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| Antonio Berni - La Mayoría Silenciosa |
"Según los intelectuales reunidos en Carta Abierta, “lo que falta” sería – más allá de las “asignaturas pendientes” que estarían dispuestos a admitir – una cuestión de “imaginación política”. Y lo que es evidencia y síntoma de lo que no sólo no se transforma sino que se profundiza sería – como en el fenómeno de las placas tectónicas - algo así como restos traumáticos del pasado en el interior de un proceso transformador, que reaparecen una y otra vez.
El contenido de la producción ideológica oficial se inscribe en una metodología. La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada."
Los integrantes de Carta Abierta -ya que son mencionados- decidirán responder o no a esta crítica directa. Pero yo tengo algo que decir respecto de la cita que elegí.
La metáfora de las placas tectónicas puede ser adecuada para describir el proceso general de cambio que está operando en el país desde el 2003 y más particularmente desde el 2007, pero en un sentido bien distinto al que ellos pretenden darle que es el de concebir la "profundización" -que propone el gobierno para esta etapa que recién se inicia- como un proceso de consolidación de los "restos traumáticos del pasado", esto es calificar a la profundización como retroceso, en lugar de un avance. Esto es más una provocación que una conclusión fundamentada y la metáfora tectónica como mostraré, lejos de aclarar su punto de vista lo contradice.
La teoría de las placas sugiere que la superficie de la corteza terrestre que emerge y que forma los continentes es solo la parte visible de un conjunto limitado de enormes placas en movimiento continuo cuyos límites naturalmente se encuentran en colisión. Cuando esto ocurre el borde de una de las placas se hunde por debajo de la placa contigua, lo que se denomina subducción. La placa que permanece por arriba, por el contrario, se eleva por efecto del contacto. Esto permite que partes de la corteza visible (o invisible si pertenece al fondo marino) se hundan para finalmente formar parte del magma y que, por el contrario partes que antes eran invisibles emerjan haciéndose visibles. De ahí, por ejemplo, que se encuentren restos fósiles de animales marinos de 300 millones de años de antigüedad en las alturas de la Puna boliviana o emerjan nuevas islas (volcánicas) en medio del océano.
Esta teoría se puede usar como metáfora de los fenómenos sociales y políticos indicándonos que los procesos y condicionantes del pasado emergen en los procesos de cambio actuales interviniendo en ellos provocando sacudones y temblores, es decir, obstáculos e inconvenientes, pero también, no hay porque excluirlo, pueden hacerlo de manera positiva, favoreciendo los cambios. No hay nada sorprendente en ello. Los cambios no se producen por decreto o porque un grupo de intelectuales identifique los problemas. Se producen por la intervención popular, por la participación ciudadana y son procesos que implican la modificación de conductas y de estados de conciencia que se encuentran muy arraigados; que se entierran, por así decirlo, en las conductas y prácticas del pasado.
Chile hoy, con la descabellada propuesta de eliminación en los textos escolares de la palabra "dictadura" para referirse al período de Pinochet y su reemplazo por el término supuestamente más neutro de "régimen" y la reacción posterior que obligó a retirarla es una buena muestra de ello (ver aquí).
En los procesos sociales lo nuevo y lo viejo coexisten y se superponen y entran en colisión continuamente aún en regímenes extremadamente cerrados y controlados como fue el caso del stalinismo.
La frase final de la cita de más arriba no solo se podría aplicar a cierta producción de mensajes oficiales -no a todos- sino también a los medios masivos de comunicación -no a todos- y hasta a los propios autores de la Carta Presentación de la Plataforma.
Pero ya que se auto califican de críticos les diría que está muy bien criticar al gobierno por lo que no hace o hace mal, pero no se corresponde con la correcta crítica negarles el reconocimiento por lo que ha hecho bien. Ese sería un mejor punto de partida, más creíble para iniciar la necesaria crítica. Algo que permita entender, más allá de la tesis de la manipulación discursiva que pretende ser su aporte fundamental, el hecho del contundente apoyo popular cosechado en las últimas elecciones. Las convicciones democráticas y el respeto a la voluntad popular así lo imponen sin, por ello, tener que dejar de lado la actitud crítica.
Además no solo habrían de criticar al gobierno sino también la actitud cerradamente opositora y manipuladora, por decir solo algunas cosas, de ciertos medios de comunicación los que, además, se aprovechan de su posición dominante para limitar la libertad de expresión de otros medios.
Todo esto forma parte integrante del panorama insatisfactorio que habría que denunciar y criticar.
Una crítica que se centraliza en el gobierno dejando de lado al resto está tuerta, es una mirada desde el ojo del Cíclope. Y es a él a quien le hacen el juego. No representan -como pretenden- al astuto Ulises ("Nadie") engañando a Polifemo y liberándose él y sus compañeros del yugo y la amenaza. No desarma el discurso único del poder instalado desde hace décadas en nuestro país el negar su existencia y atribuírselo exclusivamente al gobierno.
Negar las contradicciones no las hace desaparecer.
Suena hasta ridículo repetir los argumentos semióticos que han permitido deconstruir el discurso único del neoliberalismo para pretender aplicárselos al propio gobierno.
Es como si dijesen: ¡démosle a probar de su propia medicina!
Es ingenioso pero poco inteligente y además muy poco independiente. Simplemente hacen suyos los argumentos más recientes de los medios dominantes.
Si quieren hacer crítica independiente, bienvenida sea, hace falta, pero la Carta de presentación de Plataforma 2012 no hace eso, su mirada sobre la realidad es tuerta y así son más de lo mismo.
El referente de Carta Abierta y director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, responde los argumentos del nuevo grupo con un artículo en Página/12, (ver aquí). Quizás se abra un interesante y promisorio debate entre intelectuales y artistas comprometidos con la realidad nacional. Eso espero aunque tengo mis razonables dudas de que así sea.
Finalmente les diría con todo respeto que, si quieren representar el papel heroico de Ulises, simplemente traten de ser fieles a lo que declaran al comienzo de su carta:
"Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil. Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda. Si algo nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos, poner en cuestión los problemas que nos plantea, promover el debate de ideas, intentar leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan. En síntesis, sostener nuestra capacidad y conciencia crítica y manifestarla, romper el silencio, como paso imprescindible hacia un accionar colectivo y transformador."
Figuran como firmantes de la carta 2012, entre otros:
Pablo Albarello, Mirta Antonelli, Bibiana Apolonia de Brutto, Norma Barros, Héctor Bidonde, José Emilio Burucúa, Jorge Brega, Manuel Callau, Ana Candiotti, Nora Correas, Diana Dowek, Lucila Edelman, Sandra Franzen, Roberto Gargarella, Adriana Genta, Liliana Helman, Eduardo Iglesias Brickles, Diana Kordon, Darío Lagos, Alba Lancillotto, Matilde Marin, Lucrecia Martel, Gabriela Massuh, Francisco Menéndez, Luis Felipe Noe, José Miguel Onaindia, Jorge Pellegrini, Derly Prada, Mabel Ruggiero, Carlos Ruíz, Alfredo Saavedra, Luis Sáez, Horacio Safons, Beatriz Sarlo, Alberto Sava, Herman Schiller, Aurora Juana Schreiber, Maristella Svampa, Nicolás Tauber Sanz, Osvaldo Tcherkaski, Yaco Tieffenberg, Enrique Viale, Dennis Weisbrot, Patricia Zangaro, Daniel Zelaya.
Es un hecho conocido que varios de los convocados telefónicamente para adherir a la carta y que habían dado su consentimiento inicial, al conocerse la misma a través de una nota aparecida en La Nación en la que se presentaba a Beatriz Sarlo como una de las organizadoras del evento, hicieron pública su decisión de retirar la adhesión por no coincidir con el contenido de la carta y/o con la participación de lo que denominaron una "escriba y vocera del poder". (ver aquí y aquí).
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