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miércoles, 25 de junio de 2014

Como dice Cristina, el mundo está patas arriba

Como en el siglo XVIII, cárcel por deudas
Había que vivir lo suficiente como para verlo escrito. El diario Financial Times publicó una editorial de su editor Martin Wolf en el que califica la situación generada por los fallos de la justicia estadounidense en favor de los fondos buitre con la misma palabra utilizada por Cristina:

EXTORSIÓN

Hay que recordar que nuestra presidenta fue criticada por Griesa por usar esa expresión diciendo que no favorecía en nada la posición argentina.

No faltaron, como siempre, los idiotas locales interesados irracionalmente en perjudicar al gobierno que apoyaron la opinión de ese "juez", que más que juzgar -para dar solución justa a un aparente diferendo económico- es parte sustancial del problema generado por la estrategia ciertamente extorsiva de Paul Singer titular del fondo NML que encuentra como aliado indispensable al sistema judicial estadounidense.
Eso no nos es extraño, acá también lo sufrimos. La Justicia aliada a los intereses económicos y políticos del privilegio, qué más se puede decir. Algunos hasta llegaron cínicamente a citar los consejos del viejo Vizcacha: "hacete amigo del juez...", indicando a la presidenta que debía seguirlos.

El artículo al que me refiero está ilustrado con la imagen que reproduzco y comienza con este párrafo:

No lejos de las oficinas londinenses del Financial Times estaba la prisión de Marshalsea a donde eran enviados los deudores. En el siglo XVIII, más de la mitad de los reclusos de Londres eran encarcelados por deudas impagas. Los talibanes insistían en que se trataba de un peligro moral por el que eran necesarias penas así de duras. Luego, en 1869, la prisión por deudas fue abolida y se introdujo el concepto de quiebra. Tanto la economía como la sociedad sobrevivieron.

No es para nada casual la metáfora histórica empleada por Wolf. Elige llamar "talibanes" -con la fuerte connotación negativa que hoy tiene esa palabra- a quienes escudados en un supuesto precepto moral convertido en valor supremo: "las deudas hay que pagarlas" colocan a los deudores en una situación en la que es imposible que paguen aunque estén dispuestos a hacerlo.

En un post anterior me había referido al tema utilizando la misma analogía. Sin embargo, como dice Cristina, no hay que hacerse los rulos con este tipo de expresiones que llaman a la "racionalidad" y que provienen de la cúspide neoliberal, esa racionalidad no nos conviene para nada, lo sabemos por experiencia. La editorial condena los excesos pero, a la vez, reivindica las supuestas virtudes de los mecanismos existentes: Circulación libre del capital con mecanismos previsibles (léase de control de las políticas económicas de los deudores "irresponsables") de toma de deuda soberana y de renegociación en los casos de cesación de pagos.

Si algo nos enseña nuestra historia económica -y política- es que el endeudamiento externo siempre ha sido el medio más eficaz para asegurar una tasa de ganancia exorbitante para los grupos económicos locales e internacionales que operan en nuestro país. Además de un estímulo extraordinario a la corrupción habitual de la dirigencia neoliberal. Ambos fenómenos enriquecimiento extraordinario con exclusión social y corrupción neoliberal van de la mano.

Vivir con lo nuestro consigna tantas veces ridiculizada por el stablishment económico, político y mediático, tiene más vigencia que nunca y estos más de diez años de crecimiento con inclusión social, renegociación soberana de una deuda contraída por los desgobiernos precedentes con quitas y ampliación de plazos, privilegiando las políticas que ponen a salvo a los sectores más desprotegidos que siempre han sufrido el ajuste ortodoxo es el único camino posible para continuar en la senda del crecimiento con equidad. Hay que tomar del mundo aquello que nos conviene. Crecer con lo nuestro, no significa aislarse del mundo sino abrirse a aquellas propuestas de inversión que contribuyan a afianzar nuestro modelo de crecimiento con soberanía nacional y justicia social. En ese camino, siempre arduo porque va a contramano de los intereses concentrados, estamos, hay que seguir en él.

bastadeodio                                                                  

jueves, 7 de junio de 2012

CONEXIONES TÓXICAS

La Nación, la Tribuna de Doctrina de la patria agroexportadora y colonizada, publicó un editorial que para mi y en una primera lectura resultó poco menos que escandaloso, titulado:

La corrupción mata, la impunidad asesina

Lo hizo el pasado lunes 4. Realmente llama la atención su contenido. Daniel Mancuso se ocupó de él en el excelente La Nación gotea. No lo voy a analizar en su totalidad, no tengo estómago para tanto ni tampoco es tan relevante el detalle de su contenido, solo diré que automáticamente me recordó los editoriales de ese mismo diario, y de otros, en las semanas y días previos al golpe del 24 de marzo de 1976. Ver acá, por ejemplo.

La intención evidente del escrito, más importante porque se trata de un editorial, es instalar la idea de que el país está entre las garras de un gobierno esencialmente corrupto y autoritario y que esto contagia a todos los estamentos del Estado, convirtiéndolo en uno estructuralmente corrupto del cual se derivan todos los males imaginables y en el que:

"se desactivan los pesos y contrapesos del sistema republicano, los demás poderes resignan facultades para concentrarlas en el Poder Ejecutivo, la política se financia desde el delito organizado, los negocios se realizan en el marco de la ilegalidad de los negociados y los organismos públicos resignan los controles en beneficio de un capitalismo de amigos del poder. Así, el Estado amplifica la corrupción para expandirla a la impunidad."

Naturalmente cabe preguntarse de qué país está hablando el editorial, porque aquello que describe este párrafo que cito no parece estar pasando en el nuestro, por lo menos ahora. Ciertamente ello ocurría en la época en la que el Estado fue tomado por asalto por una banda de facinerosos y ese diario junto con Clarín y con la protección de la mafia cívico-militar se apoderaron de la empresa Papel Prensa robándosela a sus legítimos dueños, pero, de momento, ese es otro tema.

Dejo de lado -por absurda- la mención a la falta de controles por parte del Estado ya que es justamente la existencia actual de esos controles e incluso la existencia misma de un Estado presente lo que más los irrita y hago lo mismo con la acusación de que la política se financia con el delito organizado, no porque sea absurda o poco importante, es quizás de todas la más grave e infundada, sobre todo tratándose del partido del gobierno, pero merece que se la trate aparte. Veamos el resto, aquello que tiene que ver con la Institucionalidad Republicana que dicen defender:

- Por decisión de este mismo gobierno tenemos una Corte Suprema de Justicia independiente y prestigiosa. Además los tribunales de menor jerarquía actúan con plena libertad, incluso es visible en algunos casos que se toman en exceso esa libertad al punto que la propia CSJN debe ponerles, aunque con prudencia, límites.

- El parlamento, el otro poder del Estado al que el editorial califica de estructuralmente corrupto, es elegido por los ciudadanos en elecciones libres y democráticas, limpias de toda limpieza. Su composición refleja la voluntad ciudadana.
Hasta las elecciones de octubre del año pasado y desde diciembre de 2009, la oposición gozaba de una mayoría relativa en ambas cámaras. Sin entrar a analizar si empleó bien o mal esa ventaja, lo que no cabe duda es que ejerció ese poder de muchas maneras, incluido el intento de paralizar la acción del ejecutivo oponiéndose sistemáticamente a sus iniciativas legislativas, como sucedió con la fundamental ley de presupuesto. En todo ese período, que abarca la segunda mitad del primer período de Cristina Fernández, la prensa opositora se dedicó a vigilar y presionar a los legisladores opositores para que llevaran adelante esa estrategia de obstaculizar iniciada con el rechazo parlamentario a la resolución 125.

La decisión popular expresada en las urnas en octubre pasado condenó a los partidos rabiosamente opositores y también a quienes los habían alentado sumiendo a todos en el desconcierto. Sin embargo, esta prensa, que se concibe a sí misma como la guardiana de los valores republicanos, reaccionó rápido, no tomó debida nota de esa condena popular y descargó cínicamente toda la culpa del fracaso electoral sobre los políticos de la oposición, los que hasta ahora y con la única excepción del PRO de Macri no han recuperado su confianza. Pero saben que con este solo no alcanza aunque su falta de compromiso con la democracia y su desapego a las normas institucionales constituyen, en ese caso, una ventaja. Pero el PRO, como los demás partidos políticos debe renovar cada cierto tiempo la confianza de los votantes, muy probablemente sea solo un aliado circunstancial en especial debido a las características de su líder, tan verticalista y autoritario en la conducción de su fuerza como acusan de ser el caso de Cristina.

Han arribado a la conclusión de que no hay oposición. Mejor dicho, que la única oposición existente son ellos mismos. Y que entre ellos y los ciudadanos no hay nada, en consecuencia se dirigen directamente a la ciudadanía convocándola a resistir con este tipo de arengas, en apariencia republicanas y neutras:

"Las sociedades que logran vencer a la corrupción son sociedades que participan más allá del voto, que controlan a sus gobiernos a partir de la democracia participativa y construyen institucionalidades que sostienen en el tiempo soluciones a los problemas y dilemas sociales más allá de los gobiernos de turno. Y las sociedades que destierran a la impunidad son sociedades que tienen en claro que cuando eligen a sus representantes están delegando representación, pero nunca poder."

Los medios opositores -fundamentalmente La Nación y el monopolio Clarín- creen ser la verdadera e inclaudicable representación de la oposición, incluso la representación misma de la sociedad "sana" (no del Pueblo, palabra que no existe en su vocabulario). Sin embargo a ellos nadie los ha votado para cumplir ese rol. Suena por lo menos hipócrita que quienes apoyaron a la dictadura más sangrienta que asoló nuestra Patria pretendan todavía erigirse en guardianes de la República, la misma que contribuyeron a destruir. Evidentemente se sienten más allá del bien y del mal, se ven como el poder permanente y odian que se les dispute.

Sin pretensión de ser exhaustivo, ya que los hechos son numerosos y cada uno puede agregar a la lista los que considere oportuno, es inevitable asociar esta actitud, y el contenido de este editorial en particular, con acciones tales como el abrazo a los Tribunales promovido por el PRO cuyo líder está procesado por la misma justicia que reside simbólicamente en el palacio abrazado, lo cual es, a la vez, celosamente ocultado por esa misma prensa supuestamente independiente. Tampoco son sometidas a su escrutinio las numerosas ineficiencias e insuficiencias de la gestión del PRO y los contratos de elevados montos concretados con el Grupo Clarín y con otras empresas y particulares suscritos en condiciones de dudosa legalidad.

O lo sucedido con los cacerolitos convocados desde las redes sociales ocurridos en noches pasadas y que -aseguran- se repetirán en el futuro. Investigaciones recientes señalan a miembros del PRO o cercanos a éste, como por lo menos formando parte del entramado organizativo de esas convocatorias en lo que hace a su difusión por medio de las fundamentales redes sociales. Sin embargo la creación del clima previo y el espacio inusitado que tuvieron en la prensa opositora estas manifestaciones a pesar de su insignificancia de hecho, corre por cuenta de quienes de verdad conducen estas maniobras que no son otros que el diario La Nación y el multimedia Clarín.

Además de la escasísima respuesta favorable ciudadana, de la orfandad de apoyos políticos representativos de los partidos -más allá de adscripciones individuales poco significativas- estas iniciativas y el editorial tienen origen, contenidos y sugieren metodologías y objetivos comunes que intentaré resumir:

PRETENDEN:

DESESTABILIZAR AL GOBIERNO DEMOCRÁTICO Y ENAJENARLE EL APOYO OBTENIDO ELECTORALMENTE HACE POCO MAS DE MEDIO AÑO.

PARA LOGRARLO INTENTAN:

ACUDIR DE FORMA DIRECTA A LA CIUDADANÍA EMPLEANDO TODOS LOS MEDIOS DISPONIBLES A SU ALCANCE Y APOYÁNDOSE INICIALMENTE EN LA MINORITARIA FRACCIÓN DE LA SOCIEDAD CAPITALINA ECONÓMICAMENTE ACOMODADA QUE LOS ACOMPAÑA INCONDICIONALMENTE.

YA QUE AMBOS, LA PRENSA OPOSITORA Y EL PRO, ESTÁN EN UNA SITUACIÓN SIMILAR, POR EJEMPLO:

AMBOS SIENTEN LA SOLEDAD POLÍTICA EN QUE SE ENCUENTRAN Y PRETENDEN ALTERAR ESA SITUACIÓN O RELACIÓN DE FUERZAS DESFAVORABLE.

EL PRO QUEDO SOLO EN LAS VOTACIONES DE LAS LEYES POR EL TRASPASO DEL SUBTE Y POR LA NACIONALIZACIÓN DE YPF. 
LA PROPIA EMPRESA TBA LE EXIGE A MACRI HACERSE CARGO DEL SUBTE CONVIRTIENDO EN  INSOSTENIBLE EN EL TIEMPO SU POSICIÓN NEGATIVA. 

EL TIEMPO DEL MONOPOLIO COMUNICACIONAL FORMADO POR CLARÍN Y LA NACIÓN SE AGOTA, LA JUSTICIA INEVITABLEMENTE FALLARÁ A FAVOR DE LA LEY DE MEDIOS Y DEL GOBIERNO. HAN GANADO TIEMPO HACIENDO -HASTA AHORA- USO Y ABUSO DE LAS MEDIDAS CAUTELARES APORTADAS POR JUECES AMIGOS, PERO LUEGO DE LAS RECIENTES RESOLUCIONES DE LA SCJN, ESE RECURSO ESTA PRÁCTICAMENTE AGOTADO.

No me siento en condiciones de hacer pronósticos pero sospecho que se trata más de una acción desesperada de defensa, aunque bien compleja por sus múltiples frentes, que de una verdadera estrategia ofensiva capaz de comprometer de verdad la estabilidad del gobierno.

Lo que sí tengo claro es que si el gobierno entiende que es necesario convocar a los ciudadanos en su defensa, habrá muchas decenas de miles de nosotros EN TODO EL PAÍS que estaremos dispuestos a salir a la calle a demostrarlo, no solo unos pocos cientos DE PRIVILEGIADOS  buscando provocar una reacción a golpe de teflón y dólar blue, mediando insultos y agresiones.

TENGO PARA MI QUE AUNQUE RUIDOSO, TODO ESTO SE PARECE MAS A UNA INFANTIL MOJADA DE OREJA QUE A UN VERDADERO DESAFÍO, ES QUE LA REALIDAD -A SU PESAR- SIGUE OTRO DERROTERO QUE LES ES DESFAVORABLE.

bastadeodio