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lunes, 20 de agosto de 2012

ASSANGE: momentos cruciales

Unasur: abrazo fraternal
El caso de Julián Assange y los centenares de miles de cables de Wikileaks se ha salido de madre y ya ha escalado a un conflicto diplomático de impredecibles consecuencias.

Es -desde su origen- un guiso en el que se cocinan los aspectos más controversiales de la globalización de los medios de comunicación occidentales y las políticas exteriores de los países dominantes, de forma tal que por su contenido y el tiempo de cocción, el cocido empieza a oler mal, realmente muy mal.

Por un lado, los grandes grupos concentrados que dominan los medios masivos de comunicación tomaron inicialmente los cables robados o hackeados -como sea- al Departamento de Estado de los EEUU y los utilizaron en favor de sus propios intereses, ocultando los aspectos que más comprometían a los gobiernos "amigos" y dando a conocer en cambio los hechos -en su mayoría chismes superficiales- que más perjudicaban a los gobiernos "menos amistosos" o que eran, desde el punto de vista comercial los más redituables.
Hoy no se preocupan por ocultar la incomodidad e incluso la directa antipatía que les origina Assange y la forma que ha adquirido su lucha en favor de la libertad de expresión y el derecho a la información.

Por otro lado, los EEUU lo quieren entre rejas para juzgarlo por amenazar la sacrosanta seguridad nacional que, como se sabe, es un valor que está por encima de cualquier otro, incluida la libertad de informar.

En esa trampa cayó -o se metió- Assange. El hombre -que no es tonto- se dio  cuenta y buscó aliados para escapar a ella. Primero los intentó encontrar, por fuera del circo mediático globalizado en territorios complejos y no convencionales como Rusia (Russia Today) y Al Jazzera. Finalmente se decidió por poner la casi totalidad de los cables a disposición de todo aquel que quisiera acceder. Mucha información sumamente sensible -incluidos vídeos de acciones de la CIA- quedó expuesta en ese tránsito.

Dos cosas quedaron muy claras en el proceso, la forma asquerosa en que los grandes medios habían manipulado la información a su disposición y la impudicia existente en la trastienda de la -en apariencia elegante- diplomacia internacional hecha a la medida de los poderosos.

Assange, acuciado por la decisión británica de extraditarlo a Suecia y previendo que su destino final serían muy probablemente los EEUU, solicitó y obtuvo asilo diplomático por parte del gobierno de Ecuador y se refugió en su embajada. El Reino Unido se niega a reconocerle el status de asilado concedido por Ecuador y no le otorga el salvoconducto para abandonar el país.

Como la situación existente desgasta más al gobierno británico que al ecuatoriano, los primeros -fieles a su tradición colonialista de no respetar a los países que consideran "menores"- amenazaron, el miércoles pasado y por escrito, al gobierno de Ecuador con entrar por la fuerza en la embajada y llevarse a Julián Assange.


Esgrimen -contra toda la larga tradición de la diplomacia internacional- un acta de 1987, la Diplomatic and Consular Premises Act, violatoria de los acuerdos de Viena que conceden total inmunidad a las sedes diplomáticas y que solo posibilitan una acción de este tipo en el caso de que exista un acuerdo explícito por parte del embajador, lo cual en este caso no se da.

Incluso se ha hablado por parte de los británicos de un plazo de una semana, dicen, de preaviso, luego del cual se consideran en libertad para ejecutar la invasión-allanamiento. El plazo vencería este miércoles 22 de agosto. Una situación irritante e inconcebible que no se atreverían siquiera a imaginar si se tratase de la embajada de otra potencia.

Entre tanto, Ecuador ha obtenido el apoyo de varios países latinoamericanos reunidos en la Unasur los que dieron a conocer la declaración de Guayaquil, también se espera una dura declaración en contra de la actitud británica por parte de los países del Alba y para el viernes 24 se prepara una reunión de la OEA en su sede de Washington,con el desacuerdo explícito de los EEUU, Canadá y Trinidad. Los países latinoamericanos le exigen al Reino Unido que negocie  honestamente con el gobierno de Correa y logren una salida civilizada y pacífica al conflicto.

Es lamentable pero, a la vez, totalmente esperable. Los medios de comunicación -europeos y latinoamericanos- que antes disfrutaron de las revelaciones de los cables de Wikileaks, ahora cargan contra Assange, contra Correa y contra quienes los apoyen y claramente están a favor de la soberbia y la impudicia británicas.

La dialéctica de amigo-enemigo se lleva por delante los más elementales principios éticos que ha costado decenas de años establecer como el único punto de partida posible para unas relaciones internacionales civilizadas y de respeto.
Amenazan con volver a imponerse en el mundo -si es que en el fondo en algún momento dejaron de hacerlo- utilizando la prepotencia y la fuerza.
Los argentinos lo sabemos muy bien -no todos, ya que algunos pretenden ignorarlo- por padecerlo en carne propia. Los británicos no son amigos de nadie, solo tienen un socio, los EEUU.

No parecen caer en la cuenta -británicos y yanquis- que latinoamérica ya no es su patio trasero ni el lugar exótico y divertido de los negocios fáciles y los gobiernos corruptos. Hay en muchos de nuestros países una nueva clase de dirigentes que han aprendido de las enseñanzas del pasado y no se dejan amedrentar ni avasallar.

bastadeodio                                                                        

domingo, 19 de agosto de 2012

Assange: ¿Atrapado sin salida?

Julián Assange ocupa desde hace un tiempo una pequeña habitación de la también reducida embajada de la República del Ecuador en Londres. Duerme en una colchoneta y desde su computadora continúa dirigiendo su sitio web Wikileaks.

Londres se niega a concederle el salvoconducto que le permitiría abandonar el Reino Unido y residir como es su deseo -y el del gobierno del Ecuador- en ese país hermano que le ha concedido el status de asilado político.

La situación de Assange se ha agravado a partir de que las autoridades británicas le han hecho saber al gobierno del Ecuador que, a su modo de ver, el respeto a la inviolabilidad de las representaciones tiene límites y que estarían dispuestos a utilizar la fuerza para detener a Assange y entregarlo a las autoridades suecas para que sea juzgado. El fundado temor de Assange y del ex juez Baltasar Garzón que actúa en su defensa, es que una vez logrado este cometido Assange sea entregado finalmente al gobierno de los EEUU, que desde el escándalo de wikileaks aspira a tenerlo preso y juzgarlo.

Los gobiernos de Latinoamérica han reaccionado con rapidez ante esta amenaza. La UNASUR dio a conocer hoy 19 de agosto, en Guayaquil, una declaración de condena anticipada a toda acción por parte del Reino Unido que pueda implicar una violación del status diplomático de la embajada del Ecuador. Aún con la oposición de EEUU, Canadá y Trinidad, está prevista el viernes próximo una reunión de los cancilleres de la OEA en Washington con el mismo fin, lograr que Londres y Quito hallen una salida negociada y razonable al conflicto.
El propio Assange salió hoy a uno de los balcones de la residencia para agradecer a sus seguidores y a los gobiernos de Ecuador y del resto de Latinoamérica el apoyo que le brindan.

 
Síntesis informativa

La situación planteada por la actitud británica es insólita y revela el tipo de doble moral que gobierna la conducta de las grandes potencias. Para ellos, sus embajadas en todo el mundo son inviolables, no respetar su inmunidad es incluso motivo de guerra. Sin embargo no reconocen, ni los EEUU, ni el Reino Unido que las representaciones diplomáticas de los que consideran países menores (según un punto de vista muy pragmático y adaptable) merezcan la misma consideración.

Todos recordamos el caso del criminal Augusto Pinochet cuya extradición a España era reclamada por el entonces juez Baltasar Garzón para juzgarlo por delitos de lesa humanidad ocurridos en Chile y fuera de allí. El Reino Unido le concedió al genocida el salvoconducto para que se trasladara a Chile a sabiendas de que allí escaparía a la acción de la justicia, como de hecho ocurrió. En este caso primó sobre el derecho internacional y los más elementales principios éticos la gratitud que el gobierno británico le guardaba al ex dictador por su postura durante la guerra de Malvinas. Sin embargo, con Assange -aún cuando las acusaciones contra él son bastante dudosas y de una entidad sin duda menor- son implacables, aún a riesgo de provocar un conflicto diplomático de consecuencias internacionales.

Assange merece ser juzgado si se encuentra de forma imparcial que las pruebas en su contra son sólidas, pero ese juicio y la eventual condena que le correspondiese, debe ser separado completamente del caso de wikileaks con el cual a todas luces nada tiene que ver.

Es inadmisible que los gobiernos de EEUU, Reino Unido, Australia y Suecia violen descaradamente los más elementales principios del derecho internacional e incluso del más elemental sentido común y colaboren en una inconfesable caza del hombre para castigarlo por haber revelado simplemente la verdad sobre los oscuros e inconfesables usos que las grandes potencias hacen de la diplomacia.

bastadeodio