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jueves, 30 de julio de 2015

EL TEOREMA DE BAGLINI Y LA MENTIRA

Raúl Eduardo Baglini es un político del partido radical que llegó a ser senador de la Nación cesando en el 2003. Cercano a Julio Cobos y mendocino como él, desde 2010 no registra actividad política conocida.
Sin embargo últimamente volvió a ser mencionado con cierta frecuencia.
Una de las razones es que formuló en 1986 lo que se conoce como "Teorema de Baglini" que grosso modo sostiene que el grado de especificidad y compromiso de las propuestas que hace un candidato o partido político durante una campaña es inversamente proporcional a su posibilidad real de acceder al poder. Hay otras versiones del "teorema" todas ellas de claro tinte conservador y tufo justificador.

Llamarlo teorema es claramente un exceso del lenguaje ya que admite notorias excepciones, muy conocidas, como son las de Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner, justamente dos de los personajes centrales de la construcción de la democracia argentina durante la transición del siglo XX al XXI. Con sus diferencias, ambos se caracterizaron por explicitar y defender hasta dónde pudieron sus convicciones antes y después de convertirse en presidentes. Pero parece que ahí no acaba la cosa.

La segunda razón que ha devuelto al público a Baglini y su invento es la errática -por decir algo- personalidad del líder del PRO Mauricio Macri que sorprendió a propios y extraños con el giro copernicano de su discurso luego de la cuasi derrota de su partido en la segunda vuela electoral de la ciudad capital.

Después de años de destrozar públicamente y en cada ocasión que se le presentaba a las más notorias medidas tomadas por el gobierno nacional (AUH, jubilaciones, estatización de AA y de YPF, Fútbol para Todos, DDHH, entre numerosas otras) de pronto dijo reconocerlas como logros y se comprometió a no derogarlas en caso de llegar al gobierno.
En rigor al discurso (o su cambio) no se le podría considerar un caso de Baglini porque consisten en definiciones estrictas y no en la ausencia de ellas. Pero los buenos periodistas que tenemos, rápidamente olieron la mentira subyacente y las verdaderas razones del reacomodo discursivo que no son otras que la pobre performance electoral del PRO y su alianza nacional Cambiemos.
A esa sorprendente pieza oratoria de Macri  le siguieron la difusión pública de una serie de videos de referentes del PRO como Carlos Melconian y Federico Sturzenegger en los que quedaba de manifiesto no solo el doble discurso sino también su justificación metodológica. Esta última se vio reforzada cuando se conoció un instructivo elaborado presuntamente por el asesor ecuatoriano Durán Barba en el que se explicaba como responder a las preguntas que inevitablemente generaría el giro discursivo.

En resumen los periodistas -oficialistas y opositores- no se equivocaron al juzgar el aparente giro político del PRO como una vulgar mascarada porque de eso se trata.

La cita al teorema de Baglini es, entonces, claramente errónea. No se trata de ausencia de definiciones sino de la necesidad de su presencia. El Macri candidato, si quería seguir en carrera, tenía que exorcizar al verdadero Macri, el de siempre, el reconocido, para dar paso a uno nuevo que se siente "más nacional y popular".
Lo que sucede nada tiene que ver con Baglini y sus inventos sino con una concepción de la política mucho menos inocente según la cual los ciudadanos son meros consumidores de imágenes y discursos que -como en los comerciales- nada o poco tienen que ver con la realidad de sus vidas pasadas, presentes y futuras sino con sentimientos e imaginarios previamente instalados en sus consciencias. En pocas palabras: Marketing Puro y Duro en el que la mentira no es un pecado ni un error sino una necesidad y, en todo caso, una astucia.

No les va a funcionar, no aquí, no en las actuales condiciones de consciencia del conjunto de la sociedad a las que se llegó luego de la profunda crisis del 2001 y de la reconstrucción cultural y política que inició Néstor Kirchner la que se entronca con la mejor tradición política nacional desde Yrigoyen, pasando por Perón y Alfonsin hasta nuestros días. Hay ahora millones de argentinos y argentinas con los anticuerpos necesarios para evitar ser manipulados por estas burdas -incluso descaradas- estrategias de la mentira.

La necesidad misma de la mentira lo pone de manifiesto. También lo hace el reconocer los logros alcanzados que forman parte integral de nuestro imaginario colectivo. No es otra cosa que la famosa Batalla Cultural que no se libra exclusiva ni principalmente en los medios de comunicación como algunos parecen inclinados a creer.

bastadeodio