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martes, 16 de julio de 2013

La Inflación en la campaña opositora

Cristina y un pueblo contento
Francisco Peregil, corresponsal del diario español El País en Argentina, publicó ayer en ese diario una nota titulada: "La economía argentina se desboca", ni lerdo ni perezoso el diario La Nación la duplica en su edición on line de hoy, martes 16 de julio de 2013, pero con el título: "Fuertes críticas del diario El País a la "desbocada economía argentina"", como si fuese cosa del "prestigioso" diario español. Viene de afuera, no de ellos y por eso debe ser más serio, ese es el mensaje y el engaño.

Desde luego que no es la primera vez, ni será la última, que esta "coincidencia" sucede, es evidente que el antes afamado diario español hoy juega un claro papel, junto con la entente Clarín-La Nación-Perfil, en contra del gobierno nacional. Hoy los intereses económicos y políticos de los grupos comunicacionales dominantes están por encima de cualquier apariencia de objetividad y seriedad periodísticas y se han sacado la careta. Ocurre en todo y por todos lados. Lo que no hace mucho era políticamente incorrecto ahora es de lo más natural y no se oculta. Ocurre hasta con la vigilancia a nivel global de la vida cotidiana de simples ciudadanos comunes. Afirmar que el conjunto de las libertades individuales que tanto ha costado conseguir se encuentra amenazado por la "nueva política" no es ninguna exageración.

Mucha razón lleva Cristina cuando afirma con insistencia digna de mejor escucha que el mundo está cambiando para peor bajo nuestras narices y cosas que antes eran inconcebibles -como lo sucedido a Evo Morales- hoy son perfectamente posibles como hemos visto.

Detrás de la bandera de "la inflación" se ocultan varios intereses todos contrarios al interés de la gran mayoría del pueblo argentino. Esta bandera (y la de la inseguridad) son las más fuertes de que dispone la oposición política, pero también y como ha ocurrido siempre en nuestra historia, los grupos concentrados que colaboran decisivamente a generarla son los que se verían más beneficiados en el caso de que se aplicaran las tradicionales recetas recesivas para bajarla.

Lo primero que hay que tener en claro con respecto a la inflación en nuestro país es que está lejos de ser un fenómeno coyuntural, como puede haber sucedido en otras latitudes y momentos de la historia. Por el contrario este fenómeno -como es fácil constatar- nace prácticamente con la constitución de la Argentina como nación. Se puede afirmar (Mario Rapoport, 2010) que convivimos con ella de manera permanente desde mediados del siglo XIX y especialmente a partir de 1880 (ver también la serie 1945-2007, de tasas de crecimiento e inflación). En nuestro país la persistencia de altas tasas de inflación responde a complejos factores estructurales que -aún bien estudiados por los especialistas (ver, por ejemplo, Hernán Letcher, 2012)- permanecen ocultos para el público en general.

La explicación clásica monetarista: La causa de la inflación es el déficit fiscal y la emisión de moneda, no solo falla como explicación teórica sino especialmente lo hace como receta para bajarla, esto es, provocar de forma deliberada una recesión -ahora dicen "enfriamiento" un eufemismo que suena mejor- de la economía. Hemos tenido la repetida desgracia de su aplicación con su secuela de baja de salarios, desempleo, cierre de fuentes de trabajo y la regresión de una distribución de por sí inequitativa de la riqueza producida por el trabajo. El último de estos "ajustes" nos llevó a la crisis del 2001. Inolvidable.

Lo segundo es que una cosa es inflación sin crecimiento de la economía (estanflación) y otra muy distinta tener tasas de inflación más o menos estables acompañadas de crecimiento económico sostenido, de mantenimiento del poder adquisitivo del salario vía paritarias y de políticas estatales de distribución del ingreso progresivas que elevan paulatinamente la participación de los trabajadores en la renta total nacional.

En otras palabras el "costo" del crecimiento con equidad es una tasa inflacionaria que es elevada si se la compara con la de otros países. No hay problema siempre y cuando el diablo no esté en condiciones de meter la cola y disparar la tasa a valores insostenibles.
Pero el diablo -en este caso los sectores oligopólicos de la economía que controlan el precio de los alimentos y otros insumos básicos-, junto con la condición de país exportador de commodities sujeto, en consecuencia, a valoraciones de precios que no controla, pueden afectar el difícil equilibrio obligando al estado a intervenir más decididamente en la economía.

Este gobierno -como antes el de Juan Domingo Perón en los 40 y 50- lo hace, interviene y eso molesta y, además, saben que no va a ceder nunca -como otros, aún de origen popular, antes lo hicieron- a la tentación monetarista y no va a provocar una devaluación con baja de salarios y un menor crecimiento, ni siquiera en el caso de que esta política -si es que se puede- se aplique de modo lento y progresivo.

Tal y como están planteadas las cosas opino que estamos frente a una disputa eminentemente política entre un gobierno que pretende mantener el rumbo de un proyecto de crecimiento con equidad y en democracia plena, con la esperanza de que este se consolide mediante el apoyo popular y de un proyecto preexistente que pretende dejar el control del estado, es decir de la política, en manos de los grupos concentrados, regresándonos como sociedad a las peores épocas ya vividas. Aquellos conciudadanos que lograron en estos diez años milagrosos ascender de la clase media baja a la clase media, los trabajadores que lograron darle educación superior a sus hijos, deben tener muy presente la experiencia pasada y no dejarse tentar por los cantos de sirena que -como a Ulises- nos quieren hacer encallar y llevar al muere.

Otra cosa que hay que tener clara y que me parece fundamental es que este proyecto nacional y popular no es un proyecto estático ni acabado, ni tampoco viene desde arriba desde presidencia. Es un proyecto que nos involucra a todos los que soñamos con una Patria Justa, Libre y Soberana. Seguramente hay hoy en este proyecto, especialmente en lo que hace a los factores estructurales algunas patas que aun están cortas -solo por dar un ejemplo, menciono el aumento de competitividad basado en la incorporación de tecnología especialmente de origen nacional- pero es a nosotros como pueblo que nos toca hacerlas crecer.

Sin embargo, la mesa está puesta y las opciones del menú también están suficientemente claras.

bastadeodio                                                                

miércoles, 11 de julio de 2012

Se frena el crecimiento de la economía

Evolución del PBI argentino - Fuente FMI
El crecimiento de la economía argentina experimenta en los últimos meses una evidente desaceleración. Eso es ya un hecho. Pero no significa recesión que es otra cosa mucho más grave. Como la línea editorial de la prensa opositora consiste en presentar los problemas siempre como más graves de lo que en realidad son intentando quizás provocar una suerte de profecía autocumplida, algunos, como el editorialista estrella del diario La Nación, Joaquín Morales Solá, ya no hablan de enfriamiento o desaceleración de la economía, sino directamente de recesión.
La manipulación de los datos de la realidad que ejerce JMS es manifiesta. Por muchas razones, la primera porque recesión implica desde el punto de vista técnico una caída del PBI, es decir, un decrecimiento de por lo menos dos trimestres consecutivos. Pero además implica, lo que es mucho más importante, un aumento del desempleo por la caída prolongada en la actividad industrial, una caída del consumo, en suma para no cansar, un achicamiento sostenido en el tiempo de la economía. Como es evidente, esto, por lo menos por ahora, no ocurre. Si hay signos de una desaceleración, que son reconocidos por el gobierno que toma medidas coyunturales y de fondo dirigidas a moderar el impacto negativo de la disminución del crecimiento.

Lo que está en discusión son las causas de esa situación: Cuánto impacta la crisis europea, cuánto el estancamiento de Brasil y cuánto el acierto o desacierto de la política económica que lleva adelante el gobierno.

Las opiniones de los economistas sobre las causas, se dividen, esquemáticamente, en dos grupos.

Por un lado, están quienes se ubican en las antípodas de la política del gobierno, economistas ortodoxos vinculados al establishment y de orientación neoliberal con diferentes matices.
Para ellos la desaceleración se debe principalmente a errores de política por parte del gobierno y el contexto externo desfavorable, aunque existe, le sirve al gobierno, según éstos, de excusa. Estos economistas encuentran su medio de expresión en la prensa opositora y el sentido de su intervención es conocido, dar malas noticias, señalar todo aquello que está mal o puede ir mal y magnificarlo. La razón de tal comportamiento obstinadamente negativo es obvia, se están tocando sus intereses y perciben que la dirección que ha elegido el gobierno los compromete aún más de cara al futuro.

Un buen ejemplo de cómo se puede manipular la información para forzar una conclusión es el caso de la nota -aparentemente muy técnica- aparecida el día lunes en el diario La Nación: "Cinco señales que muestran una fuerte desaceleración en el crecimiento económico". Estas cinco señales serían:
1) Caída en la venta de automotores, 2) Caída de las exportaciones al Brasil, 3) Ralentización del crecimiento de la recaudación fiscal, 4) Caída en la Construcción, 5) Caída en la inversión.
La mayoría de los datos que ofrece para corroborar estas afirmaciones son de serie corta o cortísima y están cuidadosamente seleccionados, graficados y titulados para producir en el lector la sensación de desastre próximo.
Lo relevante -y lo que celosamente oculta el informe- es que estas cinco señales -en realidad pueden identificarse más- no ocurren solamente en la economía argentina sino que son comunes a todas las economías de la región, como bien lo muestra el Informe de Situación Macroeconómica elaborado por la CEPAL. En este informe no se convierte una situación que en sí es compleja en otra inmejorable o, por el contrario, terrorífica. Se identifican los problemas y sus causas  y se concluye que la mejor alternativa para enfrentarlos es justamente la aplicación de políticas contracíclicas que sostengan el consumo interno que es la base fundamental del espectacular crecimiento económico experimentado en el quinquenio pasado. Todo lo contrario a las propuestas de reducción del gasto fiscal y devaluación de la moneda en las que insisten los economistas del stablishment. Del informe citado extraigo algunos datos (tablas I y II), para mejor ilustrar el fenómeno y apreciar su carácter regional y no solo local. Corresponden a los cuatro trimestres de 2011 y el primero de 2012.

TABLA I: VARIACIÓN DEL PBI: La caída en el ritmo de crecimiento es común a todos los países de la región con independencia de sus peculiaridades productivas. Con la excepción del Paraguay que tiene una tasa negativa el resto de las economías crecen aunque lo hacen con ritmos diferentes. Como se puede apreciar Argentina experimentó un crecimiento récord en 2011 (8,9% promedio) el mayor de américa latina. Esto afecta la comparación interanual de los indicadores porque al tomar de base un año récord la desaceleración aparece magnificada.

país
I
II
III
IV
I
ARG
9,9
9,1
9,3
7,3
4,8
BRA
4,2
3,3
2,1
1,4
0,8
CHI
9,9
6,6
4,8
4,2
5,6
MEX
4,8
3,4
4,6
4,2
5,6
PAR
5,6
4,1
2,5
2,4
-3,1
VEN
4,8
2,6
4,4
4,8
5,6
PROM
5,5
4,2
4,2
3,6
3,3

TABLA II: ACTIVIDAD INDUSTRIAL: La caída de la actividad industrial es muy marcada en nuestro principal socio comercial, Brasil. La tendencia declinante en el período 2011-2012 es general.

país
I
II
III
IV
I
ARG
9,3
8,4
5,7
3,4
2,3
BRA
2,7
0,5
-0,1
-2,3
-3,1
CHI
14,4
7,5
4,4
2,0
3,7
MEX
5,4
3,4
3,5
3,2
4,6
URU
6,5
4,0
4,5
-11,8
-4,5
VEN
8,4
1,6
2,5
3,3
0,7

Por otro lado, están los economistas heterodoxos que en general acompañan las políticas gubernamentales, quienes señalan que este fenómeno está asociado principalmente al impacto local de la crisis internacional. A favor de éstos se encuentra el hecho de que el fenómeno de la lentificación del crecimiento, entre otras condiciones adversas, no es privativo de nuestro país, ni siquiera de nuestra región, ya que afecta también a China y a India.
Nuestro principal socio comercial en la región, el Brasil, por poner el principal ejemplo y que más nos afecta, ha sufrido una merma en su crecimiento económico aún mayor que el nuestro. Durante el primer trimestre de 2012, el PIB de Brasil tuvo un crecimiento interanual de sólo 0,8%, valor que contrasta con el incremento de 4,2% que tuvo en igual trimestre del año anterior. Pero eso no es todo:

Somos Brasil dependientes:
El 20% de las exportaciones argentinas totales (y el 40% de nuestras exportaciones industriales) tiene como destino Brasil. En algunos sectores, la interdependencia es aun mayor; por ejemplo, en la rama automotriz, las exportaciones sufrieron una caída interanual de 46% en mayo.

Frente al hecho de la desaceleración, la ortodoxia receta "el ajuste" que significa, entre otras cosas, reducir los gastos del gobierno, en especial los sociales, "enfriar" la economía bajando el consumo y "generar confianza" en los inversores. Es la receta que aplica en Europa la troika formada por el BCE, el FMI y las autoridades de la CE. Tiene un altísimo costo social que hace que cada vez sea más resistida por las sociedades a las que se aplica ya que junto con la devaluación -que también reclaman- implican una gigantesca transferencia instantánea de recursos de los sectores menos favorecidos a los más ricos. Lo más importante es que lejos de alejar el fantasma de la recesión lo convoca. Ya lo hemos padecido. La experiencia debería bastar para huirle a esa alternativa como a la peste.

Políticas contracíclicas:
El gobierno argentino, por el contrario, se apartó de este camino y enfrentó la crisis de 2009 a partir de políticas fiscales activas, entre las que se ha destacado la Asignación Universal por Hijo (AUH), que garantiza un ingreso a más de 3,5 millones de niños y adolescentes, hijos de trabajadores desocupados o informales. Es generalmente reconocida pero no es la única. La cuestionada política de subsidios al consumo, los préstamos del Bicentenario, las obras de infraestructura, la renovación del Belgrano cargas, son tantas que resultaría agotador solo enumerarlas.
En la actualidad el camino elegido va en la misma dirección, en ella se enmarcan el reciente lanzamiento tanto de la Línea de Créditos para Jubilados, como del Plan de Viviendas, una medida ambiciosa y de un impacto potencial muy grande, en particular en la construcción y sus industrias conexas.
Según noticias muy recientes el gobierno planea realizar una inversión de mil millones de pesos para mejorar el transporte ferroviario, especialmente las líneas Sarmiento y Mitre cuya concesión se le quitase recientemente a TBA.
En igual dirección irían los aumentos en el monto de la AUH y de las jubilaciones. Todas políticas económicas que no sólo tienen un efecto positivo en el PIB que tiende a compensar los efectos negativos de la crisis internacional, sino que generan importantes efectos distributivos, en particular para los sectores más vulnerables.

La cuestión entonces es cómo se financia una estrategia expansiva y distributiva de este tipo en un marco de desaceleración de la actividad, que implica, entre otras cosas, potencialmente una menor recaudación. Necesariamente es en este contexto que debe encararse la discusión sobre los impuestos, por ejemplo, el tema tan actual del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias. No se puede hacer la del avestruz y reclamar ventajas para un sector que de ser concedidas necesariamente le quitan recursos a otro que seguramente lo necesita aún más.

Trasformaciones estructurales:
Pero con esto claramente no basta, es imperativo que el Estado retenga una mayor porción de las rentas oligopólicas, lo que implica ir hacia una modificación estructural, tal y como se hizo en el caso de Repsol-YPF. Son transformaciones de fondo, en consecuencia, muy resistidas y cuya posibilidad está fuertemente condicionada a la correlación de fuerzas existente. El gobierno de Cristina Kirchner está empeñado en concretar esas transformaciones de fondo a pesar de la oposición que pueda encontrar. Justamente esto es lo que temen y le reprochan las fuerzas que se le oponen.

Es que hay condiciones de nuestra estructura económica que vienen de lejos y que incluso se han agravado en las últimas décadas. Una de ellas es la dicotomía existente entre una actividad agropecuaria altamente eficiente sobre la base de excepcionales condiciones naturales y el uso intensivo de tecnología de punta, con un desarrollo industrial que lo es mucho menos. Esta tensión entre un campo eficiente y una industria que no lo es tanto y que requiere de los subsidios provenientes del primero vía la intervención mediadora del Estado, signa los conflictos por la renta que marcaron a nuestro país desde la irrupción del gobierno del general Perón y que expresan dos proyectos distintos de Nación siempre enfrentados.

A esta condición inicial se suma -especialmente desde los ´90- la extranjerización de todas las actividades primarias, industriales y comerciales concretada en la compra de numerosas empresas de capital nacional.

Este esquema de economía de base fundamentalmente primaria -agraria, minera y energética- y extranjerizada no se ha modificado en lo sustancial en la última década.

Por ejemplo, las exportaciones del complejo sojero en 2011 –porotos, aceite y pellets de soja– suman 20.000 millones de dólares, casi un 25% del total de las exportaciones. A su vez, esta situación vuelve al volátil precio de la soja una fuente de posible inestabilidad para nuestra economía, en particular para los ingresos estatales ya que desde 2002 los derechos de exportación representan aproximadamente un 10% de los ingresos tributarios.

Por otra parte, respecto a la extranjerización, basta con señalar que de las 500 empresas más grandes del país, la participación de las de origen extranjero crece de forma constante en la década del ’90, pasando de 44% en 1993 a un 68% en 2002, estabilizándose en 67% para el promedio 2003-2010.
Más significativo aún resulta que, en promedio, las ganancias de las empresas extranjeras son cuatro veces las de las locales, y que las utilidades y dividendos que sacaron del país en 2011 alcanzaron los 8500 millones de dólares, cifra cuatro veces superior al promedio existente durante la convertibilidad.

La alternativa de apoyar, a partir del empresariado local, el desarrollo de una burguesía nacional que impulse un proyecto nacional y popular de crecimiento con inclusión social, tantas veces intentada pero, por causas muy complejas de analizar ahora, sin éxito, resulta ser ahora una alternativa aún menos viable de lo que parecía en las décadas del ´50 y ´60.
En relación a estos cambios de carácter estructural posibles el economista director de FIDE, Héctor Valle remarca que “la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central está claro que afecta al capital concentrado y especulativo, así como también la recuperación de YPF”, y afirma que “no caben dudas de que hay actores interesados en desestabilizar al Gobierno”.

Las Alianzas Regionales y la defensa del modelo:
Este panorama, que se presenta tan difícil para producir las transformaciones de fondo necesarias, puede encontrar una salida si se piensa en dos elementos concurrentes, el primero, las alianzas regionales que pueden dar el marco político externo necesario para el cambio, el que seguramente encontrará, como ya se ha visto, una fuerte oposición interna y externa y en segundo lugar, en la organización y concientización de los sectores populares los que siempre han sido castigados ante el predominio del modelo agroexportador y extractivo pero que aún pueden no ser del todo conscientes de ese hecho o, por lo menos, que el nivel de consciencia existente no se expresa como es necesario en organización. Hay todavía un margen demasiado grande para que pequeños grupos muy activos en su oposición al gobierno, puedan subirse a reclamos ciudadanos -como es el caso de la inseguridad- para provocar ansiedad, temor al futuro y desestabilización.
Asimismo es un llamado a la reflexión por parte de ciertos estamentos gremiales para que al formular sus reclamos tengan en cuenta la compleja situación que atravesamos.

En el aspecto concreto esta vía de rompimiento del status quo supone poner en manos del Estado Nacional, como se hizo parcialmente con el caso de YPF, el control sobre todos los recursos estratégicos. Dicho de otra forma perderle el miedo inculcado de forma deliberada a una palabra: Estatización.

bastadeodio                                                               

domingo, 8 de julio de 2012

INESTABILIDADES

La inestabilidad de los padres afecta su sueño
El prefijo in en castellano significa negación o carencia. Indica la ausencia de una cualidad deseable o positiva que normalmente le sigue al prefijo y que, se afirma, está ausente.

En nuestro lenguaje habitual abundan los in: Inseguridad, aplicado a institucional, política, ciudadana, vial, entre otros.

Inestabilidad aplicado a económica, monetaria, comercial, etcétera.

En general lo que se reclama, aquello que se supone que falta, falta porque alguien, casi siempre -se dice- el gobierno, hace las cosas mal. Se admite que no siempre ni únicamente es así, a veces la causa de la inestabilidad viene de afuera, pero el gobierno, de nuevo, se equivoca en la manera de enfrentarla y, en consecuencia, la incrementa.

Esta forma de proceder tiene una evidente ventaja ya que, hablando en general, libera de toda responsabilidad individual y colectiva a los sectores que la impulsan y la deposita en un conjunto reducido y fácilmente identificable de personas, grupos sociales o instituciones.

Todos sabemos que es una simplificación enorme y que hasta puede ser un engaño en el que hemos caído como sociedad reiteradas veces. Por poner un solo ejemplo, entre muchos posibles, les sugiero pensar en el golpe cívico-militar de marzo del ´76 que derroca a Isabelita. Su justificación estaba en las inestabilidades de todo tipo que nos acosaban, el nuevo gobierno venía a imponer el orden y restaurar las cualidades perdidas por un muy mal gobierno, venía a Reorganizar. Huelga decir que no fue así, sino todo lo contrario, más inestabilidad, bajo un brillante pero efímero barniz de estabilidad fabricado por el régimen y aceptado con agrado por los amigos del poder, entre ellos, los medios de comunicación.
Una vez admitido que la dictadura aumentó las inseguridades de todo tipo, en lugar de eliminarlas, se puede y así ha sucedido, caer en el error de echarle toda la culpa a los uniformados, incluso no a todos ellos, y liberar de culpa a la "sociedad civil". Siempre es cómodo y para algunos muy útil, hallar chivos expiatorios. Nuevamente es un error en el que hemos caído pero que también hemos sabido corregir, el gobierno y las mayorías sociales, luego de muchos años de mirar para otro lado.

En el 2008 estalló la burbuja financiera en Wall Street y la economía mundial se desplomó. Pero los precios de las materias primas y alimentos, en general, subieron de manera espectacular, en parte porque aumentaba su demanda por la incorporación de enormes economías como las de China, Brasil, India y Rusia, al (des)concierto mundial y en parte porque estos commodities se transformaron en reservas de valor para los excedentes financieros y quedaron sujetas a la especulación.

En ese momento tan especial y propicio para el negocio agropecuario, el típico negocio argentino, las "patronales del campo" se negaron a que el Estado les modificase el régimen impositivo y armaron la de San Quintín parando la economía del país, justo en una situación de crisis internacional que generaba una enorme oportunidad. Obtuvieron un apoyo inusitado e irreflexivo. El resultado lo conocemos, una más que brusca caída del PBI y una derrota electoral para el gobierno en las elecciones de 2009, pero que luego no supieron o pudieron capitalizar.

El gobierno, lejos de reaccionar como los opositores esperaban, retroceder para reagruparse, tuvo una actitud agresiva y aplicó justamente las políticas contracíclicas vedadas por la ortodoxia económica. Y le salió más que bien. Reafirmó la primacía del Estado en el orden económico y el crecimiento económico recuperó su senda positiva con rapidez. No es el momento para detenerse en los detalles de esa política que todos conocemos (Estatización de los fondos de jubilación, AUH, incremento de la inversión social y en infraestructura, etcétera) y su coherencia con la etapa iniciada en 2003. En este caso está más que claro que la causa original de la inestabilidad provino de afuera y que fueron las fuerzas internas de oposición al gobierno que la incrementaron hasta convertirla en un verdadero problema. Un enorme costo que pagamos todos y muy poco beneficio para quienes la provocaron.

Para hacerla corta, observemos lo que hoy sucede. La crisis financiera iniciada en el 2008 lejos de aplacarse a tomado una nueva forma mucho más insidiosa y generalizada que afecta seriamente a los países desarrollados. Los EEUU, el país de origen del estallido inicial se está recuperando pero mucho más lentamente de lo esperado, el epicentro de la crisis se ha trasladado a Europa y amenaza con adquirir enormes proporciones. Paralelamente el ritmo de crecimiento de la economía en los países llamados emergentes, como el nuestro o China, ha disminuido *.

Otra vez, como en 2008, estamos frente a grandes inestabilidades económicas de todo tipo que provienen en su mayoría de afuera, es inevitable y el resultado de la mundialización de la economía. La política del gobierno desde el 2003 se sigue centrando en sostener la demanda interna que es la clave probada del crecimiento de nuestra economía y de todas las economías emergentes.

Sostener la demanda interna significa para el gobierno -que es peronista- y por eso y para eso fue electo, sostener el crecimiento del empleo y del poder adquisitivo de los salarios. Para ello hace falta inversión, la que puede provenir de afuera (es de difícil acceso o exige condiciones inaceptables) o del ahorro interno. Depositados en los bancos privados, nacionales y extranjeros, hay cerca de cien mil millones de pesos del ahorro de los argentinos que están sin utilizar para esa finalidad. Los bancos prestan dinero pero a altísimas tasas y a muy corto plazo o ponen condiciones que lo hacen prácticamente inaccesible.
El gobierno pretende que una pequeña fracción de ese dinero, el 5%, sea prestado para inversión productiva a una tasa más baja que las del mercado, un 15%, y a plazos más largos, unos tres años, y que la mitad de ese volumen sea otorgado a Pymes que son las que crean proporcionalmente más empleo. Nuevamente una clara política contracíclica.

Los banqueros que no son arrebatados (aunque si son arrebatadores) no han reaccionado como las "patronales del campo" con la 125, en parte porque no pueden, pero seguramente pondrán todos los palos en la rueda de que dispongan para intentar diluir la medida oficial.
Los medios opositores consideran a la medida, a pesar de que se desprende con toda legalidad de la oportuna modificación de la Carta Orgánica del BCRA aprobada democráticamente en el Congreso, como una indeseable intromisión del Estado en la actividad privada, seguramente, dicen, es el preludio de posibles acciones aún más estatistas, incluidas las nacionalizaciones.

A esto, los más moderados, lo llaman inseguridad jurídica. Dista mucho de serlo. En una sociedad democrática en la que funcionan los poderes legislativo y judicial, es a ellos que les compete fijar lo que es legal y lo que no lo es y, en este caso, como en la mayoría de los casos, la decisión del ejecutivo cumple escrupulosamente con la ley. Simplemente no les gusta o no les conviene que exista un Estado o un BCRA que cumpla con las funciones que cumplen las bancas centrales de los países que ellos admiran. Nuestro caso es, para ellos, diferente, aquí no valen las instituciones que en otros países si lo hacen.

En otras palabras da la impresión que para ciertos sectores minoritarios de la vida nacional solo desaparece la necesidad de utilizar el prefijo in cuando los que mandan son ellos y pueden hacer lo que se les da la gana. Ni siquiera reconocen del todo que cuando eso ha sucedido el resultado han sido un montón de cosas indeseables, claro, no para ellos, que suelen beneficiarse de lo que resulta indeseable para las mayorías.

* Nota: Lo que aquí describo sumariamente lo desarrollaré en un próximo post con mayor detalle.

bastadeodio                                                                       

miércoles, 14 de marzo de 2012

Dilemas

Dilema. (Del latín. dilemma, y este del griego. δíλημμα, de δíς, dos, y λñμμα, premisa). 1. m. Argumento formado de dos proposiciones contrarias disyuntivamente, con tal artificio que, negada o concedida cualquiera de las dos, queda demostrado lo que se intenta probar. 2. m. Duda, disyuntiva. (RAE)

Sin embargo, un dilema es lo que tenía ante sí Hamlet, hiciera lo que hiciera, matar a su tío, el asesino de su padre o tenerse por loco, toda solución era mala en algún aspecto.

Como suele ocurrir con frecuencia las definiciones de la RAE son insatisfactorias, demasiado acartonadas y muestran demasiada resistencia al cambio, a aceptar que la naturaleza propia de una lengua hablada por miles de comunidades diferentes no puede ser sometida a reglas rígidas. Recientemente ha surgido una polémica en torno al carácter sexista de la lengua castellana y su puesta en discusión a partir de una presentación de la RAE reafirmando el uso del masculino, la que quizás hubiese pasado desapercibida por los medios argentinos si no involucrase a expresiones tales como "todas y todos" dicha con frecuencia, casi como fórmula, por nuestra presidenta. Hay un interesante artículo escrito por Sandra Russo y publicado en la contratapa de Página12 del sábado 10 sobre el tema (aquí).

Los dilemas no son solo lógicos, los hay de todo tipo, morales, religiosos, políticos, económicos. Una forma de rebatir un dilema o de mostrar su carácter falaz es señalar la presencia de otras alternativas. No obstante hay un aspecto del uso del término que no está reflejado en la definición del DRAE que sí me interesa retener y es el de disyuntiva entre dos soluciones (o conclusiones) insatisfactorias.

Un dilema está planteado entonces cuando un problema admite más de una solución (estrictamente dos) pero ninguna de ellas es totalmente satisfactoria.

En ningún lado está escrito que los dilemas reales que nos plantea como sociedad el crecimiento con inclusión social -el desarrollo concebido integralmente- sean fáciles de resolver, ni siquiera a nivel intelectual, teórico, no digamos a nivel práctico de la acción política de gobierno o la elaboración de propuestas políticas razonables por parte de la oposición.

Por ello la mirada crítica sobre este conjunto de problemas formado por una parte por los desafíos (o problemas) y por otra por las políticas concretas, requieren de un pensamiento que aborde la complejidad y que está alejado necesariamente de patrones simplificadores del tipo de los presentados por el neoliberalismo el que, como una hidra de cien mil cabezas, adopta en cada situación histórica los discursos que cree más convenientes para lograr sus objetivos.

Una de las características de este pensamiento dominante es su ubicuidad, es muy rígido cuando tiene el poder y muy flexible cuando se trata de recuperarlo. Su éxito deviene en parte de esa ubicuidad. Podemos identificarlo como el pensamiento de la doble vara, de la doble moral y de una ética puesta al servicio de una causa: la conservación y el acrecentamiento del poder político y la influencia social de los sectores sociales privilegiados. Pueden ser éstos tanto países o agrupamientos de ellos, como grupos sociales al interior de cada país.

Ejemplos de esta dinámica los vemos a diario. El papel de los EEUU y la Unión Europea utilizando la OTAN y la ONU como lanza y escudo para extender su dominio sobre las fuentes de petróleo y otros recursos y reforzar su zona de influencia y control político-militar.

O persiguiendo la caída del gobierno autoritario de Siria en aras de una supuesta democratización, pero utilizando para ello a un autoritarismo opuesto o condenando al terrorismo pero, a la vez, permitiendo y ocultando la opresión cotidiana, con su secuela de muertes, dolor e injusticias, que Israel ejerce sobre la población de Palestina que vive en condiciones de gueto.

La Europa actual en conflicto, que es el resultado del fracaso de las corrientes de la izquierda, progresista y "a secas", para hallar una solución a los desafíos que suponía extender el Estado de bienestar al conjunto de los habitantes del continente, sin irritantes e injustas exclusiones, es una muestra cabal de como las ideas y el discurso liberal logran permear a todos los estamentos sociales y políticos, aún los menos pensados, hasta lograr sus objetivos.

La crisis no le llegó a Europa exclusivamente desde fuera, desde el gigante americano y sus hipotecas subprime. Anidó en su interior, en las propias fuerzas que llevan el progreso social y la inclusión como marcas de su ADN. El desajuste, por llamarlo de alguna manera, entre el deber ser y el ser se produce porque estas fuerzas no encontraron en su seno las reflexiones, los argumentos y sobre todo las acciones políticas que las alejaran del abismo al que las conducía la crisis financiera internacional y las exigencias de los bancos.
Ni la previeron, ni hicieron nada para contrarrestarla, se limitaron a dejarse conducir pasivamente al desfiladero.

El problema y el riesgo en el que se encuentran ahora los europeos progresistas y especialmente los trabajadores, es el retorno de un pensamiento de derecha que se creía totalmente agotado y, peor aún, de un giro aún más a la derecha incluyendo en él componentes de xenofobia y de racismo. (para ver más sobre la crisis de la social democracia europea ver una interesante entrevista a Alejandro Rofman publicada por espacio iniciativa, aquí).

Los argentinos (y los latinoamericanos) conocemos bien estos procesos, eufemísticamente llamados "de ajuste" y sus terribles consecuencias sociales pero, a pesar de ello, no estamos libres de tropezar otra vez con la misma piedra.
En varios países de la región se han instalado gobiernos democráticos que, con más que suficiente apoyo popular, bregan cotidianamente por evitarlo y que han sabido aprovechar la mejora en los términos del intercambio comercial con el mundo desarrollado y la suba en los precios de las materias primas y de los productos agropecuarios, para atacar a la vez varios de los problemas encadenados que estrangularon a sus sociedades en la última década del siglo pasado: Deuda externa, desindustrialización y desempleo y pobreza e indigencia.

Y lo han logrado enfrentando a las "recetas" neoliberales, fortaleciendo sus Estados nacionales (ver: "Refundación del Estado en América Latina" de Buenaventura de Sousa Santos, disponible en la web en formato pdf), el intercambio intra regional y la unidad en la estrategia mediante la creación de ámbitos de análisis y discusión, algunos con una historia más larga aunque no exenta de dificultades y otros nuevos y aún en formación que no conocen todavía sus límites (MERCOSUR, UNASUR, CELAC, ALBA). Para más información ver aquí y aquí

Existen fuerzas que pugnan por consolidar estas tendencias pero también otras de signo opuesto que trabajan para debilitarlas.
Los gobiernos -aún de distinto signo político- coinciden en que uno de los elementos fundamentales para consolidar lo logrado en la primera década del siglo XXI, en términos de la reconstrucción de las economías y del tejido social, pasa por fortalecer la unidad regional aunque para ello haya que pagar ciertos costos en su relación con los países centrales que no cejan de presionar en función de sus intereses. Para más información sobre el tema de la unidad latinoamericana se puede ver una interesante entrevista al periodista español Ignacio Ramonet, aquí

En otras palabras, el mundo se ha globalizado y, a la vez, están creciendo en importancia los agrupamientos regionales, pero el viejo esquema centro-perisferia y la dependencia asociada a él no han dejado de existir completamente, solo se ha debilitado y, lo que es más complejo, ha adoptado formas y disfraces novedosos.

Es en este marco que la realidad plantea a los gobiernos de américa latina nuevos desafíos y dilemas, algunos reales, propios del proceso de desarrollo con equidad y otros impuestos desde fuera y en gran medida "falsos" o falaces.

Por ejemplo, el único país de américa que se opone al regreso de Cuba a la OEA son los EEUU, para ello utiliza en lo formal el argumento de que la carta de la organización impide la presencia de un país no democrático. El argumento no deja de causar gracia por su debilidad, nunca se expulsó de su seno a ninguna de las sangrientas dictaduras que asolaron el continente en el siglo pasado. Otro ejemplo de la doble vara de medir.
Dilema: Si el presidente de Colombia, Santos, invita a Cuba a la próxima reunión de Cartagena, como lo exigen varios países del Caribe, EEUU no acudirá y, por supuesto, es probable que tome represalias. Si no se invita a Cuba es posible que los países del ALBA acuerden no asistir. Ninguna de las dos "soluciones" posibles es satisfactoria pero es un dilema impuesto por la recalcitrante política de los EEUU hacia Cuba, con el agravante que se da esta situación en un año electoral norteamericano. Para más información sobre este tema ver aquí.

Otro similar y muy reciente: Si el presidente Piñera cede ante la presión diplomática de los británicos en pro de permitir el atraque de buques con bandera de las Malvinas, corre el riesgo de complicar sus relaciones con la Argentina y con otros países de Sudamérica y debilitar la unidad latinoamericana incipiente, pero si no cede resentirá probablemente sus relaciones estratégicas con los británicos, aunque, en gran medida, éstas formen parte del pasado pero que en Chile aún tiene un peso determinante. Cuál es exactamente el dilema que los visitantes británicos le plantearon al presidente Piñera se desconoce, pero de seguro que las visitas no fueron de cortesía.

Otro dilema, pero en muchos sentidos bien real y que deja muchas áreas problemáticas abiertas a la reflexión, es el que se le presenta al presidente Correa de Ecuador.
El concepto (norma, filosofía, costumbre) de Sumak Kawsay ha sido introducido en la Constitución ecuatoriana de 2008, en referencia a la noción del “vivir bien” o “Buen Vivir” de los pueblos indígenas en conjunto con un nuevo status de la naturaleza (Pachamama) como sujeto de derecho (ver aquí y aquí). Entre nosotros Eugenio Zaffaroni se ha ocupado del tema desde el punto de vista de los nuevos derechos, en este caso, no de las personas sino de los entes no humanos. Dice:

"Desde la tradición griega hasta el presente se cruzan dos posiciones: o bien los humanos somos unos convidados más a participar de la naturaleza o ésta se creó para nuestro habitat y, por ende, disponemos del derecho sobre ella (administradores, propietarios, con diferente intensidad de derechos)".

Allí también hay un dilema (o varios) según nos lo plantea Zaffaroni, pero su tratamiento no lo haré aquí ya que merece una reflexión aparte.

Continuando con el dilema de Correa, ocurre que la mayor parte de la riqueza material de Ecuador está en su subsuelo y el presidente ve como una respuesta ineludible a las demandas del desarrollo con equidad el impulso a la actividad minera incluida la megaminería a cielo abierto.

En este momento los minerales constituyen una reserva de valor para un mundo capitalista en crisis, en consecuencia sus precios han crecido exponencialmente haciendo tentadoras las explotaciones en gran escala. Una escala que demanda una inversión en capital que es inaccesible para las economías de la mayoría de los países de la región. Por lo tanto, estas inversiones provienen de empresas transnacionales que además poseen la tecnología (no muy compleja) y la experiencia requeridas.
El problema que se genera es el deterioro del medio ambiente natural y la agresión a las poblaciones en su salud y modo de vida.
Por un lado, Ecuador, como también Bolivia, que se pueden considerar sociedades mestizas o multiétnicas, incluyen como novedad los derechos de la naturaleza y de los pueblos originarios pero por otro, la necesidad de impulsar el crecimiento que se combina con las demandas de materias primas del mundo desarrollado, pone en tensión a esos mismos derechos. Y no se trata de tensiones teóricas, conceptuales, sino de verdaderos conflictos sociales y políticos.
Nosotros mismos, los argentinos, los estamos experimentando en las provincias mineras cordilleranas, pero en estos dos países han adquirido un nivel de gravedad y de involucramiento social aún no visto por estas latitudes, para ver algo más sobre los conflictos en argentina, aquí.

Es por lo menos sugestivo que en otros países de la región de fuerte tradición minera y compleja composición étnica como Chile y Perú los conflictos no alcancen ni por asomo esta magnitud. Sin pretender plantearla como una hipótesis se puede sospechar que en los casos de Bolivia y Ecuador puede estar dándose una posible intervención de intereses estratégicos ocultos o camuflados de las potencias centrales -principalmente los EEUU- por debilitar a los gobiernos que consideran más conflictivos. Se han hecho denuncias en este sentido que involucran a fundaciones norteamericanas y a ONGs ambientalistas (ver aquí).

Asimismo, es posible advertir que en torno a estos conflictos se manifiestan tendencias contradictorias del capitalismo globalizado. Por un lado, la demanda de materias primas combinada con su agotamiento en los países desarrollados y por otro la tendencia a considerar a los recursos de la región como una reserva estratégica futura.
Es en este contexto en el que las tradiciones de los pueblos originarios en relación al mundo natural y su conservación se cruzan con las demandas de los grupos ecologistas también, como el capital, internacionalizados bajo la forma de fundaciones u ONGs, pero entrenados en la defensa del medio ambiente en los países desarrollados.

Las comunidades indígenas afectadas de hecho o potencialmente por las mega explotaciones mineras se ven apoyadas y hasta cierto punto conducidas por estas ONGs cuyos intereses no siempre son coincidentes con los de las propias comunidades y desde luego son opuestos a las políticas que se impulsan desde los Estados en reconstrucción.

Deslindar intereses y responsabilidades y tomar decisiones correctas en este contexto presenta numerosos dilemas. Algunos reales y otros falsos. No puede haber un dilema verdadero entre la eliminación de la pobreza (y el crecimiento económico con equidad) y el cuidado del medio ambiente. Tiene que existir un punto de conciliación. No es posible el crecimiento sin aceptar algún nivel de impacto ambiental. Pero los mega emprendimientos dirigidos por las empresas internacionales denunciadas por contaminar en sus países de origen deben necesariamente ser controlados y limitados -si es necesario- con decisión. Ello exige un Estado fuerte capaz de negociar con las empresas ávidas de ganancias mejores condiciones económicas y de cuidado ambiental. Quizás como indica el Ing. Martínez la estrategia correcta a mediano plazo para resolver el dilema planteado entre la minería y el medio ambiente sea la del desarrollo de emprendimientos mineros de tamaño intermedio que extraigan el mineral y lo refinen en el país. Siendo el ideal la integración completa de la cadena de valor que conduce hasta el producto final en la cual el metal o elemento extraído es incorporado, para que todo el trabajo y la riqueza se queden en el país (ver aquí).

Está visto que las empresas trabajando sin control reproducen las peores formas del antiguo colonialismo del siglo XIX pero en el contexto del siglo XXI, una situación claramente inadmisible pero favorecida sin limitaciones por el neoliberalismo de los ´90 que dejó armado todo un entramado legal junto con la presencia de Estados débiles que hicieron de ello algo posible.

bastadeodio