En una entrevista aparecida en Tiempo Argentino, Raúl Zaffaroni se pronuncia sobre la denuncia realizada en contra de la presidenta, del gobierno y de la mayoría parlamentaria oficialista por el fiscal Nisman de la causa AMIA. Una frase de la misma -que sirve de título- es por demás elocuente:
"En un sector de la justicia están usando un gas psicotizante".
–¿Cree que hay una guerra de intereses dentro del Poder Judicial?
–No sé si hay guerra de intereses o qué. Si la hay creo que están usando algún gas psicotizante que afecta a algún sector minoritario de la justicia. No hay una "judicialización de la política", porque eso es otra cosa: la hay cuando la política quiere usar a la justicia y de eso sabemos desde hace mucho. Aquí hay una "partidización de la justicia", es la justicia la que se mete en la política, y eso es nuevo y efecto del gas psicotizante.
–¿Cuáles son las consecuencias?
–No sé hasta dónde puede llegar ni puedo prever las escaramuzas de esto, pero sí sé cuál va a ser el resultado final si no se bajan los decibeles y se entra en razón. El resultado final va a ser un desastre para toda la justicia. Si como resultado de una actitud psicótica minoritaria, el público llega a la conclusión de que en toda la justicia (porque no se distingue y el baldón cae sobre todos) no es más que un juego de poder, lamentablemente el descrédito va a ser mayúsculo y muy difícil de superar.
Las respuestas de Zaffaroni son precisas y de puro sentido común y
realismo. Sin embargo el fondo del problema no se encuentra en Nisman
que es un mandado de poca monta, ni tampoco -aunque esto sea
institucionalmente más grave- en un grupo minoritario de la justicia que
se ha "partidizado" o "vuelto loco".
El problema de fondo al que nos enfrentamos es que, por una parte,
hay sectores del poder económico en la sociedad nacional y fuera de ella
(el propio Nisman con sus "relaciones particulares" con la embajada de los EEUU, lo deja en claro) para los cuales un gobierno que pretende gobernar e intervenir en
los negocios para limitar los excesos, cambiar la estructura de la
distribución de la riqueza o tener una política internacional no subordinada, es un obstáculo a eliminar.
Por otra parte hay buena
parte de los partidos políticos que difícilmente puedan acceder al
poder mediante el voto popular.
Operando en conjunto ambos grupos de intereses han intentado
reiteradas veces inducir un caos económico buscando repetir
experiencias del pasado y, sin embargo, han fracasado.
Han denunciado con abundante
apoyo mediático y escasas pruebas una supuesta corrupción gubernamental y
han ocultado una corrupción empresaria y política sobre la cual hay
pruebas contundentes.
A juzgar por las mediciones de diversos encuestadores el apoyo al gobierno y a Cristina Fernández
es notablemente alto para un ejecutivo que termina su mandato, también han fracasado en esto, no están frente a un "pato rengo" sino frente a un gobierno y un partido, el FPV, con sus potencialidades intactas.
Ante estos fracasos y la perspectiva
cierta de un nuevo desastre electoral han perdido la poca compostura
republicana que aún les quedaba y han decidido hacer entrar a "la
cancha" como jugadores a sus jueces comprados o complacientes. La "locura" a la que alude Zaffaroni consiste en un abandono de su rol constitucional de garantes del equilibrio de poderes e intereses y la objetividad en el juzgamiento de las causas.
La utilización de jueces y fiscales amigos con una clara intencionalidad política o económica es una maniobra que no es nueva. Mediante ella han logrado obstaculizar buena parte de las iniciativas legislativas del gobierno y obtener importantes privilegios económicos.
Lo
que es nuevo es la magnitud del intento, ya que lo que pretenden
producir es un grave conflicto de poderes y poner en riesgo el
funcionamiento institucional en un año electoral creando un clima de
incertidumbre y hasta de miedo por el futuro en buena parte de la
población.
Pretenden que de esa situación creada se derive una mejor
oportunidad electoral para su o sus candidatos.
El "partido judicial" no
es un partido en el sentido tradicional, no los caracteriza ser afiliados
o simpatizantes de la UCR, del PRO, o del Socialismo, son partidarios
del partido del poder en las sombras con vínculos explícitos con el
poder económico global, el que tiene dirigentes pero no candidatos
propios, y solo designa gerentes a los cuales enviste
-circunstancialmente- como candidatos en una gran mascarada de carácter
global y nacional dirigida a manipular y torcer la voluntad democrática
de la población.
Yo diría que frente a esta maniobra solo cabe -por
parte del gobierno y de la población- tenerla en claro, no dejarse
conquistar por el miedo y enfrentarla en todos los terrenos en que se
manifieste. No existe en la actualidad la posibilidad de conciliación de
intereses entre estos sectores que se consideran el verdadero poder
permanente y los intereses populares. Mil fotos en apariencia amables no
harán cambiar esta historia, solo sirven para confundir.
El partido que estamos jugando, con los árbitros dentro de la cancha haciendo zancadillas y golpeando arteramente a los jugadores de un bando, "inclinando la cancha", es un partido entre la democracia, la libertad y la justicia y contra una banda de malandras dispuestos a utilizar cualquier medio para alcanzar sus fines. Así actúan los malandras, los que atentan contra la belleza y el sentido del juego comprando a los árbitros y arreglando los partidos.
Ya se les ha podido ganar y más de una vez. El límite que no están en condiciones de ignorar en este momento histórico, es la voluntad popular expresada con claridad en las urnas eligiendo dirigentes que tengan lo necesario para enfrentarlos.
bastadeodio
Por una Patria Justa, Libre y Soberana
Una Patria Justa, Libre y Soberana - 17 de octubre de 1945 - 17 de octubre de 2015 - Día de la Lealtad - Setenta años
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sábado, 17 de enero de 2015
lunes, 20 de febrero de 2012
La visión utópica de Zaffaroni (parte 2): La Reforma Constitucional
En un post anterior de similar título (ver aquí) se hacía referencia a una entrevista radial que el Dr Eugenio Raúl Zaffaroni mantuvo con el periodista Eduardo Anguita en Radio Nacional (audio, aquí). Esta entrevista fue desgrabada y se publicó en Miradas al Sur. En su última parte se hace referencia a la conocida posición del Ministro con respecto a la reforma constitucional que, entre otras críticas, le ha valido la absurda acusación de oficialista y la de ser punta de lanza para la campaña por la re re elección de Cristina Kirchner en el 2015. Esta es la parte de la entrevista que hace referencia al tema:
–Usted fue uno de los convencionales en el año 94 cuando se reformó la Constitución. Acá la prensa opositora, como se dice habitualmente, ha tomado algún diálogo que tuvieron personas cercanas a la Presidenta para hablar de la re–re–re. Al respecto, usted tiene una postura que en la Argentina está muy poco tomada que es el papel del parlamentarismo.
–Sí, efectivamente, hace muchos años que vengo sosteniendo eso. Creo que un ejecutivo que sale del Congreso, que sale del Parlamento, es un ejecutivo más fuerte que el presidencialista que está sometido a más controles. Por otra parte, que tiene más visibilidad y que es más estable y que en caso de crisis es posible reemplazarlo de una manera mucho menos traumática que en un sistema presidencialista.
–Y para eso se necesitan partidos políticos más fuertes de los que tenemos, se necesitan medios de comunicación…
–Eso es un poco lo del huevo o la gallina. Partidos más fuertes creo que los crea el propio parlamentarismo por su misma dinámica. Cuando es necesario tener una mayoría para gobernar se facilitan las alianzas y si las alianzas tienen cierta coherencia mínima, ideológica, no pretendo una coherencia dogmática, una radicalización dogmática, pero sí cierta mínima coherencia ideológica, una coalición de centro derecha, una coalición de centro izquierda, eso tiende a ser una fuerza política con el correr de los años. Es decir, creo que el propio sistema parlamentario fortalece a los partidos. Y si vamos a esperar tener partidos fuertes para hacer el sistema parlamentario, no lo vamos a poder hacer nunca. Y lo más grave del caso es que creo que en un sistema presidencialista donde está cruzado el sistema electoral proporcional con el presidencialismo, el sistema electoral proporcional es un sistema propio de los parlamentarismos, creo que ahí hay una incoherencia en el sistema que tiende a debilitar los partidos políticos y tiende a pulverizarlos.
Comentarios:
Con respecto a la primera pregunta es mi opinión que la experiencia actual de muchos países europeos con sistemas parlamentaristas no avala la tesis de Zaffaroni, las crisis de Grecia e Italia ya sucedidas muestran que no siempre ocurre lo que afirma y que el parlamentarismo, por si solo, no es garantía de estabilidad. En ambos casos los presidentes elegidos fueron traídos de afuera del ámbito parlamentario volviendo con ello a la interpretación de la delegación de la voluntad popular reflejada en las personas de los parlamentarios más flexible y ambigua que nunca.
Lo cierto es que frente a una situación de verdadera crisis, los sistemas democráticos, sean parlamentaristas o presidencialistas hallan una solución o salida medianamente constitucional. Pasó aquí en el 2001, cuando falladas todas las instancias sucesorias se terminó eligiendo presidente a un gobernador, el Dr Duhalde.
En relación a la segunda. La fortaleza de los partidos políticos no proviene de fuera de ellos sino de su historia anterior, de los liderazgos que surjan en su seno, de la adaptabilidad de sus estructuras partidarias y sobre todo, de la forma en que su dirigencia es capaz de captar el sentir, las cambiantes demandas populares, o si se prefiere, de amplias mayorías ciudadanas y presentarles un proyecto auténtico y factible para satisfacerlas y luego, si consigue el poder, cumplir con la promesa electoral. Eso vale para la democracia y la fortalece, independientemente de si el sistema es uno u otro. La condición para que un partido así, realmente sea capaz de captar estas demandas es su arraigo en el seno de la sociedad, esa es la medida de su representatividad. No se me escapa que últimamente se cree que con una buena campaña publicitaria y la protección de los medios dominantes se puede engañar al ciudadano y lograr su apoyo, no a un proyecto, sino a una figura. Yo no creo que sea así y lo considero un insulto hacia nuestro pueblo y su historia. En esto pienso que es aplicable la máxima de que el árbol no te impida ver el bosque.
En resumen los sistemas de representación no crean a los partidos políticos y tampoco, como afirma, necesariamente los fortalecen pueden por el contrario debilitarlos por la necesidad de establecer alianzas que vayan en contra de su historia y de su representatividad ya sea para conservar el poder (como en el caso de la socialdemocracia europea frente a las demandas de las instituciones financieras internacionales) o para obtenerlo a espaldas de la voluntad popular.
En cuanto a la contradicción existente entre elegir Presidente/a por voto directo y Diputados por el sistema proporcional Zaffaroni tiene parte de la razón. En este punto, la intención de los Convencionales del ´94 fue asegurar la representación federal e impedir que un pequeño conjunto de provincias muy pobladas, como la de Buenos Aires, se quedasen con la mayoría de los representantes minimizando la representación del resto menos poblado del país. Tiene sus ventajas y también sus inconvenientes, pero se puede convivir con ambos. Quizás hay que revisar el exceso de representatividad que tienen algunas jurisdicciones con respecto a otras, lo que introduce distorsiones, pero eso no justifica ir hacia otro sistema, hay que mejorar la proporcionalidad no tirarla al tacho de las cosas inútiles.
La experiencia reciente en el ámbito parlamentario nacional no permite abrigar muchas esperanzas en que la madurez de los dirigentes y los partidos políticos existentes permitan alcanzar acuerdos de gobernabilidad. El último período de sesiones parlamentarias, el del 2011, fue una buena muestra de ello, un verdadero ejemplo de ineficacia parlamentaria. Me temo que si el sistema que nos hubiese regido fuese el parlamentario y no el presidencialista habríamos tenido serios problemas institucionales para asegurar la gobernabilidad y probablemente, porque esa era su intención, se habría provocado la caída del gobierno, sin poder ofrecerle a la sociedad un reemplazo más estable y consecuentemente habríamos caído en una crisis en espiral difícil de contener. Pero eso es política ficción. O análisis contrafáctico. Pero también Zaffaroni lo hace. En las actuales circunstancias ni el gobierno ni mucho menos la oposición están en condiciones de llamar a una reforma constitucional. Solo un gran acuerdo lo posibilitaría. De modo que por ahora son especulaciones, legítimas, pero especulaciones al fin.
En la actual situación, luego de unas elecciones en las que el oficialismo obtuvo la mayoría absoluta de votos ciudadanos, debido al sistema proporcional de elección de representantes en la cual esa mayoría absoluta no se ve reflejada en la composición de la Cámara de Diputados, que pueda ocurrir lo mismo que en el año 2011 es más difícil pero de ninguna manera imposible.
Finalmente la experiencia parlamentarista es europea, la experiencia histórica de la región Latinoamericana es presidencialista. Tenemos tradiciones, deben ser respetadas, aunque seguramente mejoradas, no estamos en una situación para hacer experimentos con resultados inciertos de este calibre. Con todo respeto por Eugenio Zaffaroni, si de reforma constitucional se trata, yo vería con mucho más agrado que tal reforma contemplase retomar actualizados, aspectos centrales de la Constitución de 1949, sin duda la que mejor establece -al darle estatus constitucional- los derechos del trabajador, es decir de todos (Cap.III, art.37,inc.I); los de la Familia (inc.II) y los de la Ancianidad (inc.III); además de aquellos fundamentales artículos que hacen a la función social de la propiedad y la actividad económico-productiva y a la defensa del patrimonio nacional (Cap.IV, art. 38,39 y 40). (aquí la Constitución Argentina de 1949 en versión pdf)
No se debe olvidar al plantear este tema, que el país desde el 2003 en adelante se encuentra abocado a la dura y difícil tarea de reconstruir un Estado Nacional y Estados Provinciales devastados por la década y media de neoliberalismo y su culminación en una catástrofe social. Todo aquello que pueda contribuir a demorar o detener esta recuperación debe ser considerado con mucho cuidado.
bastadeodio
–Usted fue uno de los convencionales en el año 94 cuando se reformó la Constitución. Acá la prensa opositora, como se dice habitualmente, ha tomado algún diálogo que tuvieron personas cercanas a la Presidenta para hablar de la re–re–re. Al respecto, usted tiene una postura que en la Argentina está muy poco tomada que es el papel del parlamentarismo.
–Sí, efectivamente, hace muchos años que vengo sosteniendo eso. Creo que un ejecutivo que sale del Congreso, que sale del Parlamento, es un ejecutivo más fuerte que el presidencialista que está sometido a más controles. Por otra parte, que tiene más visibilidad y que es más estable y que en caso de crisis es posible reemplazarlo de una manera mucho menos traumática que en un sistema presidencialista.
–Y para eso se necesitan partidos políticos más fuertes de los que tenemos, se necesitan medios de comunicación…
–Eso es un poco lo del huevo o la gallina. Partidos más fuertes creo que los crea el propio parlamentarismo por su misma dinámica. Cuando es necesario tener una mayoría para gobernar se facilitan las alianzas y si las alianzas tienen cierta coherencia mínima, ideológica, no pretendo una coherencia dogmática, una radicalización dogmática, pero sí cierta mínima coherencia ideológica, una coalición de centro derecha, una coalición de centro izquierda, eso tiende a ser una fuerza política con el correr de los años. Es decir, creo que el propio sistema parlamentario fortalece a los partidos. Y si vamos a esperar tener partidos fuertes para hacer el sistema parlamentario, no lo vamos a poder hacer nunca. Y lo más grave del caso es que creo que en un sistema presidencialista donde está cruzado el sistema electoral proporcional con el presidencialismo, el sistema electoral proporcional es un sistema propio de los parlamentarismos, creo que ahí hay una incoherencia en el sistema que tiende a debilitar los partidos políticos y tiende a pulverizarlos.
Comentarios:
Con respecto a la primera pregunta es mi opinión que la experiencia actual de muchos países europeos con sistemas parlamentaristas no avala la tesis de Zaffaroni, las crisis de Grecia e Italia ya sucedidas muestran que no siempre ocurre lo que afirma y que el parlamentarismo, por si solo, no es garantía de estabilidad. En ambos casos los presidentes elegidos fueron traídos de afuera del ámbito parlamentario volviendo con ello a la interpretación de la delegación de la voluntad popular reflejada en las personas de los parlamentarios más flexible y ambigua que nunca.
Lo cierto es que frente a una situación de verdadera crisis, los sistemas democráticos, sean parlamentaristas o presidencialistas hallan una solución o salida medianamente constitucional. Pasó aquí en el 2001, cuando falladas todas las instancias sucesorias se terminó eligiendo presidente a un gobernador, el Dr Duhalde.
En relación a la segunda. La fortaleza de los partidos políticos no proviene de fuera de ellos sino de su historia anterior, de los liderazgos que surjan en su seno, de la adaptabilidad de sus estructuras partidarias y sobre todo, de la forma en que su dirigencia es capaz de captar el sentir, las cambiantes demandas populares, o si se prefiere, de amplias mayorías ciudadanas y presentarles un proyecto auténtico y factible para satisfacerlas y luego, si consigue el poder, cumplir con la promesa electoral. Eso vale para la democracia y la fortalece, independientemente de si el sistema es uno u otro. La condición para que un partido así, realmente sea capaz de captar estas demandas es su arraigo en el seno de la sociedad, esa es la medida de su representatividad. No se me escapa que últimamente se cree que con una buena campaña publicitaria y la protección de los medios dominantes se puede engañar al ciudadano y lograr su apoyo, no a un proyecto, sino a una figura. Yo no creo que sea así y lo considero un insulto hacia nuestro pueblo y su historia. En esto pienso que es aplicable la máxima de que el árbol no te impida ver el bosque.
En resumen los sistemas de representación no crean a los partidos políticos y tampoco, como afirma, necesariamente los fortalecen pueden por el contrario debilitarlos por la necesidad de establecer alianzas que vayan en contra de su historia y de su representatividad ya sea para conservar el poder (como en el caso de la socialdemocracia europea frente a las demandas de las instituciones financieras internacionales) o para obtenerlo a espaldas de la voluntad popular.
En cuanto a la contradicción existente entre elegir Presidente/a por voto directo y Diputados por el sistema proporcional Zaffaroni tiene parte de la razón. En este punto, la intención de los Convencionales del ´94 fue asegurar la representación federal e impedir que un pequeño conjunto de provincias muy pobladas, como la de Buenos Aires, se quedasen con la mayoría de los representantes minimizando la representación del resto menos poblado del país. Tiene sus ventajas y también sus inconvenientes, pero se puede convivir con ambos. Quizás hay que revisar el exceso de representatividad que tienen algunas jurisdicciones con respecto a otras, lo que introduce distorsiones, pero eso no justifica ir hacia otro sistema, hay que mejorar la proporcionalidad no tirarla al tacho de las cosas inútiles.
La experiencia reciente en el ámbito parlamentario nacional no permite abrigar muchas esperanzas en que la madurez de los dirigentes y los partidos políticos existentes permitan alcanzar acuerdos de gobernabilidad. El último período de sesiones parlamentarias, el del 2011, fue una buena muestra de ello, un verdadero ejemplo de ineficacia parlamentaria. Me temo que si el sistema que nos hubiese regido fuese el parlamentario y no el presidencialista habríamos tenido serios problemas institucionales para asegurar la gobernabilidad y probablemente, porque esa era su intención, se habría provocado la caída del gobierno, sin poder ofrecerle a la sociedad un reemplazo más estable y consecuentemente habríamos caído en una crisis en espiral difícil de contener. Pero eso es política ficción. O análisis contrafáctico. Pero también Zaffaroni lo hace. En las actuales circunstancias ni el gobierno ni mucho menos la oposición están en condiciones de llamar a una reforma constitucional. Solo un gran acuerdo lo posibilitaría. De modo que por ahora son especulaciones, legítimas, pero especulaciones al fin.
En la actual situación, luego de unas elecciones en las que el oficialismo obtuvo la mayoría absoluta de votos ciudadanos, debido al sistema proporcional de elección de representantes en la cual esa mayoría absoluta no se ve reflejada en la composición de la Cámara de Diputados, que pueda ocurrir lo mismo que en el año 2011 es más difícil pero de ninguna manera imposible.
Finalmente la experiencia parlamentarista es europea, la experiencia histórica de la región Latinoamericana es presidencialista. Tenemos tradiciones, deben ser respetadas, aunque seguramente mejoradas, no estamos en una situación para hacer experimentos con resultados inciertos de este calibre. Con todo respeto por Eugenio Zaffaroni, si de reforma constitucional se trata, yo vería con mucho más agrado que tal reforma contemplase retomar actualizados, aspectos centrales de la Constitución de 1949, sin duda la que mejor establece -al darle estatus constitucional- los derechos del trabajador, es decir de todos (Cap.III, art.37,inc.I); los de la Familia (inc.II) y los de la Ancianidad (inc.III); además de aquellos fundamentales artículos que hacen a la función social de la propiedad y la actividad económico-productiva y a la defensa del patrimonio nacional (Cap.IV, art. 38,39 y 40). (aquí la Constitución Argentina de 1949 en versión pdf)
No se debe olvidar al plantear este tema, que el país desde el 2003 en adelante se encuentra abocado a la dura y difícil tarea de reconstruir un Estado Nacional y Estados Provinciales devastados por la década y media de neoliberalismo y su culminación en una catástrofe social. Todo aquello que pueda contribuir a demorar o detener esta recuperación debe ser considerado con mucho cuidado.
bastadeodio
jueves, 4 de agosto de 2011
¿Quién es Gustavo Vera? - Segunda Parte
En el post anterior publiqué el artículo completo de Ragendorfer porque, a mi juicio, no tiene desperdicio. Sin embargo no figuran en él ciertos datos que complementan la información sobre este personaje Gustavo Vera.
La ONG La Alameda dedicada originalmente a la lucha contra la explotación y la trata de personas en la industria textil de la Capital, recibe ese nombre del tradicional Bar y Pizzería de Floresta "La Alameda" que funcionaba en Directorio 3998 en la esquina con Lacarra. Este señor, Gustavo Vera, ocupó ya hace mucho tiempo el local que permanecía cerrado desde la crisis del 2001 y todos los intentos de sacarlo de allí fracasaron. Con respecto a la situación legal del local dice Vera:
"Estamos sobreseídos en la causa por desalojo, la Justicia reconoció la actividad pública, se presentó una protección de la casa en 2007 con prórroga hasta 2011. Estamos tranquilos y estamos seguros de que vamos a lograr una expropiación definitiva. " (Fuente: Revista El Abasto Versión Digital)
En el local no solo funciona la ONG del mismo nombre sino también un taller textil. La cooperativa textil inició su existencia en el 2002 junto con la ONG. Gustavo Vera es docente de la Escuela 10 de Villa Lugano, miembro de la CTA y del MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos) de Juan Garbois, abogado, que aparece en la televisión asesorando -no muy bien- a la Coalición Cívica en el caso Zaffaroni (ver video de C5N en el propio sitio Facebook de La Alameda). Ultimamente manifestaron junto con Garbois (cartoneros) y otros el interés de integrarse a la CGT. Se le asignan también otras pertenencias o . por lo menos simpatías hacia el PO y el MST, no comprobadas. Tienen cierta alianza con los trabajadores de las fábricas recuperadas en virtud de tener posiblemente un origen común en la crisis del 2001.
No hace mucho tiempo atrás Gustavo Vera cobró notoriedad por denunciar a famosos diseñadores de la alta moda capitalina por contratar trabajo esclavo. Luego de un tiempo de fuerte exposición televisiva, el tema salió de los medios para no volver más.
Actualmente todo el interés lo pone en la denuncia a Zaffaroni, lo que se refleja tanto en su Facebook como en el blog de la cooperativa.
A Vera se lo acusa, aunque no hay pruebas de ello, de enriquecerse a costa del cierre de los talleres textiles que el denuncia, simplemente porque su taller se haría cargo del trabajo vacante o instalaría nuevos talleres para ocupar al personal desplazado por los cierres. A ello responde:
"No me importa que haya personas que desconfíen de mi trabajo, y especulen con que me enriquezco con el fruto de los trabajadores. Sí me importaría si tengo algo malo. Los periodistas me entrevistaron miles de veces, conocen vida y obra de esta cooperativa. Nos consideran una fuente fidedigna. Saben que La Alameda no vende fruta, estamos comprometidos en la lucha, nadie ha hecho negocio con esto.
Demostramos judicialmente las causas que presentamos. Nuestros primeros cuatro años fueron sin subsidios, de Ciudad, ni Nación."
Cabe preguntarse: Si demuestran judicialmente las "causas" que presentan cómo es que los modistos famosos denunciados por él no fueron presos o por lo menos procesados. Además de sus dichos surge la pregunta de quién los subsidia en la actualidad.
Lo que si está claro, porque fue noticia en su momento, es que en el pico de su campaña contra los talleres textiles clandestinos los trabajadores "migrantes" explotados afectados por los eventuales cierres se manifestaron de forma para nada amable frente a la sede de La Alameda pidiéndole, en pocas palabras, que se dejara de romper las bolas.
No es muy difícil hallar en la información disponible sobre este personaje un modus operandi, por lo menos reciente. Hacer denuncias de alto impacto mediático con el objetivo de promocionarse y, quizás, obtener un beneficio de otro tipo más material. No le importa realmente que las denuncias prosperen o acusar frente a la justicia a los responsables inmediatos, los que regentean los talleres clandestinos o el apoderado y la inmobiliaria de Zaffaroni, por caso. Solo le interesan los personajes, no los "perejiles". Desde luego que la proximidad a Bergoglio, nuestro propio émulo del Jefe de la Inquisición Romana el también Jesuita, Cardenal Bellarmino, hábil y lleno de odio como él, le ha facilitado mucho el acceso y el buen trato de periódicos y fuerzas políticas. Le ha tocado a una figura notable y merecidamente prestigiosa, que representa posiciones académicas y jurídicas profundamente innovadoras y que es un inquebrantable defensor de los derechos humanos respetado por aquellos que también luchan en este campo.
La explicación de ello no hay que buscarla en un ánimo de dañar al gobierno que seguramente también pueda existir, sino de dañarlo a él.
Es clara la direccionalidad de algunos de los ataques recientes, por supuesto que de distinta naturaleza y gravedad. Primero a Hebe de Bonafini, luego a Abuelas por la causa Noble, aunque la existencia de críticas que se hicieron cada vez más abiertas al accionar de ambas existen desde hace tiempo. Luego el mismo Vera atacó a Horacio Vervitsky porque el CELS le dio cabida a un, acusado por él, de ser un tallerista clandestino. Ahora a Zaffaroni. Es claro que el ataque está dirigido a uno de los pilares de este proyecto transformador inaugurado por Néstor Kirchner en el 2003, ese proyecto que no deja de lado los principios sino que trata de concretarlo en realidades para beneficio de todos los excluídos, el pilar de la defensa irrestricta de los derechos humanos, pasados y presentes, como el matrimonio igualitario, del cual Zaffaroni era explícitamente partidario. O la despenalización de las drogas si este consumo es para uso personal y sin afectar a terceros y otras medidas o propuestas que despiertan el odio del Cardenal Bergoglio y de otros.
bastadeodio
La ONG La Alameda dedicada originalmente a la lucha contra la explotación y la trata de personas en la industria textil de la Capital, recibe ese nombre del tradicional Bar y Pizzería de Floresta "La Alameda" que funcionaba en Directorio 3998 en la esquina con Lacarra. Este señor, Gustavo Vera, ocupó ya hace mucho tiempo el local que permanecía cerrado desde la crisis del 2001 y todos los intentos de sacarlo de allí fracasaron. Con respecto a la situación legal del local dice Vera:
"Estamos sobreseídos en la causa por desalojo, la Justicia reconoció la actividad pública, se presentó una protección de la casa en 2007 con prórroga hasta 2011. Estamos tranquilos y estamos seguros de que vamos a lograr una expropiación definitiva. " (Fuente: Revista El Abasto Versión Digital)
En el local no solo funciona la ONG del mismo nombre sino también un taller textil. La cooperativa textil inició su existencia en el 2002 junto con la ONG. Gustavo Vera es docente de la Escuela 10 de Villa Lugano, miembro de la CTA y del MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos) de Juan Garbois, abogado, que aparece en la televisión asesorando -no muy bien- a la Coalición Cívica en el caso Zaffaroni (ver video de C5N en el propio sitio Facebook de La Alameda). Ultimamente manifestaron junto con Garbois (cartoneros) y otros el interés de integrarse a la CGT. Se le asignan también otras pertenencias o . por lo menos simpatías hacia el PO y el MST, no comprobadas. Tienen cierta alianza con los trabajadores de las fábricas recuperadas en virtud de tener posiblemente un origen común en la crisis del 2001.
No hace mucho tiempo atrás Gustavo Vera cobró notoriedad por denunciar a famosos diseñadores de la alta moda capitalina por contratar trabajo esclavo. Luego de un tiempo de fuerte exposición televisiva, el tema salió de los medios para no volver más.
Actualmente todo el interés lo pone en la denuncia a Zaffaroni, lo que se refleja tanto en su Facebook como en el blog de la cooperativa.
A Vera se lo acusa, aunque no hay pruebas de ello, de enriquecerse a costa del cierre de los talleres textiles que el denuncia, simplemente porque su taller se haría cargo del trabajo vacante o instalaría nuevos talleres para ocupar al personal desplazado por los cierres. A ello responde:
"No me importa que haya personas que desconfíen de mi trabajo, y especulen con que me enriquezco con el fruto de los trabajadores. Sí me importaría si tengo algo malo. Los periodistas me entrevistaron miles de veces, conocen vida y obra de esta cooperativa. Nos consideran una fuente fidedigna. Saben que La Alameda no vende fruta, estamos comprometidos en la lucha, nadie ha hecho negocio con esto.
Demostramos judicialmente las causas que presentamos. Nuestros primeros cuatro años fueron sin subsidios, de Ciudad, ni Nación."
Cabe preguntarse: Si demuestran judicialmente las "causas" que presentan cómo es que los modistos famosos denunciados por él no fueron presos o por lo menos procesados. Además de sus dichos surge la pregunta de quién los subsidia en la actualidad.
Lo que si está claro, porque fue noticia en su momento, es que en el pico de su campaña contra los talleres textiles clandestinos los trabajadores "migrantes" explotados afectados por los eventuales cierres se manifestaron de forma para nada amable frente a la sede de La Alameda pidiéndole, en pocas palabras, que se dejara de romper las bolas.
No es muy difícil hallar en la información disponible sobre este personaje un modus operandi, por lo menos reciente. Hacer denuncias de alto impacto mediático con el objetivo de promocionarse y, quizás, obtener un beneficio de otro tipo más material. No le importa realmente que las denuncias prosperen o acusar frente a la justicia a los responsables inmediatos, los que regentean los talleres clandestinos o el apoderado y la inmobiliaria de Zaffaroni, por caso. Solo le interesan los personajes, no los "perejiles". Desde luego que la proximidad a Bergoglio, nuestro propio émulo del Jefe de la Inquisición Romana el también Jesuita, Cardenal Bellarmino, hábil y lleno de odio como él, le ha facilitado mucho el acceso y el buen trato de periódicos y fuerzas políticas. Le ha tocado a una figura notable y merecidamente prestigiosa, que representa posiciones académicas y jurídicas profundamente innovadoras y que es un inquebrantable defensor de los derechos humanos respetado por aquellos que también luchan en este campo.
La explicación de ello no hay que buscarla en un ánimo de dañar al gobierno que seguramente también pueda existir, sino de dañarlo a él.
Es clara la direccionalidad de algunos de los ataques recientes, por supuesto que de distinta naturaleza y gravedad. Primero a Hebe de Bonafini, luego a Abuelas por la causa Noble, aunque la existencia de críticas que se hicieron cada vez más abiertas al accionar de ambas existen desde hace tiempo. Luego el mismo Vera atacó a Horacio Vervitsky porque el CELS le dio cabida a un, acusado por él, de ser un tallerista clandestino. Ahora a Zaffaroni. Es claro que el ataque está dirigido a uno de los pilares de este proyecto transformador inaugurado por Néstor Kirchner en el 2003, ese proyecto que no deja de lado los principios sino que trata de concretarlo en realidades para beneficio de todos los excluídos, el pilar de la defensa irrestricta de los derechos humanos, pasados y presentes, como el matrimonio igualitario, del cual Zaffaroni era explícitamente partidario. O la despenalización de las drogas si este consumo es para uso personal y sin afectar a terceros y otras medidas o propuestas que despiertan el odio del Cardenal Bergoglio y de otros.
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