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| Sin pan y sin trabajo - Ernesto de la Cárcova (1894) |
Me gustan Piazzolla y Pichuco, Gardel y Goyeneche, Oscar Peterson y Duke Ellington, Chet Baker y Charly Parker, no siento que tenga que elegir entre ellos. Soy neutral, entonces.
Es bueno ser neutral, rechazar las falsas antinomias, elegir por uno mismo, tener tus propios gustos, tomar tus propias decisiones.
¿Me pueden dar lo mismo Hitler o Pinochet que Salvador Allende?, ¿Es igual optar por Hebe de Bonafini que por Ernestina Herrera de Noble?. Para mí no, ahí me veo impulsado a optar, sé de que lado estoy, no concibo -en ese caso- la indiferencia o la comodidad del "yo argentino" o "el no te metás".
Podrá señalarse que pongo casos extremos en los cuales la elección es obvia. Lo admito.
Entonces: ¿entre Lanata y Sandra Russo? ¿Con cuál me quedo?, ahora, no hace diez o veinte años atrás, cuando uno estaba en la cumbre y la otra empezaba, ahora. De vuelta, a pesar de que ninguno de los dos me gusta del todo, me quedo de lejos con Sandra Russo. ¿Porqué?
Por lo que defiende -ahora- cada uno de ellos. Por eso, no porque coincida en todo lo que dice o escribe Sandra, sino porque Sandra apoya, se juega por el mismo proyecto político que yo, eso, ahí sí, apoyo sin reservas, lo que no quiere decir de ninguna manera sin críticas. Se puede amar algo y criticarlo, el amor no exige la obsecuencia y, si me apuran, el amor la rechaza.
Que anhelo: un país en paz, donde todos y todas tengan la posibilidad de realizarse, de tener trabajo, vivienda y educación dignas, donde puedan proyectar -si así lo desean- un futuro para ellos y ellas y sus hijos e hijas. Quiero un pueblo consciente de sí y de su historia, solidario con sus hermanos de latinoamérica sin importar su origen, sus costumbres y su habla. Un país donde las necesidades de los hermanos y hermanas se atiendan porque ese es su derecho y no por caridad.
Rechazo todo lo que me aleje de este ideal y apoyo todo lo que me acerque a él. No soy neutral. En eso. Lo rechazo provenga de quien provenga, los lados no son fijos o no hay lados, dónde te situás, si allí está el pueblo, sus intereses, ese es el lado, el único posible.
SOLO EL PUEBLO SALVARÁ AL PUEBLO
Es bueno ser neutral, es cómodo, pero no se puede ser neutral en todo ni frente a todo. Si hay una injusticia no se puede ser neutral, si hay una necesidad no se puede ser neutral, si hay un maltrato, no se puede ser neutral. No importa si las comete Juan o Pedro. No se puede ser neutral. No se puede honestamente esperar -o afirmar que se lo hace- que si asume un gobierno que te representa a vos totalmente, entonces sí vas a tomar partido. No se puede ser tan infantilmente soberbio. ¿Quién sos vos, para que tu juicio sea mejor que el de millones? Pasamos muchas penurias para vivir en democracia y gozamos de una relativa libertad de expresión, la que será mayor cuando la Ley de Medios realmente se aplique en su totalidad. Más que preguntar y esperar respuestas debemos hablar, hablar con la verdad sin engaños ni subterfugios. Sin embargo nadie está obligado a hacerlo, a nadie se le puede reprochar si no lo hace. Lo que no está bien, lo que no es correcto es justificar esa indefinición, ese temor, esa reticencia, escudándose en que uno no quiere convertirse en rehén, no quiere estar de parte de ningún lado. Uno, aunque no lo quiera, lo está.
Hay que estar muy confundido para -desde la honestidad- afirmar por un lado que se está con el pueblo, con la defensa de los trabajadores y de los más necesitados, con la justicia social y, a la vez, apoyar o -con la excusa de una elegante neutralidad- hacerse el boludo o boluda y jugar el partido objetivamente con aquellos que a lo único que aspiran y por lo cual no descansan es a tumbar -como sea- a este gobierno y llevar al país y al pueblo a la situación de miseria y explotación en la que estaba antes del 2003, aunque omitan decirlo en voz alta.
Ajuste fiscal, caída de las ayudas sociales, rebaja de los salarios, apertura de la economía, aumento de la deuda externa, suspensión sine die de los juicios a los militares y civiles genocidas, etcétera. En otras palabras desarmar todo aquello que con tanto trabajo y sacrificios fuimos construyendo -como pueblo- en estos años. No se trata de defender a Cristina frente a Magnetto, se trata de posicionarse y defender el ideal de país que anhelamos. Solo eso. No se puede ser tibio. En eso.
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