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jueves, 18 de diciembre de 2014

Derechos Humanos y Proyectos Políticos

Es imposible pensar una política de DDHH separada de una política en el sentido amplio. Más específicamente del proyecto político que adoptan los sectores sociales dominantes de un país o de un bloque de países.

Desde su origen el tema de los DDHH ha estado vinculado a la existencia de proyectos políticos a nivel nacional e internacional (geopolítica). La misma diferenciación entre derechos de primera, segunda y tercera generación refleja en parte esa circunstancia.

Es habitual que las consideraciones morales o simplemente humanitarias sean dejadas de lado en función de intereses económicos o políticos y, en consecuencia, los DDHH se convierten en valores relativos a los contextos en los cuales son defendidos o, por el contrario, violados.

No fue el espíritu que animó a aquellos que los redactaron hacia fines de la primera mitad del siglo XX. Los pensaron como valores absolutos y un patrimonio de la humanidad (los derechos inalienables de la persona humana) no sujetos a ninguna Cuestión de Estado, establecieron que los DDHH no admiten suspensión.
La realidad vista con una perspectiva histórica, evidentemente, no es esa. El objetivo no se alcanzó y no debe sorprender que así sea. La situación es quizás peor, ha ocurrido con frecuencia que en manos de un proyecto político imperialista y hegemónico los DDHH fueron convertidos hasta en un arma en la lucha ideológica y comunicacional, en la excusa perfecta para que éstos mismos fuesen violados.

Derechos humanos y políticas de Estado: El bloqueo a Cuba

Podemos tomar un ejemplo muy presente por estos días en los que parece haber cierto deshielo de las relaciones entre USA y Cuba. Desde 1961, los EEUU de Norteamérica que tuvieron un papel destacado en su consagración como valores comunes a toda la humanidad, con la simple afirmación de que en Cuba regía una tiranía en la que se violaban los derechos civiles y políticos y hasta ciertos derechos sociales (la homofobia y la libertad de expresión, por ejemplo), instalaron un bloqueo total sobre la isla, un castigo extremo que duró, hasta ahora, 54 años.
El supuesto régimen dictatorial no cayó sino que se fortaleció, al punto que existen 23 resoluciones de las NU instando al país agresor, los EEUU, a levantar el indigno, genocida, bloqueo que le ha costado al pueblo cubano una pérdida de ingresos total por más de un billón de dólares (un millón de millón).

¿El bloqueo ha fracasado?. En un sentido político y moral, seguramente sí, pero en el sentido práctico no fue así. Los EEUU mantuvieron el lazo apretado en torno al cuello de Cuba -ese largo lagarto verde con ojos de piedra y agua, en palabras de Nicolás Guillén- impidiéndole su desarrollo y dar una mejor calidad de vida a sus habitantes. Es difícil encontrar en la historia un caso similar, un bloqueo total de más de medio siglo de duración.

Los DDHH en Argentina dentro del proceso eleccionario: 

Hubo una época en la que los derechos humanos tenían en nuestro país jerarquía constitucional. La Constitución promulgada en 1949 durante la primera presidencia del general Perón, a pesar de la oposición del Radicalismo el partido opositor más fuerte de ese entonces, le daba carácter legal constitucional a los derechos del trabajador, la denominación argentina de los derechos de segunda generación consagrados en la declaración universal de los derechos humanos. Esa Constitución nacida de la voluntad del pueblo fue, sin embargo, derogada en 1956 por un gobierno de facto, el de la revolución fusiladora.

Dijo ayer Eugenio Zaffaroni:  “Alguna gente que merece respeto se confunde, pero el poder del mundo es tan dinámico que hay que explicar las confusiones. Hablar de que los Derechos Humanos están cerrados, es como decir que los Derechos Humanos no tienen sentido. Se lo ha dicho, y quienes lo han dicho eran partidarios de ideologías inhumanas. Si hay alguien partidario de ideologías inhumanas, que lo diga y confrontaremos ideológicamente”.

Notoriamente se refería sin nombrarlos a dos de los actuales pre candidatos a la presidencia en las elecciones del año próximo. Mauricio Macri que afirmó: "Hay que acabar con el "curro" de los DDHH" y no se desdijo, y Sergio Massa quien afirmó que "hay que darle un cierre (bien o mal, no importa) al tema de los DDHH".

Los DDHH deben ser parte de una política de Estado:

El tema es serio porque los DDHH, para ser efectivos, deben ser integrados en una política de Estado y estas políticas deben ser permanentes e inmunes a los cambios de gobierno producto del libre juego de la democracia. ¿Es esto posible, en nuestro país o en cualquier otro?. No es imposible, pero si muy difícil de concretar en la realidad.

Quiénes dijeron lo que se señaló más arriba se cuidan celosamente de desplegar ante la opinión pública la naturaleza de sus respectivos proyectos políticos. En el caso de Macri -aunque no lo haga- hay suficientes elementos surgidos de los años que lleva su gestión frente al gobierno de la ciudad para inferirlos. De todas formas, su obligación como precandidato es explicitarlo de forma clara y que sea entendido por la mayoría de los electores. No obstante viendo las políticas sociales, educativas y de salud que impulsa es notorio que está en contra de toda forma de subsidio directo o indirecto dirigido hacia la población más vulnerable. Se podrían agregar muchos elementos más y más precisos pero nos sacaría demasiado del tema central.

Ambos, Massa y Macri, disponen sus campañas políticas de manera similar, mucho despliegue mediático (en eso son beneficiados por su relación con los medios dominantes fieramente opositores al gobierno actual), mucho "cotillón", colores, fotos con personajes famosos de la farándula y el deporte, pensando que tal vez aparecer juntos les transfiera algo de la popularidad de éstos.

Son campañas superficiales que evitan tocar temas centrales. Sin embargo, de tanto en tanto, se les "escapan" definiciones como éstas, frases breves de alto impacto pero sin mayor compromiso y explicación. Un día se levantan diciendo que van a derogar todo, al día siguiente, viendo la reacción negativa, cambian de opinión y dicen que van a mantener todo lo bueno y modificar todo lo malo, casi sin explicitar ni uno ni otro extremo.
Solo vaguedades del tipo, bajaremos la inflación y reduciremos o eliminaremos los impuestos que frenan el crecimiento del país, pero a la vez afirman que mantendrán la AUH, sin decir cómo piensan seguir financiándola con los recursos del Estado disminuidos, y así sucesivamente con todos los temas.
Defender, plasmar en la realidad los DDHH, todos, cuesta dinero, implica utilizar recursos del Estado que de algún lado deben salir. Ahí está el problema.

Una de las nociones más graves que dejan caer como al pasar es la relación que establecen entre DDHH e inseguridad. En afirmaciones groseras tales como que los derechos de la víctimas de la inseguridad no son tenidos en cuenta y si se lo hace con los derechos de los delincuentes siendo el culpable naturalmente el gobierno nacional. Recientemente Massa presentó como un escándalo que los presos que trabajan reciban un sueldo como todo trabajador.
¿Es necesario recordarle a este señor que los presos también son seres humanos con derechos?. Por supuesto que no existe el derecho a robar lo ajeno o quitar la vida en ocasión de robo o por cualquier otra circunstancia. Para reprimir estas acciones delictivas está el código procesal penal, la policía, el sistema judicial y el sistema penitenciario que al preso lo privan de uno de los derechos fundamentales: la libertad, pero no del resto de los derechos de la persona humana.

Un ejemplo: la crisis de las hipotecas sub prime:

Para que se entienda. Cuando en 2008 en los EEUU se produce la crisis de las hipotecas, los principales 26 bancos quedan en situación de quiebra inminente. El gobierno Federal les inyecta enormes sumas de dinero que salen de las arcas públicas y de la imprenta de billetes.
Lo razonable -en el marco del capitalismo- habría sido que el Estado se hubiese hecho dueño de todo o parte del paquete accionario de dichos bancos. No fue así, por ese dinero recibido los bancos no tuvieron que dar nada como contraparte. Fue un regalo que el conjunto de los ciudadanos de ese país le hicieron a los bancos que, además, se quedaban con sus casas por no poder pagar las infladas hipotecas.

En muchos países europeos sucedió lo mismo, la crisis que comenzó en USA terminó extendiéndose por todo el mundo y aún continúa, constituyendo la principal traba para el crecimiento económico y el bienestar social.
Desde luego que en dicho proceso brutal de desmonetización de las economías familiares se han violado una enorme cantidad de derechos de las personas. Los Estados en lugar de velar por los intereses y derechos de las mayorías, hicieron lo contrario, vulnerarlos para salvar la existencia de los bancos y mantener a sus propietarios.

Más claro, echale agua. A nosotros nos pasó durante la década de los 90 y culminó con la debacle de 2001. La salida elegida fue muy similar, salvar a los bancos con la pesificación asimétrica dictada por el gobierno de Duhalde, que hizo que los bancos se hicieran de dólares (que en nuestro país no se pueden imprimir legalmente) a costa de los depósitos de los ahorristas ya que en virtud del 1 a 1 dictado por Cavallo estaban en su gran mayoría en dólares.

No solo existe una relación directa y permanente entre los proyectos políticos y el estado de los DDHH sino que solo los proyectos políticos centrados en los DDHH garantizan su defensa en todos los casos y variedades.

El Poder Judicial Argentino:

El último punto al que me referiré es al papel de uno de los poderes del Estado, el poder judicial. El poder ejecutivo y el legislativo están sujetos al voto popular el que decide si le reitera la confianza o no a un determinado proyecto político. El poder judicial en nuestro ordenamiento constitucional está exento de tal requisito, lo que constituye una anomalía de no fácil solución que deja al Estado en su conjunto en una situación de debilidad relativa para propender y defender la completa vigencia de los DDHH.

Desde hace unos años este problema del desfasaje entre el proyecto político, socialmente inclusivo y defensor activo de los DDHH, actualmente vigente y el poder judicial se ha agravado notoriamente dejando la impresión que por lo menos una parte sustancial de éste último poder ha decidido encarnar la defensa de un proyecto político regresivo que por su naturaleza es violador de los DDHH. La imposibilidad de instalar en la justicia un proceso de democratización parcial porque buena parte del aparato institucional se opone y tiene el poder constitucional para hacerlo, es uno de los conflictos no resueltos más grave al que nos enfrentamos actualmente y de cara al futuro.

bastadeodio                                                                     

miércoles, 12 de septiembre de 2012

EL CONTRATO SOCIAL POPULISTA - (Parte II)

Carátula de El Leviatán de Hobbes
CONTRATOS Y "CONTRATOS":

Este post es la segunda parte de una reflexión motivada por un artículo de Eduardo Fidanza publicado en el diario La Nación. El autor combina de forma arbitraria dos conceptos que remiten a la filosofía política y a la política respectivamente: Contrato Social y Populismo. La profundización de esos conceptos y su conexión con la realidad actual -según mi mirada particular- constituyen el contenido de esta segunda parte. (la primera parte confronta al artículo en sí)

Este post, un poco extenso, se puede dividir en dos partes. En la primera repaso -muy por encima- la evolución de la noción de contrato social, que en su versión moderna denomino, contrato social neoliberal, los que no estén interesados en estos detalles históricos pueden saltearse esta parte e ir directamente al párrafo titulado Utopías y Realidades.

La metáfora del "contrato" -que usa Fidanza- es de tradicional y amplia utilización por el pensamiento liberal, desde su propio origen y evolución como concepto, en Hobbes (1588, 1679), Locke (1632, 1704) y Rousseau (1712, 1778), sucesivamente. Suelen apelar discursivamente a estas ideas, muy abstractas, como si ellas representaran la clave para entender la política, la sociedad y el Estado, incluso modernos, como si esas condiciones de posibilidad, de surgimiento y aplicabilidad de los conceptos a la realidad, no hubiesen cambiado radicalmente. Como si la historia se hubiese detenido también para la filosofía, no solo para la economía o la ideología.

En el concepto de "contrato social" hay una evolución que lo lleva desde una concepción del Estado autoritaria y absolutista; cuya función principal es en Hobbes el control social, donde la razón del Estado reside en la fuerza, a una liberal en Rousseau -quien toma muchos elementos del individualismo de Locke- y que sustituye la coerción directa por un acuerdo entre el gobernante (en su caso, un monarca) y los ciudadanos (en su caso, los súbditos) donde estos últimos renuncian a su estado natural de libertad en función de un beneficio que, en concreto, resulta ser una protección para la naciente burguesía, aquellos que tienen más para perder si los súbditos se revelan. La diferencia que marca a Rousseau y que lo hace tan influyente, es la concepción de un Estado donde el poder reside en el pueblo, independientemente de la forma de gobierno -monarquía o aristocracia- adoptada. Según él el que legisla es el pueblo y en él reside en última instancia el poder.
Modernamente la noción de contrato social fue retomada por John Rawls (1921,2002), catedrático de Harvard, en su libro Teoría de la Justicia y en otros posteriores como Liberalismo Político. Rawls parte de David Hume, de Rousseau y de Kant. Su teoría ha sido criticada por considerársela defensora del status quo capitalista. Entre sus críticos se encuentran Robert Wolf un ex colega suyo de Harvard y Jurgen Habermas. A Rawls puede considerárselo, en el campo de la filosofía política, el pensador estrella del neoliberalismo.

UTOPÍAS Y REALIDADES:

Pasa con esta utopía rawlsiana de un estado tecnocrático y "neutro", creación espontánea de una sociedad humana de individuos libres y auto regulada, que tiende por sí sola a la justicia social, un poco de lo que pasa en la economía clásica con el concepto de mercado y la competencia ideal, simplemente no hay forma de incluir en ella la realidad de los monopolios y los oligopolios. La misma o parecida dificultad surge cuando se intenta aplicar la noción de Contrato Social Liberal a un mundo dominado por tendencias nacionales y supranacionales globalizadoras. En el mejor de los casos estas idealizaciones representan utopías, bellas o espantosas (distopías), pero muy alejadas de la realidad actual, donde operan enormes poderes que se proponen -aunque no lo digan- borrar todo resto de democracia real, soberanía nacional o libertad individual, distinta del mero comprar esto o aquello, que pretendan ejercerse en cualquier parte del mundo.
A unas orillas -no las nuestras, claro- donde se dice que ya  han arribado tres oleadas democratizadoras, le está siguiendo una dramática retirada del mar, un cambio de tendencia. Europa, el gran experimento democrático moderno, lo está experimentando actualmente en su periferia; en cambio nuestra américa latina está disfrutando de una época de democratización que, por su densidad y duración, no tiene precedentes en su historia.

La demasiado débil diferencia con otras épocas imperiales y otros imperialismos pasados es que éstos, los actuales, solo recurren a la violencia para obtener sus objetivos cuando es imprescindible, lo que sucede, lamentablemente, con demasiada frecuencia. Si pueden, prefieren la penetración y dominación cultural, ideológica y económica. Una gran, gran zanahoria, acompañada de un gran, gran garrote.
Observen la única ilustración de este post que es -a pesar de los siglos transcurridos desde su creación- muy iluminadora en su simbolismo. Miren al Leviatán esgrimir una enorme espada en la mano derecha y el símbolo de la autoridad divina en la otra y, claro, entre ellas su testa coronada. Trasladado, es un retrato simbólico del poder del Estado neoliberal -sin importar la forma de gobierno que se adopte- y del moderno capitalismo globalizado como disciplinador de las masas.

Sin embargo, algunas sociedades-nación se resisten a desaparecer, a disolverse en ese "mejor de los mundos posibles" que se les ofrece. Esgrimen variadas razones, tantas quizás como pueblos-nación existen en el mundo. Algunos lo hacen por religión, otros en defensa de tradiciones que no son confesionales, otras porque prefieren gobernarse a sí mísmas antes que ser gobernadas por otros. En las mismas sociedades ya colonizadas y sometidas surgen grupos inorgánicos y variopintos que se resisten a firmar el "contrato" engañoso, se los llama con justicia -pero también con una buena dosis de ambigüedad- indignados. Falta que identifiquen con claridad qué los indigna y actúen en consecuencia. Las cacerolas sonando en manos indignadas, si son muchas, pueden voltear gobiernos, ha pasado, pero por sí solas no alcanzan para voltear al sistema de dominación, ni siquiera para sacudirlo.

Pero cuando un Pueblo-Nación se une, como está sucediendo ahora mismo en Cataluña, el sistema tiembla. Frente a la inmensa manifestación cifrada en un millón y medio de personas ocurrida en Barcelona en conmemoración de la Diada y que tuvo un carácter fuertemente independientista, llena de las queridas banderas históricas y ni una de la monarquía, el diario El País le dedicó un editorial que comienza diciendo: Diada histórica: La exhibición de fuerza del independentismo exige una respuesta política de Gobierno y oposición. Me quedo con un párrafo, que bien puede hacerse extensivo al país vasco y que lo juzgo un intento bastante parcial y prejuicioso de explicar el fenómeno del resurgimiento de los nacionalismos: "Cuenta, es cierto -dice el editorial- la emergencia de unas nuevas generaciones, desacomplejadas y sin miedo ni memoria, que ven en la crisis europea una ventana de oportunidad para una Cataluña que prescinda de España." (el subrayado es mío). Este tipo de indignación, que -contraria a la desmemoria que rápidamente se le atribuye- arraiga en lo profundo de derechos e identidades conculcados, es de otro tipo, mucho más sólido y pone de manifiesto tendencias centrífugas muy fuertes que se tenían por adormecidas. Habrá que esperar la respuesta de la derecha no catalana, que de seguro la habrá y no será contemplativa, puede calmar los ánimos o exacerbarlos.

Aunque se trate de otra dimensión, hay algo de cierto en lo que dice Fidanza, nuestro politólogo aficionado, solo que no hay detrás del engaño ningún contrato ni medianamente escrito, ni siquiera es posible votar en contra o a favor de él en el nivel en que se lo formula. Las bondades del mundo globalizado de la experiencia neoliberal e imperialista no están puestas en discusión, ni en debate, ese es "el contrato" implícito. Lo que se discute, ridiculiza y condena son los intentos de apartarse del sendero inevitable y excluyente marcado de antemano por los AMOS del mundo. Ellos ponen y sacan gobiernos en la periferia de las porciones incluso desarrolladas del mundo, ni que decir de las pobres, como en un tiovivo continuo, da igual de quien se trate, del signo político que sea, los delegados administradores del sistema son fusibles y fungibles, se gastan y se los reemplaza, lo que no cambia es "el modelo", "el sistema", "la estructura", "el contrato", los que no dejan de mandar -en realidad- son ellos, los AMOS.

Es el Leviatán moderno en acción, bestial de verdad, enorme, como nunca se atrevió a imaginarlo el mismo Hobbes. Capaz de ocultar el sol con su (in)humanidad, enloquecido, hambriento, sediento, brutal, soberbio, ciego, devorador, sangriento.

Vestido con las ropas vistosas del progreso y la modernidad, de la eficacia y la racionalidad, derramando ipads, iphones, Cruceros de lujo, Misiles crucero, paradisíacos Paraísos Fiscales, Ajustes Fiscales impiadosos, Drones, Guantánamos, Asesinatos extrajudiciales, Ejes del Mal, Misiones Divinas, Cristos vengativos, Gurúes del individualismo y muchos otros regalos por el estilo. Tómelos o jódase, esa es la consigna.

¿Será acaso que hay que decretar la muerte de la política, de los partidos políticos convertidos en cáscaras vacías, de la democracia, reducida a una mera formalidad?.
Pensar eso y actuar como si fuese un hecho ineluctable sería admitir la derrota total, la entrega de nuestros cuerpos a la máquina picadora de carne. Pensemos simplemente en el mundo que le dejaríamos a nuestros hijos y a los hijos de nuestros hijos. Imposible. Inaceptable.

EL PODER DE LO NACIONAL:

El mundo se ha globalizado o, mejor, mundializado, que no es lo mismo, aún el progreso de la dominación no se ha completado, por suerte. Y crecen por todas partes fuerzas que se le oponen. Sin embargo, se puede estar en contra de este proceso pero no queda más remedio que cabalgarlo. Estar en contra, aislarse y no oponerse a él por temor a la represalia sería como estar en contra del aire que respiramos y dejar de respirar. No se puede.

No podemos escapar a la mundialización, vivimos en ella y, además, tiene algunas ventajas, pero podemos también, mejor, debemos, explotar al máximo las oportunidades que aún existen de conservar una identidad nacional, un territorio propio, unas fronteras geográficas y culturales, defenderlas, consolidarlas, abrirnos a las identidades semejantes, compartidas, construir bloques plurinacionales y/o regionales que nos hagan más fuertes en nuestra identidad y le hagan más difícil al Leviatán su brutal tarea uniformadora. Impedir que acabe de construir un mundo unipolar, obligarlos a tolerar y, si es posible, a respetar la diferencia de eso se trata.

Podemos aprovechar los avances y rechazar lo que no nos convenga. No son los dueños del progreso. Podemos y debemos decidir por nosotros mismos sin pedir permiso, sin importarnos las condenas o los aplausos. Ya lo hemos experimentado, mejor equivocarnos por nosotros mismos y corregir, que equivocarnos por seguir los mandatos de otros. El que hace algo si tiene el visto bueno de los AMOS, o consulta su opinión antes de hacerlo, está equivocado. El que se pone a su servicio y opera para ellos, lisa y llanamente es un traidor.

EL CONTRATO SOCIAL POPULISTA:

Al emitir su voto el ciudadano elige -en la medida que puede- entre diversas propuestas y deposita su confianza, no solo ni exclusivamente atendiendo a programas explícitos en los que pocos reparan y los menos cumplen, sino a los valores simbólicos que las acompañan y a la experiencia social que está adherida a ellas y, particularmente, a sus líderes. Todo esto sucede no en el ámbito tranquilo de la reflexión sino en medio del bombardeo permanente de una campaña política que no cesa nunca.

Se vota, además de un candidato o candidata, una pertenencia simbólico partidaria que supone una historia. El que vota no espera que se cumplan estrictamente ciertos planes u objetivos detallados, el votante es inteligente, sabe que la política es el arte de obtener el máximo de beneficios bajo condiciones de posibilidad que son cambiantes y que ningún mapa detallado construido de antemano puede contener. No confía en los programas explícitos. Confía en las personas, confía en las adscripciones partidarias, confía -más de lo que concede Fidanza- en el valor de la palabra cumplida.

De una forma increíble por lo burda, Fidanza, que tiene la desfachatez de citar fuera de contexto a Ernesto Laclau (*), excluye del ámbito de lo público a cosas tales como "mejoras tangibles en el trabajo, las jubilaciones, el poder de compra, los subsidios y los planes sociales".

Los convenios colectivos de trabajo que fueron restituidos por el gobierno kirchnerista han sido y son una pieza fundamental en el mantenimiento del poder de compra de los salarios en conjunto con la gran paritaria que es la Mesa del Salario Mínimo; las jubilaciones volvieron a existir para la inmensa mayoría de nuestros mayores porque este gobierno estatizó las AFJP; los subsidios y los planes sociales son parte integrante de las políticas sociales inclusivas, transitorias, pero absolutamente necesarias en un país desvastado por la aplicación de las políticas neoliberales que Fidanza defiende.

Se podrían agregar muchas más muestras de políticas sociales que nos han devuelto la existencia de "lo público" y la presencia fundamental y dominante del Estado en ese ámbito, como la estatización de las acciones de YPF en manos de Repsol. Fidanza dice que estamos "viendo languidecer a (nuestros) hijos en la escuela pública", además de constituir un increíble desprecio hacia los trabajadores de la educación, lo dice justo de este gobierno que triplicó el presupuesto dedicado a Educación, Ciencia e Innovación Tecnológica, que construyó más de un millar de nuevas escuelas, varias bilingues, respetando las lenguas originarias, repartió un millón de netbooks en toda la geografía nacional dando acceso a millones de compatriotas a las modernas posibilidades de la mundialización de las comunicaciones, repatrió cientos de científicos, dignificó su función social, repensó y modificó la relación entre la investigación científica y el desarrollo productivo y muchos otros etcéteras que mezquinamente olvida u oculta.

Para Fidanza, "lo público" parece limitarse a lo que sucede en la calle, es decir confunde "el espacio de lo público" con el "espacio público", como Macri, que cree que construir bicisendas es hacer política social y tratar a las personas en situación de calle como delincuentes es hacer política de seguridad.

El contrato social populista le devuelve al ciudadano excluído la dignidad individual y colectiva, no solamente reivindica, sino que efectivamente reconstruye el espacio de lo público, lo renueva y lo amplía, ese que usted, Fidanza, confunde con, meramente, el espacio público.

Justamente es en ese espacio público donde se manifiesta habitualmente la militancia -lo que parece con frecuencia molestarles- y, en ocasiones, como ocurrió en las fiestas del Bicentenario, lo hace el pueblo en su inmensa variedad, los ciudadanos y los hermanos de otras latitudes felices de compartir la alegría de ser argentinos o de vivir y ver crecer a nuestros hijos en este bendito suelo. Les molestan los espacios de uso público y gratuito, como Tecnópolis o el Fútbol Para Todos, más aún si son convocantes.

ESE ES NUESTRO CONTRATO SOCIAL POPULISTA. Fírmelo si quiere, no es obligatorio, puede firmar el que le guste, nosotros los populistas defendemos la democracia y el derecho a elegir y ser elegido.

A lo que sí podemos aspirar es a que se nos devuelva lo que nos robaron mediante la violencia y el desprecio absoluto por la voluntad popular.

Aspiramos a que se nos devuelva la Constitución Nacional de 1949, particularmente sus Capítulos III y IV que establecen respectivamente, los derechos del trabajador, de la familia, de la ancianidad, de la educación y de la cultura y la función social de la propiedad, el capital y la actividad económica.

Esa Constitución es nuestro Contrato Social Populista. Es nuestra declaración de principios.

Es imprescindible que toda nuestra juventud la conozca, la debata, la critique, la actualice y la haga suya.

(*) Para conocer el pensamiento de Ernesto Laclau es adecuado recurrir a su libro La razón populista. En 2005, La Nación, lo entrevistó, de sus respuestas y también de las preguntas que le formuló la periodista, podemos obtener tanto información de primera mano con respecto a la forma en que Laclau comprende el populismo, como una percepción de cuánto ha perdido en profundidad, en tan pocos años, la discusión sobre su contenido y vigencia actuales.

Lo que Fidanza presenta como populismo, apenas alcanza a ser una mala y pobre caricatura. Lo que son políticas públicas que amplían derechos y ciudadanía se convierten bajo esta mirada estrecha en formas espúreas de comprar votos y la presencia de la militancia en la calle o en otros espacios públicos es vista como un impedimento molesto a la libre circulación o una intromisión impropia. Con ese nivel de análisis no se llega a comprender nada del populismo, ni siquiera para criticarlo.

En la entrevista que cito, Laclau hace algunas precisiones muy valiosas sobre el significado del populismo, de las que extraigo unas pocas que me parecen particularmente reveladoras:

- La crítica clásica al populismo está muy ligada a una concepción tecnocrática del poder según la cual sólo los expertos deben determinar las fórmulas que van a organizar la vida de la comunidad.

- Frente a la concepción tecnocrática del poder está la noción de la política como antagonismo, es decir, la emergencia de demandas sociales que se plantean a un cierto sistema. Esas demandas sociales constituyen un pueblo y el pueblo se constituye siempre en su oposición al poder.

- En el campo social hay grupos corporativos muy atrincherados, grupos económicos, empresarios, también grupos sindicales, muy fuertes. Pero hay sectores de la población que tienen un grado de integración y de identidad corporativa mucho menos consolidada, sectores marginales. Cuando esto ocurre, es necesario que la función de los líderes políticos no sea simplemente expresar intereses que ya están constituidos, sino ayudar a la constitución de esos otros intereses que han estado marginados.

- En el momento en que esas masas se lanzan a la arena histórica, lo hacen a través de la identificación con cierto líder, y ése es un liderazgo democrático porque, sin esa forma de identificación con el líder, esas masas no estarían participando dentro del sistema político y el sistema político estaría en manos de elites que reemplazarían la voluntad popular.

- Liberalismo y democracia no son términos que tiendan naturalmente a coincidir. Fue necesario todo el largo y complejo proceso de las revoluciones y reacciones del siglo XIX para alcanzar un equilibrio en ciertas formas que pasaron a ser llamadas liberal democráticas, como formas más o menos estables. Pero esa integración nunca se logró en la historia latinoamericana. Nosotros teníamos un liberalismo oligárquico que respetaba las formas liberales pero tenía una base clientelística que impedía toda expresión a las aspiraciones democráticas de las masas.

- El mapa que los EE.UU. hacen de América (aquí se refiere a la condena del auge del populismo en la región) tiene que ver con el mapamundi global que está tratando de establecer la política de Bush, tratar de crear una frontera ético-política que divida al conjunto de la humanidad entre el terrorismo y el no terrorismo cuando, por otra parte, el terrorismo es definido en forma tal que nunca son claros los actores que entran dentro del campo del terrorismo. Por otro lado, a nivel internacional, la tendencia de toda esta orientación de derecha es crear un mundo unipolar y eso es lo peor que podría pasar para las posibilidades democráticas de países como los nuestros.

- Si la Comunidad Europea se transformara en un interlocultor político cada vez más activo, si China empezara a participar también en el cuadro de opciones internacionales, entonces realidades como las del Mercosur podrían empezar a jugar estratégicamente. Esta va a ser la gran apuesta de los próximos años en política internacional. (recordemos que la entrevista es del 2005, nada mal, ¿no?).

Ernesto Laclau, desmenuza en un artículo publicado muy recientemente por Espacio Iniciativa, la interesada dicotomía entre Institucionalismo y Populismo, que plantean quienes se oponen a muchos de los procesos democratizadores abiertos en américa latina, donde el primero aparece como el depositario de la vigencia de la república y la racionalidad, en tanto al segundo le atribuyen el predominio del autoritarismo y la arbitrariedad.

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