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sábado, 2 de junio de 2012

CONSECUENCIAS

señora odiadora haciendo catarsis
Ciertamente una cosa es explicar una corrida bancaria sobre los depósitos o cambiaria sobre las divisas extranjeras, ocurrida aquí en nuestro país o en cualquier otra economía, cuando existe en la realidad una crisis general de la profundidad que vivió la Argentina a fines del siglo pasado y comienzos de éste o que viven varios países europeos hoy mismo, como es el caso de Grecia y de España, y otra muy distinta intentar hacerlo con la Argentina del 2012.

Ciertamente la explicación de la actual actitud de parte de la población frente al dólar no está al alcance de los economistas serios ni de ninguna teoría económica que se enseñe en las academias.

Los economistas suelen recurrir con frecuencia a la discutible noción de "expectativas" de los inversores para hacer referencia a un cierto "clima" que condiciona y a veces determina el curso de los fenómenos económicos, pero aquellos que son serios siempre tienen en consideración las condiciones objetivas de la economía que están en la base y sirven de explicación para esa "pérdida de confianza" y su correlato objetivo que son las corridas u otras conductas excepcionales.

Puede que las personas comunes tengamos poca memoria, no debería pasar lo mismo con los profesionales, los expertos.

En nuestra crisis de fin del siglo pasado las condiciones estaban fijadas por el estrangulamiento externo, simplemente nuestro país -como Grecia hoy- había acumulado una deuda que no podía pagar -todo el mundo económico, aquí y afuera, lo sabía- y el default, es decir la cesación de pagos, era inminente. Los planes de "salvataje" intentados contribuían a profundizar la crisis y la sensación generalizada de la catástrofe próxima.

En ese contexto las corridas que fueron masivas y llevaron al corralito y más tarde al corralón y la declaración formal del default fueron una secuencia o cadena causal de acontecimientos que se explican simplemente por el hecho de ser eslabones de esa cadena. No es ajena a esa situación la sucesión dramática de cinco presidentes en una semana.

En el origen de esa crisis pasada está que la Argentina había contraído una deuda pública y privada con organismos multilaterales y bancos privados que alcanzaba casi el 150% de su PBI y que en las condiciones financieras y económicas locales (desinversión, caída del valor de los productos exportables, etc) era imposible de solventar en el tiempo.

La mayoría recordamos las terribles consecuencias  que, por supuesto, no solo fueron económicas. No hay crisis económica que no se convierta en, y responda a, una crisis social y política. Y la Argentina de los 2000 las vivió todas y con una profundidad inconmensurable. Y una enorme cantidad de pérdida de capital humano que se sumaba en el momento del estallido al producido de manera paulatina por las políticas deliberadas de desindustrialización y de desaparición del Estado aplicadas de manera absolutamente irresponsable, hasta criminal, por el gobierno de Menem durante la década anterior y que constituyen el origen y la explicación última de todo el proceso de destrucción y caída. Peor, esto se hizo casi sin que se notase, con una pocas y aisladas voces señalando el mal camino. No eran escuchadas.

Con la excusa de contener la inflación -un pequeño incendio, en relación a lo que luego vendría- le echaron más nafta -a la que llamaron modernización- convirtiendo al foco en una hoguera incontenible.

Recuerdo éstas situaciones no por el gusto de regodearme con el sufrimiento de millones de compatriotas, entre los que me incluyo junto con mi familia, sino para que podamos tomar una perspectiva desde la cual analizar el presente.

La economía argentina de hoy no está en las condiciones previas al estallido del 2001, ni por asomo, todos los economistas lo dicen, incluso los más liberales.

Todos los indicadores macro en los que se basan éstos para hacer pronósticos "miden" bien. Porcentaje de la deuda con respecto al PBI (es solo el 40%), reservas monetarias de libre disponibilidad muy abundantes (casi 50 mil millones de dólares en total), una inflación que puede ser alta si se la compara con otras economías similares pero que de alguna manera está contenida, pero que, además, no se explica por el déficit fiscal -que es la explicación tradicional- porque no hay hoy tal déficit (su explicación está entonces en la existencia de monopolios de oferta formadores de precios frente a una demanda creciente por la incorporación de nuevos consumidores en una economía en fuerte crecimiento) y finalmente una sólida capacidad de pago de la deuda pública y privada.

Si la ciencia de la economía es incapaz de dar una explicación coherente y consistente de la "sensación" actual manifestada por parte de la población en su presión sobre el dólar, ésta debe entonces estar en otro lado, que por alguna razón que hay que desentrañar, los expertos llamados a dar su opinión en los medios de comunicación dominantes ocultan al ciudadano.

Un antecedente puede servirnos para empezar a hacerlo. A fines de octubre del año pasado, a pocos días de que Cristina ganase las elecciones por un margen abrumador los medios de comunicación opositores y algunos fuertes operadores lanzaron un serie de versiones acerca de una posible devaluación del peso que ocurriría luego de la asunción del segundo mandato el 10 de diciembre. Como dice Luis Bruschtein en el Página12 de hoy sábado motivado por los esperpénticos cacerolitos del jueves y viernes, era (es) puro humo.

Simplemente, los que habían perdido, por muerte, las elecciones, "votaban" a destiempo y de esa manera, tratando de condicionar al nuevo gobierno antes de asumir. A ellos no les importa "invertir" parte de sus muchas veces exorbitantes ganancias en una maniobra de desestabilización, el dinero perdido lo recuperan fácilmente y en corto tiempo. No sucede lo mismo con aquellos giles que creen que el humo es la realidad misma y compran dólares, unos pocos, a elevado precio, o retiran sus pequeños ahorros de los bancos, el clima de desconfianza generado por los medios y esos operadores explica su actitud junto claro a una evidente incapacidad para pensar la realidad por sí mismos y dejarle esa función a TN y a los diarios Clarín y Nación. No se los puede culpar por ello. Pierde el chiquitaje, ganan los grandes. La ley del gallinero.

El problema real es que las maniobras de estos delincuentes -porque no son otra cosa- las pagamos a la larga o a la corta todos de muy diversas formas, aunque sean "humo", aunque sus predicciones nunca se confirmen, aunque el gobierno -con una bolas tamaño toro- se reafirme en sus políticas en lugar de ceder a las presiones.

Como respuesta a esa minicorrida humeante de octubre de 2011 el gobierno implementó el sistema de consulta a la AFIP para la compra de divisas y salió a pedir préstamos a bancos extranjeros para evitar una caída en las reservas. Los créditos los estamos pagando. Una serie de medidas complementarias tomadas por el central disiparon el humo y los temores que generaba y la situación pareció entrar en una relativa calma. Hasta regresaron algunos depósitos en dólares a los bancos.

Todo se interrumpió ahora cuando las corporaciones mediáticas, las rurales y los odiadores de tiempo completo, volvieron a encender la máquina generadora de humo, que siempre es la misma, amenazar con una maxi devaluación, o con un "corralito" al dólar, o con una "pesificación" de la economía. Se basan hábilmente en informaciones en parte reales pero las presentan deliberadamente distorsionadas.
Estas versiones lograron recrear el clima de desconfianza y el chiquitaje respondió de igual manera que en octubre, como si de un reflejo pavloviano se tratase. Perder en octubre no les sirvió de dura medicina. Repiten las conductas, aunque pierdan. Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), lo llaman los psicólogos. Yo lo llamo ignorancia, estupidez, autodestrucción.

El retiro de depósitos en dólares del sistema bancario se aceleró. Desde octubre pasado su volumen se redujo en casi 4 mil millones de dólares. Una importante cantidad de recursos (un cuarto del total) que han salido del circuito prestable, que deja de estar disponible para la actividad económica. Además por la caída en los encajes cayeron algo las reservas del BC que quedaron a fin de mayo en algo más de 47 mil millones de dólares.

Se podría decir que, como sucede con los cacerolitos del jueves y viernes de esta semana que termina, que su impacto sobre la realidad es mínimo pero no es así, podrá ser cierto con respecto a los cíber indignados locales, pero cuando todos debemos pagar los préstamos tomados a raíz de la corrida de octubre o cuando se hace más difícil para un empresario pequeño o mediano obtener un crédito para su empresa o para una familia comprar su primera vivienda, los fabricantes y consumidores de humo nos joden a todos, incluso, en algunos casos, a ellos mismos practicando una forma muy sublimada de masoquismo.

bastadeodio                                                         

lunes, 14 de noviembre de 2011

Verdes vs Celeste y Blanca

Desde el 31 de octubre momento en el que el gobierno introdujo los controles de la AFIP a la compra de dólares fueron retirados de los bancos 645 millones de dólares que estaban en depósitos de plazo fijo y cajas de ahorro. Estos eran dólares en manos de ahorristas que no se veían afectados en nada por las medidas del gobierno. Sin embargo, fueron retirados y su destino es incierto, debajo del colchón, remesas al exterior de empresas extranjeras, especulación en el mercado de cambio paralelo, compra de inmuebles, etc, el hecho es que es un ahorro que se le restó al sector productivo. Esto además puso en aprietos de liquidez en moneda extranjera a los bancos pero el Central salió a cubrir el problema y asegurarle la tranquilidad a los ahorristas que podrán disponer de sus dólares si su decisión es retirarlos. Desde luego que este operativo de llevar calma al mercado seguramente tiene un costo fiscal neto, es decir lo pagamos todos.

La pregunta es porqué los ahorristas reaccionaron de esta manera. Desde luego que "los ahorristas" es una simplificación excesiva ya que los hay de muy variados tipos. Pensemos que el grueso son pequeños ahorristas de menos de 100.000 dólares. La explicación más plausible de este comportamiento es el miedo, pero miedo ¿a qué?.
Durante los diez días que siguieron a la medida restrictiva del gobierno se desató una campaña mediática y via mails y Twitter y que encontró rápidamente su caja de resonancia en la "City" porteña, dirigida a provocar específicamente el temor llegando a afirmar que el gobierno planeaba implementar un "corralito de dólares". A mi modo de ver esa campaña, incluida la falsedad deliberada, es una razón suficiente para explicar la conducta de unos cuantos miles de ahorristas que unos días antes confiaban en que sus dineros estaban más seguros en el banco que "debajo del colchón" o arriesgándolos para obtener algún punto más en una financiera o en alguna cueva especulativa.

Es también fácil pronosticar que en los próximos días o semanas gran parte de esos dólares volverán a los bancos a medida que se vea que el mercado de cambios se normaliza y que el llamado dólar paralelo "negro" o "blue" se reduzca en su volumen y tienda con algún lógico spread al valor del "oficial" o regulado por el Central.
La razón principal de esta presunción es que no hay desequilibrios graves que afecten  la economía, no hay tensiones disimuladas que justifiquen la huida masiva al dólar como ha ocurrido en el pasado. Lo cierto es que los salarios de muchos ciudadanos han mejorado lo suficiente como para que puedan ahorrar y por una práctica que ya se ha hecho hábito lo hacen en dólares. Algo que en Brasil, por ejemplo, no ocurre. Pero que se le va a hacer, es una herencia más que nos dejaron los desgobiernos y las políticas neoliberales del pasado que estimularon positivamente la dolarización de la economía. Esos fantasmas y prácticas no se han disipado, a lo sumo se guardaron momentáneamente en el placard.

El resultado final de todo esto, incluidas las medidas de control y limitación, será que lavar dinero mediante la compra de dólares ofrecidos generosamente por el Banco Central ya no será posible y que esas operatorias truchas deberán recurrir a mercados también truchos dejando en ellos una buena parte de lo lavado. Una buena medida, un buen resultado, quizás poco explicado, quizás implementado con una inadecuada preparación, pero absolutamente necesaria.
Lamentablemente otras medidas del gobierno en la dirección correcta como son la de analizar con peine fino los subsidios que actualmente otorga el Estado a diversos sectores económicos y consumidores y una acción concreta, el traspaso del subte a la ciudad, que son medidas aplaudidas hasta por la oposición y que apuntan a facilitar el control de ciertas variables económicas quedaron opacadas por este escandalete del mercado del dólar.

Pero la explicación de fondo, el real origen de esta minicorrida o más precisamente de la resurrección de un temor que parecía conjurado radica en la actitud deliberada de un sector -ya muy conocido e identificado- de los medios de comunicación que transformaron una medida correcta, la del control de cambios, en una excusa para meter miedo.

En la misma dirección de crearle problemas al gobierno está la actitud completamente injustificada de unos pocos de los 20 gremios existentes en la empresa Aerolíneas Argentinas y del gremio de la UATRE presidido por "El Momo" Benegas. Todo indica, por las conexiones existentes, que esa es la reacción de Duhalde y de su gente  frente a la catastrófica derrota en las elecciones del 14 de octubre que los llevan a su completa desaparición política.

Benegas amenaza con total descaro con realizar piquetes y cortar rutas "en todo el país" -como si se tratase de la oposición a una 125 reciclada- si el Ministerio de Trabajo no convalida un aumento del 35%, en lugar del 25%, ya concedido para los peones rurales. Benegas justamente el que nunca se preocupó realmente por las condiciones materiales en las que trabajan sus afiliados, lo que es un hecho conocido y sobradamente probado, es ahora, justo ahora, un adalid de sus representados.  El objetivo evidente es el de recrear un clima de intranquilidad. (ver aquí)

Realmente prueban una cosa que ya sabíamos, son tipos peligrosos y la convivencia democrática con ellos es difícil porque no aceptan sus reglas. Hay situaciones en las que recurrir a la ley y hacerlo bien es la única forma de ponerles un límite. De modo que es de aplaudir la actitud del Ministerio encabezado por Carlos Tomada con respecto a los gremios aeronáuticos o la UATRE -de concretar sus amenazas- que recurren a estas medidas injustificadas desde el punto de vista de la defensa de los intereses de sus representados y solo tienen la clara intencionalidad política de lastimar al gobierno que acaba de ser plesbicitado en las urnas hace solo veinte días.

bastadeodio