces comprados o complacientes. La "locura" a la que alude Zaffaroni consiste en un abandono de su rol constitucional de garantes del equilibrio de poderes e intereses y la objetividad en el juzgamiento de las causas.
La utilización de jueces y fiscales amigos con una clara intencionalidad política o económica es una maniobra que no es nueva. Mediante ella han logrado obstaculizar buena parte de las iniciativas legislativas del gobierno y obtener importantes privilegios económicos.
Lo que es nuevo es la magnitud del intento, ya que lo que pretenden producir es un grave conflicto de poderes y poner en riesgo el funcionamiento institucional en un año electoral creando un clima de incertidumbre y hasta de miedo por el futuro en buena parte de la población.
Pretenden que de esa situación creada se derive una mejor oportunidad electoral para su o sus candidatos.
El "partido judicial" no es un partido en el sentido tradicional, no los caracteriza ser afiliados o simpatizantes de la UCR, del PRO, o del Socialismo, son partidarios del partido del poder en las sombras con vínculos explícitos con el poder económico global, el que tiene dirigentes pero no candidatos propios, y solo designa gerentes a los cuales enviste -circunstancialmente- como candidatos en una gran mascarada de carácter global y nacional dirigida a manipular y torcer la voluntad democrática de la población.
Yo diría que frente a esta maniobra solo cabe -por parte del gobierno y de la población- tenerla en claro, no dejarse conquistar por el miedo y enfrentarla en todos los terrenos en que se manifieste. No existe en la actualidad la posibilidad de conciliación de intereses entre estos sectores que se consideran el verdadero poder permanente y los intereses populares. Mil fotos en apariencia amables no harán cambiar esta historia, solo sirven para confundir.
El partido que estamos jugando, con los árbitros dentro de la cancha haciendo zancadillas y golpeando arteramente a los jugadores de un bando, "inclinando la cancha", es un partido entre la democracia, la libertad y la justicia y contra una banda de malandras dispuestos a utilizar cualquier medio para alcanzar sus fines. Así actúan los malandras, los que atentan contra la belleza y el sentido del juego comprando a los árbitros y arreglando los partidos.
Ya se les ha podido ganar y más de una vez. El límite que no están en condiciones de ignorar en este momento histórico, es la voluntad popular expresada con claridad en las urnas eligiendo dirigentes que tengan lo necesario para enfrentarlos.
bastadeodio
"En un sector de la justicia están usando un gas psicotizante".
–¿Cree que hay una guerra de intereses dentro del Poder Judicial?
–No sé si hay guerra de intereses o qué. Si la hay creo que están usando algún gas psicotizante que afecta a algún sector minoritario de la justicia. No hay una "judicialización de la política", porque eso es otra cosa: la hay cuando la política quiere usar a la justicia y de eso sabemos desde hace mucho. Aquí hay una "partidización de la justicia", es la justicia la que se mete en la política, y eso es nuevo y efecto del gas psicotizante.
–¿Cuáles son las consecuencias?
–No sé hasta dónde puede llegar ni puedo prever las escaramuzas de esto, pero sí sé cuál va a ser el resultado final si no se bajan los decibeles y se entra en razón. El resultado final va a ser un desastre para toda la justicia. Si como resultado de una actitud psicótica minoritaria, el público llega a la conclusión de que en toda la justicia (porque no se distingue y el baldón cae sobre todos) no es más que un juego de poder, lamentablemente el descrédito va a ser mayúsculo y muy difícil de superar.
Las respuestas de Zaffaroni son precisas y de puro sentido común y realismo. Sin embargo el fondo del problema no se encuentra en Nisman que es un mandado de poca monta, ni tampoco -aunque esto sea institucionalmente más grave- en un grupo minoritario de la justicia que se ha "partidizado" o "vuelto loco".
El problema de fondo al que nos enfrentamos es que, por una parte, hay sectores del poder económico en la sociedad nacional y fuera de ella (el propio Nisman con sus "relaciones particulares" con la embajada de los EEUU, lo deja en claro) para los cuales un gobierno que pretende gobernar e intervenir en los negocios para limitar los excesos, cambiar la estructura de la distribución de la riqueza o tener una política internacional no subordinada, es un obstáculo a eliminar.
Por otra parte hay buena parte de los partidos políticos que difícilmente puedan acceder al poder mediante el voto popular.
Operando en conjunto ambos grupos de intereses han intentado reiteradas veces inducir un caos económico buscando repetir experiencias del pasado y, sin embargo, han fracasado.
Han denunciado con abundante apoyo mediático y escasas pruebas una supuesta corrupción gubernamental y han ocultado una corrupción empresaria y política sobre la cual hay pruebas contundentes.
A juzgar por las mediciones de diversos encuestadores el apoyo al gobierno y a Cristina Fernández es notablemente alto para un ejecutivo que termina su mandato, también han fracasado en esto, no están frente a un "pato rengo" sino frente a un gobierno y un partido, el FPV, con sus potencialidades intactas.
Ante estos fracasos y la perspectiva cierta de un nuevo desastre electoral han perdido la poca compostura republicana que aún les quedaba y han decidido hacer entrar a "la cancha" como jugadores a sus jueces comprados o complacientes. La "locura" a la que alude Zaffaroni consiste en un abandono de su rol constitucional de garantes del equilibrio de poderes e intereses y la objetividad en el juzgamiento de las causas.
La utilización de jueces y fiscales amigos con una clara intencionalidad política o económica es una maniobra que no es nueva. Mediante ella han logrado obstaculizar buena parte de las iniciativas legislativas del gobierno y obtener importantes privilegios económicos.
Lo que es nuevo es la magnitud del intento, ya que lo que pretenden producir es un grave conflicto de poderes y poner en riesgo el funcionamiento institucional en un año electoral creando un clima de incertidumbre y hasta de miedo por el futuro en buena parte de la población.
Pretenden que de esa situación creada se derive una mejor oportunidad electoral para su o sus candidatos.
El "partido judicial" no es un partido en el sentido tradicional, no los caracteriza ser afiliados o simpatizantes de la UCR, del PRO, o del Socialismo, son partidarios del partido del poder en las sombras con vínculos explícitos con el poder económico global, el que tiene dirigentes pero no candidatos propios, y solo designa gerentes a los cuales enviste -circunstancialmente- como candidatos en una gran mascarada de carácter global y nacional dirigida a manipular y torcer la voluntad democrática de la población.
Yo diría que frente a esta maniobra solo cabe -por parte del gobierno y de la población- tenerla en claro, no dejarse conquistar por el miedo y enfrentarla en todos los terrenos en que se manifieste. No existe en la actualidad la posibilidad de conciliación de intereses entre estos sectores que se consideran el verdadero poder permanente y los intereses populares. Mil fotos en apariencia amables no harán cambiar esta historia, solo sirven para confundir.
El partido que estamos jugando, con los árbitros dentro de la cancha haciendo zancadillas y golpeando arteramente a los jugadores de un bando, "inclinando la cancha", es un partido entre la democracia, la libertad y la justicia y contra una banda de malandras dispuestos a utilizar cualquier medio para alcanzar sus fines. Así actúan los malandras, los que atentan contra la belleza y el sentido del juego comprando a los árbitros y arreglando los partidos.
Ya se les ha podido ganar y más de una vez. El límite que no están en condiciones de ignorar en este momento histórico, es la voluntad popular expresada con claridad en las urnas eligiendo dirigentes que tengan lo necesario para enfrentarlos.
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