Con el título inequívoco: Néstor y El, un periodista de La Nación, Daniel Pliner, especula sobre un tema al que el diario le ha dedicado más de un artículo desde aquellos iniciales escritos por Beatriz Sarlo. Esta vez el tono es de sorna, no pretende constituir parte de ningún sesudo estudio sobre las formas comunicacionales adoptadas por el kirchnerismo. Pero no por eso deja de llamar mi atención. Dice el dicho: tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe y este, a mi modo de ver y sobre todo de sentir, está hecho añicos.
El Dato duro: La presidenta en la fórmula de jura ante el Congreso en Plenario agregó al tradicional por Dios y por la Patria, el por el, en referencia, claro está, a Néstor Kirchner. No es la primera vez. Ya se refirió de esta manera al ex presidente en sus últimos discursos. Al principio decía Néstor o Kirchner e inevitablemente se quebraba y le llevaba un tiempo recuperarse y le sucedía lo mismo a sus hijos, cuestión que no es para nada menor.
Hay ciertos/as imbéciles con muy variada formación académica que se escandalizan ante el uso del pronombre "el" en lugar del nombre y se deliran especulando de si la intención de Cristina al hacer esto es la de construir un mito en torno a la figura del ex presidente o simplemente forma parte de una estrategia de comunicación de masas al estilo Durán Barba, por poner un ejemplo medio absurdo. Un ejemplo, entre muchos, Fontevecchia:
"El kirchnerismo institucionalizó ayer su sesgo metafísico. Al concluir su juramento con “Dios, la Patria o El me lo demanden"
A los cretinos y cretinas, ni se les ocurre pensar que a Cristina simplemente le ocurra lo más sencillo, lo más atendible: que no lo puede nombrar a Néstor sin quebrarse y aún esa referencia oblicua, "el", le produce ese visible efecto aunque atenuado. Es notorio que la Presidenta no está recuperada en su sensibilidad de la brusca pérdida del que fuera su compañero, en todo sentido, de tantos años. La persistencia del luto así lo muestra. Pero hasta eso algunos y algunas lo interpretan como una medida propagandística.
Señoras, señores, supuestamente pensantes, intelectuales, algunas/os de larga trayectoria académica, de esos ridículos, de esas pseudo producciones intelectuales no se vuelve, no soportan al tribunal académico más benévolo.
Otros y otras han incluido el nombre de Néstor Kirchner en la fórmula de jura, junto con Dios y la Patria. ¿Está eso mal?, ¿se trata de homenajear al hombre o de contribuir a instalar algo así como un semidios?.
La flamante Secretaria de DDHH del gobierno de Scioli, Sara Derotier de Cobacho, lo hizo. Quien puede en su sano juicio dudar que lo que representaba esa inclusión del nombre Néstor Kirchner luego de los nombres de Dios y Patria, para esa luchadora era un reconocimiento explícito y a la vez un compromiso personal con el presidente que más a hecho por la Memoria, La verdad y la Justicia que reclamaban las Madres durante tanto tiempo. Es acaso cuestionable, seguramente que no lo es y nadie hasta ahora lo ha hecho.
Sin embargo, cuando la presidenta lo hace en un discurso o en la jura, no ocurre lo mismo, justo a ella se le niega el derecho a recordarlo y a renovar su compromiso personal con las ideas y los anhelos del que fuera su compañero y que seguramente nadie sobre el planeta tierra conoce como ella.
Si gobierna con autoridad dicen que reina y que el país se ha convierto en una monarquía. Más monarquía que las europeas porque en ella los reyes no reinan como aquí. Casi una monarquía absoluta y encima inclinada hacia los mitos y la metafísica y no se cuantas pavadas más.
Si muestra afecto por sus hijos y hace que su hija le ponga la banda en lugar del traidor minúsculo de Cobos, peor. No es una madre que busca apoyo emocional en sus hijos. Si la cámara enfoca muchas veces a su hijo Máximo, ya está resuelto el problema del heredero en el 2015, es Máximo, total, no es esto una monarquía acaso.
Hay formas de oposición o de periodismo que pueden contribuir a mejorar las instituciones y la vida democrática, hay otras que, por el contrario, están dirigidas a perturbarla y otras, como en este caso, resultan ser simplemente una muestra del cretinismo moral de quienes las sostienen y alimentan.
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