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miércoles, 6 de agosto de 2014

La Identidad

Guido Montoya Carlotto (Ignacio Hurban)
Se estiman entre 400 y 500 los recién nacidos apropiados según un plan sistemático por la dictadura cívico eclesiástico militar.
En estos 37 años de lucha las Madres Abuelas lograron que 114 de ellos recuperasen su identidad robada y no se detienen, siguen en la búsqueda de los restantes. En el camino muchas se fueron sin poder abrazarlos. Las de ellas fue una lucha en solitario la mayor parte del tiempo, pero desde hace 10 años no están solas, las acompaña el Estado Nacional y -cada vez más- la inmensa mayoría del Pueblo.
Hoy sus luchas han pasado a formar parte integrante de la Identidad Nacional, de aquello que nos define como Nación y que ha llevado a que las políticas que hacen a los derechos humanos formen parte integral de las políticas de Estado destacándose Argentina por ello en el contexto mundial.

No es poco, nos hace sentir merecidamente orgullosos de ser argentinos. Es que las cosas más valiosas de la vida no se compran, se lucha por ellas y se las defiende.
Durante mucho tiempo de esta construcción democrática y desde antes, las llamaban locas, las despreciaban, en realidad y con razón, les temían, sabían que eran un obstáculo insalvable para la desmemoria. Muchos -a pesar de las evidencias y de que son minoría- continúan haciéndolo, intentando desacreditarlas, acusándolas de venderse al oficialismo a la vez que lo acusan a éste de aprovecharse del prestigio social de ellas. Todo para ellos es negociable, eso creen y así actúan. Durante la mayor parte de nuestra historia como Nación se han guiado por ese principio y -a ellos- no les ha ido nada mal. A las mayorías y a ciertas minorías, todo lo contrario, sangre, sudor y lágrimas es todo lo que les ha tocado.

Lo que siempre negociaron fue la identidad y el patrimonio de los argentinos. Siempre del otro lado del mostrador estaban los poderes de afuera. Así como exigen sumisión a su Pueblo rinden pleitesía a los poderosos de afuera.

Eso se acabó. Tenemos los argentinos que estar bien atentos y dispuestos a defender lo logrado, porque ningún derecho de las mayorías y de las minorías vistas por los poderes fácticos como subordinadas se defiende sin participación consciente y defensa activa.

Faltan muchos derechos por conquistar aún. Derechos de los hombres y derechos de la naturaleza. No habrá forma de lograrlo si no sabemos defender nuestro simbólico Alcázar de los cruzados del neoliberalismo guiados por el todo-es-negociable. Que no nos pase lo que al rey Boabdil de Granada que negoció frente a las huestes incultas de Isabel I, la Católica y entregó sin luchar su reino: su madre dicen que le dijo: no llores como mujer lo que no supiste defender como hombre. Si le quitamos el componente sexista propio de la época sigue plenamente vigente.

El día de ayer fue un día de fiesta nacional, de emoción incontenible por su enorme carga simbólica, una especie de clímax sorprendente e inesperado. Ni siquiera los medios de comunicación más recalcitrantes y que más hacen por menoscabar el movimiento de Abuelas y Madres, pudieron sustraerse del clima social existente. No porque no quisieran sino porque no podían, no les convenía. Habrían quedado como el rey, desnudos.

La identidad individual -en este reciente caso, la de Guido Montoya Carlotto- puede ser vista como algo puramente legal, como ocurre -salvando las diferencias del caso- con la identidad de género: Un nombre y género verdaderos en un documento de identidad. Todos sabemos que es mucho más que eso, significa dignidad, libertad e integridad.

La lucha inclaudicable del gobierno nacional contra la extorsión de los fondos buitre -aún no concluida- nos muestra de forma muy clara otra identidad recuperada mucho más compleja y en buena medida inabarcable porque siempre está en movimiento, en construcción: La Identidad Nacional.

Ocurre como con el DNI, decir que no y mantenerse firme en la defensa de los intereses nacionales significa mucho más -en este caso para el Pueblo de la Nación- que lo que resumen las escuetas noticias del curso extremadamente cambiante de los acontecimientos.
El conflicto es por su naturaleza complejo pero el gobierno tiene un principio que lo guía y que simplifica mucho las posiciones: No hacer nada, no acordar nada, que signifique un perjuicio para la mayoría del Pueblo. Este gobierno tiene memoria, muchos en este país la tenemos. Sin memoria no es posible tener identidad, ni individual, ni colectiva.

bastadeodio                                                                    

martes, 5 de agosto de 2014

!Oia, Argentina no está en default! y Guido Carlotto recuperó su identidad

La ISDA que el viernes pasado, hace apenas un día -si se considera que el fin de semana no es laborable- declaró a la República Argentina en default y con ello habilitó el cobro de los seguros (1000 millones de dólares) a los tenedores de bonos, acaba de  decir -sin dar ninguna explicación- que en realidad no estamos en la situación de default que habían declarado un día antes.

Es muy posible que esta evidente payasada sea lo único que pueden hacer para evitar caerse de la cima del mundo financiero.
El engendro especulativo notoriamente ilegal imaginado por Paul Singer que pretendía cobrar dos veces por la misma causa: los millonarios seguros hoy y seguir manteniendo el derecho a cobrar los 1500 millones que le otorgó la connivencia con el octogenario Griesa y su adláter el special máster Pollack, parece desmoronarse como un castillo de arena.

Sin embargo, el mundo de las finanzas mundial reaccionó ante la declaración del viernes, no en una gran magnitud, lo que revela que no se tomaban muy seriamente la situación pero si lo suficiente como para activar ciertas conductas protectoras. Por ejemplo los papeles argentinos -del Estado y de empresas que cotizan en la bolsa de NY- cayeron hasta un 7%. Hasta la bolsa de Shangai (China), consideró -por si las moscas- que Argentina estaba en default.

Algunos se apresuraron a especular que este hecho podría impedir nuestra futura incorporación a los BRICS.

Otros peor, se alegraron, fogonearon hasta el cansancio por los medios, ¡el segundo default en diez años!, prometieron -junto con la carroñera Task Force Argentina- las peores calamidades para nuestro pueblo por culpa de la improvisación, el capricho y la inexperiencia de Cristina y Kicillof. Carrió y Morales Solá se apuntaron naturalmente entre los más entusiastas celebradores del evento. ¡Las deudas hay que pagarlas! no importa cómo ni cuáles sean las consecuencias, repetían a coro hipócritas y desmemoriados.

Otros, muchos, de afuera y de adentro, con buenas calificaciones y argumentos repetían una y otra vez que toda la situación creada artificialmente era un apriete imperdonable a un Estado Soberano y que el gobierno tenía razón en no doblegarse frente a la extorsión.

El pueblo, la famosa "gente" oportunamente consultada (encuesta Bacman) manifestó estar mayoritariamente de acuerdo con como estaba llevando la situación el gobierno nacional. Los patéticos políticos de la oposición -con algunas excepciones- comenzaron a percibir que ponerse del lado buitre les podría costar muy caro.

Alejandro Vanoli, a cargo de la Comisión Nacional de Valores denunció ante su homóloga estadounidense la posible comisión de un delito de estafa por parte del buitre Paul Singer ya que mientras simulaba negociar con nuestro gobierno el precio de su carroña se beneficiaba de los seguros contra default siendo a la vez juez y parte por integrar el directorio de la ISDA.

La pantomima, el engaño comienza a deshacerse. ¡Estos payasos pretenden gobernar el mundo!, sus pichones argentinos se sienten con derecho a gobernar nuestra Patria y a torcer el destino que reencontró hace más de diez años. A quitarnos la identidad recuperada.

El ahora llamado Guido Carlotto (o Guido Montoya, porque ese era el apellido de su padre) fue criado con otro nombre en Olavarría por sus apropiadores. Pero a los 37 años, el hombre, el sensible músico (es un artista, un chico bueno, dijo Estela), se encontró como tal en un evento por la Memoria con otros nietos y nietas recuperados y abrió su pecho a las dudas.
Quiso saber y supo. Su verdad encontrada nos emociona y nos alegra a todos.
La trágica pantomima de los degenerados que pretendían apropiarse de los hijos para que fueran distintos a sus padres verdaderos se deshilacha día a día con cada identidad recuperada.

Debemos festejar la identidad recuperada, la de Guido Carlotto Montoya y la de Argentina como una Nación toda. La identidad de unos no es posible sin la identidad de todos. La Verdad y la Memoria son la guía para mantener el rumbo. Incluso para cambiar en la (in)justicia nacional aquello que conspira en su contra. Con los Guido, con sus hijos y los hijos de sus hijos. NUNCA MÁS

bastadeodio