Los números de las encuestas no le cierran a Cambiemos, esperaban crecer y, en cambio, están cayendo. La ilusión de obligar en octubre una segunda vuelta entre Mauricio Macri y Daniel Scioli se está diluyendo. Con parte de razón culpan a los escándalos que ellos mismos generaron y que los medios que les son adictos trataron de ocultar y minimizar hasta dónde pudieron hacerlo.
Sin embargo, como no es fácil convertir al lobo en cordero y menos cuando el lobo es además torpe, furiosos se las agarran con el mensajero.
No conformes con los efectos económicos negativos del retiro de la pauta publicitaria pasan a la acción directa clausurando con una excusa administrativa una parte muy sensible de las instalaciones de C5N.
Ellos, los autotitulados "defensores de la república y de la libertad de prensa" tratan de acallar la voz de la urnas en Tucumán y la expresión libre del periodismo que no los favorece descaradamente. Lo hacen violando incluso la propia ley de defensa de la libertad de prensa que votaron, hecha a la medida de Clarín, pero que -como no podía ser de otra forma- beneficia a todos los medios que operan en la capital.
Furiosos, se quitan la falsa piel y revelan con crudeza lo que han cuidadosamente intentado ocultar. Son, de hecho y no en potencia, el regreso al pasado pero no a cualquiera sino al peor pasado imaginable: el de la corrupción, el del fraude electoral y el de la mordaza al periodismo.
A tan pocos días de las elecciones es tan grave lo que están mostrando que seguramente se les volverá en contra y su caída será aún más pronunciada.
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